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CRÍTICA / Galardonados talentos


Úbeda. Auditorio del Hospital de Santiago. 24-V-2018. XX Festival Internacional de Música y Danza. Chun Wang, piano. Obras de Bach, Beethoven, Brahms y Liszt

Sacra Capilla del Salvador. 31-V-2018. Pablo Barragán, clarinete. Andrei Ionita, violonchelo. Juan Pérez Floristán, piano. Obras de Bach y Brahms.

José Antonio Cantón

(Fotos: Jesús Delgado)

Como sucede cada primavera en los últimos treinta años, el Festival Internacional de Úbeda es el primero en preparar la temporada musical estival en Andalucía, atendiendo la demanda cultural de un espectro amplio de público. En el apartado de música clásica, núcleo central de su programación, ha seleccionado hasta quince eventos que van desde el género sinfónico al de cámara, pasando por recitales, tanto de canto como instrumentales, abarcando en todos ellos amplia diversidad de estilos. 

Contar con jóvenes talentos de la interpretación musical ha sido uno de los objetivos de esta trigésima edición del festival como se puede constatar en este comentario. Así nos encontramos con la interesante actuación del pianista chino Chun Wang, ganador del LIX Premio Jaén de Piano-2017, interpretando obras de cuatro autores capitales de la música para teclado. Como inicio de su actuación ofreció una vitalista versión del Concierto Italiano en Fa mayor, BWV 971 de Johann Sebastian Bach, que sirvió para presentar la credenciales de su resolutiva técnica dirigida, en este caso, a embellecer el discurso de la obra intentando equilibrar las líneas melódicas del estilo italiano con la solidez armónica que exige la polifonía germana. Su excesiva celeridad en el Presto final descompensó el concepto global de la obra, sin perder en momento alguno su fácil y clara capacidad de articulación. Merece ser destacada su manera de ornamentar el sentido coral que posee el Andante de la Primera Sonata en Do mayor op.1 de Johannes Brahms y la delicadeza empleada en el trío de su Scherzo, para desplegar todo su poderoso mecanismo en el fogoso rondó final, que confirmaba su buena escuela en el aspecto técnico.

En la segunda parte, Wang estuvo siempre apuntando el sentido cíclico que se esboza la Sonata op.101 de Ludwig van Beethoven y, de manera más acentuada la paráfrasis de Franz Liszt de la Obertura de Tannhäuser, sin llegar a conseguirlo plenamente, con la excepción del Adagio, en el que se aproximó con convicción al carácter meditativo que pide el autor. Después de la página wagneriana, muy aplaudida por el público, sorprendido admirablemente por la segura digitación del pianista, Chun Wang hizo como bis una sugestiva versión de Jeux d'eau de Maurice Ravel, consiguiendo ese carácter ensoñador que pide el compositor, lo que la convirtió en la mejor interpretación de este recital.

El festival quiso contar también con la actuación de un trío que está llamado a destacar sobremanera en la música de cámara durante los próximos años como es el formado por el clarinetista Pablo Barragán (Marchena, 1987), el violonchelista rumano Andrei Ionita (Bucarest, 1994) y el pianista sevillano Juan Pérez Floristán (1993). Todos ellos galardonados con primeros premios en concursos tan importantes como el Concurso Credit Suisse de Jóvenes Solistas de 2013, Concurso Tchaikovsky de Violonchelo de 2015 y el Concurso Paloma O'Shea de Santander de 2015, respectivamente. La concentración de tanto valor musical se ha visto incrementada por la amistad que se profieren estos extraordinarios intérpretes, plus emocional que queda plasmado en su forma de hacer música tanto individual como colectivamente.

Fue el violonchelista el encargado de abrir el concierto con la interpretación de la Primera Suite en Sol mayor BWV 1007 de Johann Sebastian Bach. Su preferencia por exhibir su poderío técnico le llevó a precipitar el cromatismo tanto del preludio como de la Allemande, aligeró con cierto aire de alegría el discurso de la courante para impregnar de tensa sobriedad la concentrada sarabande. Destiló elegancia en los diferentes aires de los minuetos, "asincopando" con sutileza la repetida nota que tiene la giga final. El hermoso sonido de su instrumento, construido en 1670 por el lutier Giovanni Battista Rogeri, llenaba el recinto de la bellísima Capilla de El Salvador que implementaba plásticamente la majestad de su expresión musical.

La primera parte se completó con la Sonata nº 1 en Fa menor para clarinete y piano op. 120 de Johannes Brahms. La tonalidad menor del primer movimiento predispuso el carácter intimista que iba a animar toda la obra, poniéndose en evidencia el lema que reza en el ideario de este grupo, "Diálogo profundo de amistad", sugerente subtítulo de su reciente y espléndido registro en el sello IBS Classical. El entendimiento entre ambos intérpretes fue absoluto a lo largo de toda la obra, logrando perfecto equilibrio formal desde una contenida pasión en el primer movimiento, para en el segundo, acentuar la melodía con meditativa concentración. En el tercero aligeraron tensiones alternándose en la exposición de su tema principal para llegar al rondó final de la obra con vigoroso ánimo, destacando en el agradable pequeño episodio central en tono menor al que dieron un aire de canto sencillo y familiar.

Fue con el Trío para clarinete, violonchelo y piano en La menor op. 114 del mismo compositor cuando se pudo apreciar el esplendor de estos músicos creciendo en sensibilidad, de manera especial en el Andantino grazioso que trataron como un lánguido minueto, en el que clarinete y violonchelo parecían cortejarse desde la contemplación polifónica en el piano magníficamente tratado por Pérez Floristán. Ante el vigor desplegado en la coda que contiene el allegro que cierra esta obra, el público se entregó a los músicos con una ovación cerrada, a la que éstos correspondieron con la interpretación de una preciosa versión escrita por el pianista de la Danza de la moza donosa del argentino Alberto Ginastera, que hizo las delicias de los presentes, cerrándose así una de las actuaciones que han de quedar en la memoria de esta edición del festival ubetense, como exponente de la grandeza de la música de cámara cuando es interpretada con tan alto grado estético, fruto del talento de estos intérpretes tan justamente galardonados.