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CRÍTICA / Empeño y pasión


Córdoba. Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco. XVI Festival de Piano Rafael Orozco. 16-XI-2017. Hao Zi Yoh, piano. Obras de Chong Lim Ng, Chopin y Ravel.

17-XI-2017. Akiko Ebbi, piano. Obras de Bach, Beethoven y Chopin. 

José Antonio Cantón

La joven pianista malaya Hao Zi Yoh se ha presentado en el Festival con un programa tan interesante como retador. Encabezado por los Veinticuatro preludios op. 28 de Frédérick Chopin, una pequeña incursión en la música de su maestro y compatriota Chong Lim Ng, su interesante pieza A distant voice in the rainforest, para terminar con la ejecución de la inefable inspiración raveliana contenida en Gaspard de la Nuit

La diversidad técnica a la que es sometido todo intérprete que afronte la interpretación de los Preludios de Chopin lo lleva ante el diverso dominio estilístico que demostró tener este compositor, verdadero mago del teclado. Este romántico homenaje al Clave bien temperado de Bach es de obligado conocimiento de todo pianista que quiera ensanchar y a la vez ahondar su pensamiento armónico, fase en la que se encuentra Hao Zi Yoh, inmersa aún en una etapa postgrado de formación musical. En esa senda de perfeccionamiento fueron destacables sus interpretaciones de los dos primeros por la musicalidad que desplegó, del decimosexto y siguiente por la igualdad de articulación y fraseo, respectivamente, del decimonoveno por su cuidado mecanismo, del vigésimo por la solemnidad de su pulsación y del vigésimo segundo por su capacidad contrapuntística. En el último se mostró veloz en pos de encontrar la pasión que determina su grandioso discurso. Sería deseable que en el futuro alcance más homogeneidad expresiva en el resto de preludios dando así un mejor efecto de conjunto a la obra.

Su sentir malayo quedó de manifiesto en la pequeña composición de Chong Lim Ng al añadir, expresando la candidez propia de su cultura musical, ciertos melismas que admiten los conjuntos instrumentales gamelan, que llevaron a crear un sistema compositivo y una forma de canto de exótico efectismo para la mentalidad musical europea. Con esta obra de sensual gracia, Hao Zi Yoh quiso mostrar también su faceta de pedagoga musical de niños, ancianos y deficientes mentales, actividad que ejerce con un marcado fin terapéutico. 

Terminó su actuación con una de las obras cumbre para piano del siglo XX como es Gaspard de la Nuit, un fantástico tríptico de la mejor música que lleva al piano a una dimensión orquestal sólo semejante a la versión para este instrumento de La valse, singular creación de este mismo compositor. Los aspectos fenomenológicos que encierra esta obra sólo aparecieron raramente en la interpretación de esta pianista, particularmente en Le Gibet, al regular con sensible equilibrio su acampanado ostinato con las diferentes atmósferas expresionistas que lo envuelven. Para resolver las dificultades técnicas y conceptuales de Scarbo, dado el empeño que se infiere de la actitud de Hao Zi Yoh, se puede llegar a considerar que está en el buen camino.

En la cuarta jornada del Festival se produjo una gran expectación ante la presencia de la gran pianista japonesa Akiko Ebbi con un programa integrado por obras singulares de Bach, Beethoven y Chopin. Al Concierto italiano BWV 971 del primero quiso imprimirle ese impulso vital tan característico del estilo barroco italiano, del que Corelli y Vivaldi fueron maestros consumados. Para tal intención Akiko Ebbi rompió con la serenidad que desprenden las interpretaciones al clave, para sumergirse en un torbellino de mecanismo de corte romántico. Su concepto fue más acertado en el Andante al saber equiparar con transparente claridad la consistente polifonía germánica con la vena melódica italiana, consiguiendo así uno de los momentos más singulares de su actuación.

En la Appassionata de Beethoven se puso de manifiesto una de las características psicomotrices de esta pianista; el predominio sensitivo y sensorial del lóbulo derecho de su cerebro sobre el izquierdo. Así su mano izquierda era todo un prodigio de expresión dinámica, precisión rítmica y capacidad de articulación, prevaleciendo en tal grado que se podía distinguir la respuesta de ambos hemisferios perfectamente diferenciados en la ejecución de la obra. Esta realidad solo quedó mitigada de alguna manera en el Andante con moto, donde supo transmitir la esclarecida estabilidad armónica que pretende Beethoven en este pasaje. La pasión que puso en el Allegro final hizo bueno el sobrenombre de la sonata, sirviéndole para demostrar esa característica esencial de su personalidad musical.

Una serie de obras admirables de Chopin integraron la segunda parte de su recital. Para adentrar al auditorio en la personalidad creativa de este compositor inició su actuación con tres nocturnos, en los que dejó su vitola de destacada intérprete y reconocida teórica del pensamiento chopiniano actualmente en el ámbito internacional. Esta consideración tuvo su confirmación en una espléndida recreación de la Barcarola op.60, en la que Akiko Ebbi se adentró con gran distinción en la lírica línea melódica que contiene todo su discurso, hasta dejar constancia de su mejor virtuosismo en la coda final, momento brillante de su recital. La Primera balada op. 23 y el Segundo scherzo op. 31 completaron su actuación ante un público que llenaba el aforo del auditorio. Ante sus ovaciones, correspondió con una interesante versión del Primer impromptu op. 29 en la que supo descubrir ese particular encanto y ligereza que tiene el estilo improvisado. Con gran satisfacción colectiva, concluía así uno de los recitales más singulares y esperados de la presente edición del Festival.