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CRÍTICA / Homenaje a Bernstein en el Teatro Jovellanos


Gijón. Teatro Jovellanos. 11-X-2018. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Benjamin Schmid, violín. Director: Maximiano Valdés. Obras de Ginastera, Bernstein y Bartók.

Nuria Blanco Álvarez

Nada menos que 16 años ha estado Maximiano Valdés al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, una institución que puede jactarse de haber llegado a su más alto nivel artístico a través de su trabajo. El maestro chileno ha vuelto a la que fue su casa con el privilegio de ser quien inaugure la nueva temporada, ofreciendo un programa que atendía en la primera parte al centenario del nacimiento de Bernstein con Serenade basada en el "Banquete" de Platón, además de la suite Panambí de Ginastera, y en la segunda, una de las partituras más importantes de la literatura sinfónica universal, el Concierto para orquesta de Bartòk.

Esta obra maestra no sirvió para atraer al público al teatro Jovellanos de Gijón, que apenas ocupaba una parte del patio de butacas de un coliseo con una acústica poco favorecedora para la música orquestal. Lo más interesante de la primera parte fue el trabajo ofrecido por el violinista Benjamin Schmid que, aun con partitura, ofreció una diligente y meritoria versión de una obra que Bernstein concibió para violín solista, cuerdas, arpa y un amplio despliegue de percusión. No estamos ante la partitura más interesante del compositor americano, como tampoco lo fue la versión ofrecida. Tampoco fue una buena elección la apertura del concierto con la mencionada suite de Ginastera, aún por madurar en la OSPA que se enfrentaba por primera vez a ella y poco atractiva para un público cada vez menos preparado para la música clásica.

Incesantes móviles sonando durante toda la velada, incluso en una ocasión con conversación a plena voz y un público que goteaba levantándose de sus asientos en mitad de las interpretaciones para abandonar la sala. También es cierto que la ausencia de avisos por megafonía del teatro no ayuda a recordar que se deben apagar los teléfonos, al igual que la falta de timbres para indicar el inicio de la segunda parte. Entendemos que así es complicado centrarse para ofrecer un buen concierto.

El Concierto para orquesta de Bartók fue lo mejor de la noche, no solo por la enjundia de la obra sino también por la solvente versión a cargo de Valdés, bastante bien templada, que mostró momentos de interés, como los ofrecidos por la atractiva sonoridad de los metales. No quiso el maestro desaprovechar la oportunidad de dirigir unas palabras a la audiencia al final de la velada para reivindicar el apoyo de público e instituciones a la orquesta de todos los asturianos. Esperamos que al fin pueda abrirse una nueva etapa que lleve a la agrupación al lugar que, por la calidad de sus integrantes, merece.