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CRÍTICA / Extraño programa


Madrid. Auditorio Nacional. 24-IX-2017. Orquesta y Coro Nacional de España. Frank Peter Zimmermann, violín. Christiane Karg (soprano), Andrei Bondarenko (barítono). Director: David Afkham. Obras de Beethoven y Fauré.

Miguel Ángel González Barrio

Fue bastante extraño el programa del segundo concierto de la temporada 2017-18 de la OCNE: el Concierto para violín y orquesta de Beethoven y el Réquiem de Fauré. El concierto inaugural del romanticismo violinístico y una original y austera misa de réquiem, que busca la originalidad dando la espalda a la tradición (tanto en lo musical como en lo espiritual), juntos en el mismo concierto.

Para el Concierto se contó con el virtuoso violinista alemán Frank Peter Zimmermann, músico de mecanismo prodigioso pero habitualmente frío y distante. Comenzó fuera del concierto, con desafinaciones varias. Logró centrarse para coronar el Allegro ma non troppo con una impresionante cadencia, de limpia articulación, derrochando virtuosismo. En el Larghetto exhibió un sonido terso y cálido, fraseando con perfecto legato. Tras una perfecta transición, el Rondo conclusivo se desplegó con ligereza y texturas aéreas, en el más puro espíritu clásico. Deslumbró Zimmermann una vez más en la cadencia. El acompañamiento de Afkham y la ONE fue modélico, con detalles de buena factura, como las figuraciones de violas y chelos destacadas en la introducción del Allegro ma non troppo y estupendas intervenciones de maderas y trompas. Muy aplaudido, el viernes Zimmermann regalo una propina (Bach) a un público entusiasta.

Para el Réquiem de Fauré que llenó la segunda parte, Afkham desplegó la cuerda de un modo inusual: violas y contrabajos a la izquierda, chelos en el centro y violines a la derecha. Una orquesta reducida enfrentada a un nutrido Coro Nacional (algo más de 80 voces). La disposición de la orquesta funcionó a la perfección en el diálogo introductorio del Ofertorio y el maravilloso preludio del Hostias, con la cuerda grave en divisi. Tengo la impresión de que Afkham no ha entendido bien esta obra, un réquiem consolador, resignado, íntimo. Imprimió un tempo a mi juicio excesivamente rápido, y destacó los contados pasajes más "dramáticos" (nada que ver con otros Réquiems), sin lograr el clima adecuado en los más recogidos. Así, en el Sanctus faltó ingenuidad y esa sensación etérea, vaporosa, que pide este número. El bellísimo In paradisum fue perjudicado por la velocidad excesiva, la presencia demasiado destacada del órgano y un móvil (el tristemente inevitable móvil) que sonó dos veces seguidas; un cretino reincidente que espero acabe en el infierno, ya que no se le puede prohibir la entrada al Auditorio.

El barítono Andrei Bondarenko, de voz pequeña y vibrato caprino, se mostró insuficiente. Estuvo mejor en los momentos íntimos, donde exhibió al menos buen gusto, que en los escasos momentos en que debe cantar a plena voz, como en el Libera me, bastante pobre. Christiane Karg se lució en el conocido Pie Jesu. Tiene el instrumento ideal: voz bella, dicción clara, una buena media voz y estupendo legato.

El Coro Nacional de España, en gran momento de forma, redondeó una de las mejores actuaciones que le recuerdo, cantando con empaste y matización. Para el recuerdo la majestuosidad del Agnus dei o el imponente crescendo del Libera me.