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CRÍTICA / Eros y Thanatos


Granada. Auditorio del Centro Cultural Manuel de Falla. 23-III.2018.- Joven Academia Instrumental de la Orquesta Ciudad de Granada (OCG). Cristina Avilés, soprano. Director: Giancarlo Andretta. Obras de Strauss y Wagner.

José Antonio Cantón

Dentro de las actividades pedagógicas que desarrolla la OCG está su participación en ir completando la formación de estudiantes que vienen a formar parte de la Joven Academia Instrumental de la orquesta granadina, iniciativa compartida y también auspiciada desde hace algunas temporadas por la Academia de Bellas Artes de Granada. Enmarcado en este proyecto, la OCG ha dedicado un concierto de su temporada a dos autores alemanes de trascendente impronta freudiana como son los dos más importantes músicos homónimos de su historia, Richard Wagner y Richard Strauss. Connotaciones filosóficas y hasta psicoanalíticas pueden asociarse a las obras programadas: Idilio de Sigfrido del primero, y Cuatro últimas canciones y el poema sinfónico Muerte y Transfiguración, del segundo. El recinto del auditorio estaba llamado a cargarse así de claras pulsiones "nietzschianas".

Dada la experiencia del maestro Giancarlo Andretta, principal director invitado de la formación granadina, se auguraba un resultado artístico más que interesante. La trascendencia de dichas composiciones podía crear justificada curiosidad en el aficionado a estos autores, consciente de la naturaleza meta-musical de su inspiración. En el caso de la obra de Wagner, las connotaciones de su vida personal que le llevaron a esta idílica obra, que se reflejan tanto en su estructura armónica como en la sinuosidad de sus líneas melódicas. Ambos aspectos fueron expuestos desde una mera lectura que no reflejaba esa especie de carácter bucólico de esta página wagneriana, poco acentuado en los tiernos y líricos murmullos del oboe, que no sirvieron para atraer la atención del oyente, percibiéndose cierto desencaje en la expresividad de todo su discurso.

Esta sensación persistió en las cuatro canciones de Strauss, en las que la joven cantante cordobesa Cristina Avilés se atrevía con uno de los paradigmas del género del lied como son estas obras, pensadas para que la voz de soprano transmita ese viaje imaginario de la primavera al invierno, que aparece en la última, Im Abendrot, entendido como ocaso. El deseable equilibrio que había que esperar entre música y fonema no terminaba de darse con la capacidad de portamento necesaria, que favoreciera la percepción de la amplia dinámica que pide Strauss a la voz, que va en este último lied desde el Do del registro medio al Si agudo. Además el canto estuvo en muchos momentos sumergido en la trama sonora orquestal, sin alcanzar el equiparable destello sonoro que pide el compositor. Cristina Avilés debe replantearse el estudio y montaje de estas canciones desde un enfoque emocional en el que sonido y palabra alcancen una sola unidad estética, orientando la integración del texto en la masa orquestal como un instrumento más, y así facilitar la máxima interacción de ambos elementos desde un bien pensado y ejercitado dominio melismático. Tanto director como solista no llegaron a evocar los sentimientos que se desprenden de los tres poemas de Hesse y del último perteneciente a Eichendorff, quedando una sensación en el oyente de un montaje que no iba más allá de sus buenas intenciones.  

El concierto entró en una dinámica absolutamente diferente con el poema sinfónico que ocupó la segunda parte del programa. Como si de un ejercicio de transfiguración se tratara, el maestro Andretta cambió su actitud en el pódium dando una sensación de seguridad y confianza a la orquesta que no se había percibido antes. Llevó la música a un alto grado descriptivo, dibujando las últimas emociones de un idealista imaginario en su lecho de muerte con verdadero sentido lírico-dramático. 

Destacó los contrastantes planos sonoros en la introducción, como la evidente carga emocional expresada en el pulso trémulo del moribundo, pasaje confiado a la cuerda y los timbales, en los que destacó sobremanera la percusionista Noelia Arco, o en la manera de hacer crecer la expresión orquestal antes del sobrecogedor episodio de la muerte. Su entendimiento de esta magistral composición quedó sobradamente demostrado en la manera de abordar el encadenado bordado de modulaciones de su final, dándole esa mágica y a la vez íntima expresividad que pide Strauss a la conclusión de esta Muerte y Transfiguración, para él, verdadero anticipo de cómo musicalmente abordó el tránsito de su muerte más de sesenta años antes de producirse. El maestro Giancarlo Andretta ha aportado toda su experiencia de director lírico y todo su bagaje intelectual para alcanzar tan estimable interpretación en esta obra que, seguramente, ha significado una interesante experiencia musical de amor y muerte para los jóvenes académicos de la Orquesta Ciudad de Granada.

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