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CRÍTICA / Gran actuación de Ashkenzy en Alicante


Alicante. Auditorio de la Diputación de Alicante. 10-X-2018. Denis Kozhukhin, piano. Orquesta de Cadaqués. Director: Vladimir Ashkenazy. Obras de Mozart, Schubert y Fernando Sor.

José Antonio Cantón

El segundo concierto de abono de la Temporada del ADDA ha propiciado que los aficionados al género sinfónico puedan admirar a uno de los intérpretes más distinguidos de los últimos cuarenta años, en su doble faceta de pianista y director de orquesta, como es el gran músico de origen ruso Vladimir Ashkenazy. Dirigió a la Orquesta de Cadaqués, formación que detenta un gran prestigio internacional desde que fuera fundada en 1988 con su triple misión de trabajar cerca de los compositores contemporáneos vivos, recuperar el legado de la música española injustamente olvidada y promocionar la carrera de nuevos talentos en la interpretación y creación musicales.

En esta ocasión venía acompañando al pianista ruso Denis Kozhukhin para la interpretación del Concierto para piano y orquesta nº 23 en La, K 488 de Mozart, una de la obras concertantes más hermosas salidas del pensamiento musical del genio de Salzburgo. Desde la larga introducción orquestal el solista fue marcando en el teclado con su mano izquierda, sin llegar a pulsarlo, las figuraciones del acompañamiento. Este hecho le sirvió para adquirir la candencia rítmica con la que irrumpiría en la obra volviendo sobre su primer tema, que a lo largo de su desarrollo supo enfatizar como elemento sustancial de diálogo con la orquesta, hasta llegar a esa especie de cadencia que antecede a la pequeña coda final, dos de los momentos que permitieron se animara su ejecución que se había manifestado en pasajes anteriores algo plana en claridad de articulación. 

El pianista creció en expresividad en el Adagio, apareciendo su mejor cualidad de intérprete que sabe individualizar aspectos de la obra que recrea. Así supo transmitir la sombría tonalidad de este movimiento con un delicado coloquio con los instrumentos de madera, cargando paradójicamente de cierta luminosidad la resignada desolación y profunda amargura que contienen sus sones. Si duda fue lo mejor de su actuación. Parecía que iba a seguir en la misma línea en el Allegro Assai final con la ayuda de una dirección impecable de Ashkenazy y una muy calara respuesta de la orquesta, pero Denis Kozhukhin volvió a mantenerse plano en este tiempo pese a ser uno de los pasajes más arrebatadores de Mozart, que contrasta con los dos movimientos anteriores dinamizado por la impetuosidad rítmica del moto perpetuo que lo impulsa y la variedad temática de su contenido. Fue el director quien estuvo a la altura de la belleza de su final, sacando mejor articulación de sonido orquestal. En agradecimiento a un público que reconoció incuestionables méritos en la ejecución de esta obra, el pianista ofreció de propina la pequeña composición para piano de Edvard Grieg A la primavera, sexta de las Piezas líricas op. 43, que forman parte del conjunto de obras con este mismo título por las que este compositor noruego es muy reconocido en la literatura pianística. 

Si la primera impresión cinética que causó Ashkenazy al iniciar su actuación fue la de poseer unos movimientos cuasi-robóticos en su dirección de la obertura de la suite del ballet Alphonse et Leonore ou l'amant peintre de Fernando Sor —obra que borda la Orquesta de Cadaqués desde que el gran director británico Sir Neville Marriner, en sus colaboraciones con esta formación catalana, la incorporó a su repertorio—, tal gestualidad pronto quedó diluida en la obra que cerraba el programa; la Sinfonía nº 5 en Si bemol mayor D 485 de Franz Schubert. El maestro ruso-islandés empatizó con los músicos en todos los aspectos estéticos de esta obra, destacando en el equilibrio de su instrumentación y en la transparencia sonora del primer movimiento; en la elegancia emocional con la que se expresó el Andante, con una sección de cuerda bien homogeneizada desde una espléndida concertino; en el vigor del minueto, con un muy bien contrastado trío, pasaje donde los instrumentos de viento brillaron realmente y, por último, en el animado desenfado con el que director y orquesta interpretaron el Allegro vivace final, pasaje cumbre de la velada en el que se pudieron percibir las excelencias de ambos, haciendo todo un alarde de identificación musical.

Ante el cerrado aplauso de un complacido auditorio, Ashkenazy quiso seguir con Schubert, interpretando una exquisita versión orquestal del Tercer momento musical en Fa menor, D 780 excelentemente cantado por esta formación de seleccionados instrumentistas que, con los auspicios técnicos y artísticos de su director titular, el flautista cántabro Jaime Martín, a la sazón director del Festival Internacional de Santander, se ha instalado con sobrado mérito entre las mejores orquestas de iniciativa privada de Europa.