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CRÍTICA / Estreno de Salvador Brotons en Murcia


Murcia. Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas. 17-XI-2018. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Director: Salvador Brotons. Obras de Brotons y Chaikovski.

José Antonio Cantón

El tercer concierto de la presente temporada de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) tenía el aliciente principal de hacer posible el estreno absoluto, versión orquestal, de la Sexta Sinfonía op. 122, "Concisa" del compositor, director y flautista barcelonés Salvador Brotons, con él mismo en el pódium. En segundo lugar, el que se pudiera escuchar por vez primera en la historia del auditorio murciano la Tercera Sinfonía en Re mayor op. 29, "Polaca" de Chaikovski. 

Salvador Brotons es un músico de raza que transmite vitalidad y emoción en sus actuaciones. En esta ocasión de manera más relevante por el hecho de presentar por vez primera esta obra pulida hasta el detalle y adaptada con sus grandes dotes de orquestador a un más amplio y diverso medio expresivo, ya que originalmente está escrita para banda sinfónica. La ÖSRM aprovechó la deferencia del maestro de haber contado con ella entregándose desde los primeros sones de Frontal, impactante primer movimiento, cuyo segundo motivo fue brillantemente protagonizado por el oboe, poniendo un delicado contraste al tema principal.

Los cinco músicos que formaban la sección de percusión presentaron sus señas de identidad con una destreza y eficacia dignas de admiración, posibilitando que Salvador Brotons pusiera en movimiento todo su arsenal cinético en aras a descubrir la pasión que contiene esta creación. A las tensiones habidas en este inicio de la sinfonía le siguió la serenidad en la que se sustenta el tiempo titulado Procesión, marcado por un sutil ritmo interno que lleva a cierta relajación en el oyente, sin por ello resentirse su interés por su forma, que fue expuesta con gran concentración por la orquesta, muy atenta y predispuesta a las indicaciones del maestro. Esta sensación aumentó, si cabe, en la ejecución del Scherzo, tiempo situado en el centro de la sinfonía con una evidente intención de justificar con su absoluta concisión de mensaje el sobrenombre de la obra. Posiblemente fue el momento más brillante de la dirección de Brotons, dadas las variadas y ricas evoluciones de su batuta.

En el Passacaglia, penúltimo tiempo, se generó uno de los ajustes sonoros más significativos de la orquesta, creciendo conforme se acercaba el desemboque en el Finale, donde Brotons acentuaba la contraposición de dos episodios temáticos, haciendo que alusiones motívicas de otros momentos de la obra aparecieran con electrizante efecto. El público reaccionó con una aceptación que se convirtió en cerrado aplauso, ante el buen entendimiento musical habido y percibido entre el director y la ÖSRM, dejando la sensación de que es una obra que va a tener un más que aceptable y seguro recorrido por las salas de conciertos.

En la segunda parte Brotons hizo todo un derroche de memoria, entendimiento, convicción, lectura y transmisión de la Sinfonía "Polaca", título debido al velado aire polonés de su último movimiento. Pese a ser una obra de transición en el sinfonismo de Chaikovski en búsqueda de su propia voz, Brotons supo realzar los apuntes de la definitiva personalidad creativa del autor cargando de jovialidad la lectura del Allegro que abre la sinfonía, y marcando el aire de danza que contiene el Andante con manifiesta delicadeza y emoción, lo que sirvió para que la orquesta demostrara sus avances en claridad, definición tímbrica y logradas mixturas. 

Los dos movimientos finales fueron tratados de manera expansiva, queriendo demostrar el estado de forma de esta orquesta, que se percibe cómo crece en musicalidad con cada programa. El público supo captar y percibir las cualidades artísticas de Salvador Brotons reconociendo la buena labor realizada con la orquesta, cuyos miembros se felicitaban entre ellos como muestra de satisfacción por el trabajo bien hecho.