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CRÍTICA / Ilusionante presentación del nuevo director de la Orquesta de Córdoba


Córdoba. Teatro Góngora. 29-IX-2018. Orquesta de Córdoba. Javier Povedano Ruiz, barítono. Director: Carlos Domínguez-Nieto. Obras de Bach, Copland, Dvorak, Moncayo, Chaikovski, Toldrá, Turina y Valverde.

José Antonio Cantón

La Orquesta de Córdoba (OC) ha iniciado su temporada con la presentación de su nuevo director titular el madrileño Carlos Domínguez-Nieto, que ha confeccionado un programa que recogía una pequeña panorámica estilística con pasajes de obras que van a interpretarse a lo largo de este nuevo ciclo de conciertos de abono y en los de carácter extraordinario.

Con el título en el programa de "Nuestra Orquesta de siempre, nuestro nuevo director", Domínguez-Nieto empezó su actuación con las dos secciones instrumentales que siempre han caracterizado a esta orquesta como son la percusión y los metales. Con tal propósito fue impresionante la interpretación de la Fanfarria para el hombre corriente que escribiera el compositor Aaron Copland en 1942, estimulando la percepción de un público gratamente sorprendido ante el impacto sonoro de esta obra.

La orquesta no ofreció programas de mano ya que, en calidad de moderador, el director hizo una pequeña semblanza de cada pieza antes de su interpretación. Excepcionalmente explicó la obra del músico norteamericano después de su ejecución enlazando con la siguiente que fue la Danza eslava nº 1 en Do op. 46 de Antonin Dvorak, que sirvió para desplegar todos los recursos sonoros de la OC en su furioso carácter. Con ella, el director empezó a mostrar su diversidad cinética de gestos, cualidad que cuida hasta el detalle, puesta al servicio siempre de la comunicación musical, lejos de cualquier efecto a la galería. La inmediatez del cerrado aplauso fue un inmejorable síntoma de la aceptación que estaba produciendo su actuación.

Como contraste, siguió una exquisita recreación de La oración del torero, op. 34 de Joaquín Turina en la que el maestro dejó clara su búsqueda de sonido con un cuidado sentido del color, vehículo significativo de la emoción fervorosa que ha de destilar esta obra. Continuando en una línea de religiosidad, ofreció seguidamente la sobrecogedora oración que representa el aria para bajo contenida en el número 65, Purifícate, corazón mío, de la Pasión según San Mateo, BWV 244 de Johann Sebastian Bach. Fue muy significativo el sentido de serena plegaria que dio el maestro a su interpretación, materializado en el canto del joven barítono cordobés Javier Povedano, que mostró un elevado instinto musical en saber captar la profunda y sincera  espiritualidad que pide este sublime pasaje en cuanto al mantenimiento de una majestuosa línea de canto, sustentando la nobleza expresiva de su discurso, aspectos muy bien transmitidos, requeridos y facilitados por Domínguez-Nieto. No en vano, éste se ha impregnado de las mejores tradiciones bachianas en sus años en Eisenach, localidad natal de Bach, en calidad de Generalmusikdirektor. Tal interpretación ha sido un excelente aperitivo del anunciado concierto previsto para el día 11 del próximo mes de abril que ofrecerá en su totalidad esta sublime y magna obra coral-sacra.

Cambiando de tercio, anticipó un pasaje del contenido de la velada que dedicará a la zarzuela en el próximo mes de mayo con la interpretación del intermedio del sainete lírico ¡Viva Córdoba! de Joaquín Valverde Sanjuán, que se estrenó en el madrileño Teatro de la Zarzuela el 6 de diciembre de 1902. Su "apasadoblado" aire generó curiosidad en el auditorio, ávido de poder descubrir esta obra que apunta castiza gracia. Siguiendo con un autor español, Eduardo Toldrá, hizo una esclarecida versión orquestal de uno de los tiempos de su obra Vistas al mar, inspirada en los versos del poema La Ginesta de Joan Maragall, dando la sensación siempre de buscar una concisión extrema del pensamiento musical del temperamental compositor catalán.

Para finalizar el programa, Domínguez-Nieto dirigió una obra de mayor entidad sinfónica y gran calado romántico como es y tiene la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta de Piotr I. Chaikovski. Desde el coral inicial, de manifiestas connotaciones armónicas con los cantos litúrgicos ortodoxos, el director entró en el fatum del drama shakespeariano, sabiendo equilibrar en todo momento las distintas tensiones que propone el autor hasta llegar al tema de amor que tan famosa hace a esta obra, donde mezcló delicadeza y arrebato, dominando la musicalidad de cada compás con marcada elegancia. Fue en esta apasionada pieza donde afloraron sus mejores cualidades técnicas, dominando el espacio eufónico que le brindaba el instrumento orquestal, desplegando un variado sentido de anacrusa y desarrollando un concepto unitario de la obra desde el principio hasta el final, todo ello con una perfecta distinción de hemisferios; su mano izquierda dibujando en el espacio la expresión, y su derecha marcando compás y tempo de manera precisa y determinante. 

Ante el cerrado aplauso de un público puesto en pie verdaderamente impactado por la dirección de este maestro, quiso compensar el drama que encierra la obertura con la marchosa danza sinfónica Huapango del compositor mejicano José Pablo Moncayo, que levantó aún más el ánimo de los oyentes, que correspondieron con una ovación a esta presentación del quinto director titular de la OC, que ha generado esperanzador entusiasmo en los melómanos cordobeses y en los profesores de la orquesta. Y es que este concierto vino a porpiciar ese presentimiento deseado que encierra siempre la expresión taurina que dice, "no hay quinto malo".

Foto: Francisco Casado