Ud. está aquíInicio / CRÍTICA / Gozosos ancestros musicales en Úbeda y Baeza

CRÍTICA / Gozosos ancestros musicales en Úbeda y Baeza


XXII Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza. Úbeda. Iglesia de San Lorenzo. 05-XII-2018. Klezmática. Música judías de los Balcanes y Europa oriental

Baeza. Auditorio de San Francisco. 07-XII-2018. Euskal Barrokensemble. Director: Enrike Solinís. Piezas tradicionales del Medievo y del Renacimiento.

José Antonio Cantón

La dirección del Festival de Música Antigua Úbeda y Baeza (FeMAUB), en un doble deseo de diversificar por un lado los contenidos de su programa y, por otro, conectar con nuevos públicos en su natural afán de propagar la trascendencia cultural y la función diletante de sus conciertos, ha contado con la participación de dos grupos punteros en su especialidad musical como son Klezmática [en la foto], dedicado a difundir y enriquecer el klezmer—género originario de la etnia judía askenazi asentada en grandes extensiones de la Europa del Este—, y el conjunto vasco Euskal Barrokensemble que, con su director, el laudista bilbaíno Enrike Solinís conecta con la música antigua de una manera curiosa, en la que la improvisación y nuevos enfoques recreativos adquieren un sentido y carácter propio.

En el caso del grupo Klezmática hay que resaltar la sorpresa que produce el natural dominio del klezmer. Este solo es comprensible desde la herencia recibida de su fundador, el contrabajista polaco Miroslaw Kasperek, ya desaparecido, que fue un verdadero especialista de esta música y a quien sus compañeros dedicaron un recuerdo con la interpretación de la obra Bublitchki, en la que tuvo un especial compromiso Jorge de la Fuente, demostrando una satisfactoria capacidad de improvisación. El concierto empezó con una pieza titulada Caravan que sirvió para poner al público en contacto con estos sones populares, a la que siguió una interesante canción instrumental firmada por Frank London, titulada Golem Tants, en la que el violinista polaco Pawel Hutnik dejó muestra de su aquilatada técnica de articulación y destacado sentido del canto y del ritmo, describiendo a este mítico coloso perteneciente al imaginario judío.

Siguieron un conjunto de seis piezas tradicionales de países como Israel, Grecia, Ucrania o Serbia, llamando la atención la titulada Statele, una vieja canción yiddish en la que con un aire de tango se describe la vida cotidiana en una aldea de Polonia. Fue en esta preciosa evocación donde se pudo admirar la musicalidad del acordeonista Raúl Álvarez. Asumió en esta obra la responsabilidad de ser el instrumentista polifónico del grupo, regalando al público un precioso pasaje improvisado a modo de cadencia. Con extraordinaria viveza rítmica, los cuatro músicos interpretaron la energética Danza de las espartanas, con un ritmo semejante al syrtaki griego. También fue muy destacable la intervención del percusionista Paco Tejero en un tema macedonio titulado Jovano Jovanke, dejando constancia de sus recursos rítmicos a modo de un experimentado baterista de jazz. El público, entregado a estos populares, pegadizos y sugestivos sones, aplaudió con intensidad provocando que Klezmática ofreciera dos bises, Yosis y Russian sher, que no hicieron sino incrementar su entusiasmo, palmeando y cantando con el grupo. 

Enrike Solinís es un especialista en cuarda pulsada de muy dilatada experiencia, que ha colaborado con algunas de las figuras más reconocidas en la interpretación de música antigua como Jordi Savall, Emmanuelle Haïm o René Jacobs, referentes indiscutibles en esta especialidad. Consciente de la especificidad de la recreación histórica y sin querer singularizar en demasía este hecho, ha querido, a través de un programa denominado La profecía de la Sibila —título tomado de un verso de un poema anónimo castellano del siglo XV—, que el oyente perciba en la voz de la excelente cantaora María José Pérez el canto religioso con las connotaciones propias de los modos y tradiciones musicales de cada lugar.

La influencia de los ancestrales ritos paganos en la liturgia medieval eclesiástica ha sido la idea central que ha llevado a este músico vasco a plantearse tal vínculo como idea para crear un programa nuevo que sirva como reclamo a su vez a un público más diverso en el ámbito de la percepción y la preferencia musicales. Esta cualidad significaba a este grupo vasco como ejemplo determinante para que el Festival pudiera conectar con esos aficionados que están pidiendo nuevas formas y derivaciones de la música, sin perder el contacto con la historia. Así junto a versionadas piezas de autores del siglo XVI como Claude Gervaise, Claude Goudimel, Francisco de Salinas o Juan de Anchieta, Solinís ha intercalado temas ancestrales vascos transformados para su grupo, un motivo de la sinagoga de Bayona y una  tonada del Cancionero Musical de Palacio como fue la preciosa Janzu Janta

En cuanto al escogido plantel de músicos que integraban el grupo, junto al director y a María José Pérez hay que destacar la excelente musicalidad del contrabajista Pablo Martín Caminero, músico muy experimentado en estilos tan variados como el jazz, el clásico, el barroco y el flamenco, a los que siempre aporta esa especial creatividad que nace de la singular voz de su instrumento, del que es un verdadero virtuoso. Mención especial debe hacerse de Mixel Etxekopar que manejó los txistus con tanta naturalidad y emoción como asombró con sus ornitológicos silbidos. Es un verdadero portento imitando el canto de los pájaros. Los sonidos de la naturaleza se hicieron por unos momentos protagonistas de este concierto que, como el referido anteriormente, también levantó el entusiasmo del público. Ante este grado de aceptación, Enrike Solinís y su ensemble interpretaron una guajira con manifiesta gracia y cautivador ritmo marchoso.

Foto de Jesús Delgado Martínez