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CRÍTICA: El discreto dramatismo de Acis y Galatea


Lisboa. Fundación Gulbenkian. 23-II-2017. Haendel, Acis and Galatea. Ana Quintans, Marco Alves dos Santos, André Henriques, João Miguel Rodrigues. Coro Gulbenkian. Orquestra Gulbenkian. Director musical: Leonardo García Alarcón. Directora de escena: Marie Mingot.


Bernardo Mariano

Coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Haendel, (23 de febrero), la Fundación Gulbenkian de Lisboa programó dos representaciones semiescenificadas de la masque Acis and Galatea en su versión de 1718, bajo la dirección musical de Leonardo García Alarcón, un gran especialista barroco, y con la acción escénica a cargo de Marie Mignot.

En el diseño de Mignot, la mitad posterior del escenario es un recibidor comunicado por escaleras laterales con la parte anterior, donde sitúa a la orquesta, permitiendo de esta manera el libre movimiento de los cantantes por todo el escenario. Para lo demás, apenas hay algo más que la capa y la máscara de Polifemo (el barítono André Henriques) y el vestido verde de Galatea (Ana Quintans). El resto es diseño de luces (Luís Fadrique y Marie Mignot), claramente el valor añadido del espectáculo. En la escena de la transformación, cuando Galatea canta Heart, the seat of soft delight, el fondo del escenario se abre y deja ver los jardines de la Fundación, de donde surge la silueta (sombra/muerte) de Acis. ¿No se podría lograr un efecto más bonito, y acertado, mediante algún efecto de luz, alguna fuente de agua, una cascada o un río en el que de hecho se transforma Acis?

Vocalmente, Ana Quintans exhibió la excelencia que en ella viene siendo habitual (¿cómo se puede explicar que una cantante de este nivel no haya conseguido todavía un papel principal en el Teatro São Carlos?) e impregnó a sus arias de un tono de suave melancolía que solo se rompió en el recitativo Cease, o cesae y en el breve dúo con Acis que le sigue y que invade el lugar de luminosa alegría. Como contraste, la personalidad vocal de Acis, tal como la modeló el tenor Marco Alves dos Santos, no logró convencer, ya que no confirió carácter a su personaje ni actuando ni cantando. En ningún momento evitó dar la impresión de ser un “pez fuera del agua”, salvo, sin duda, en el breve recitativo Help, Galatea que antecede a su muerte. André Henriques llenó vocal e histrionicamente el escenario con su composición del cíclope Polifemo y fue el auténtico motor del “élan” dramático que la obra adquiere en el segundo acto. El tenor João Miguel Rodrigues desempeñó con elegancia y corrección las dos arias de Damon, dando una imagen de sensatez al personaje. Por su parte, el tenor João Terleira (Coridon) fue a lo seguro en su única aria y se mostró demasiado tenso y rígido, como si estuviera en un recital.

Excelente desempeño del Coro Gulbenkian, sobre todo en la definición de los estados anímicos y en la capacidad de marcar el paso dramático en los recitados. La Orquestra Gulbenkian captó bien el universo barroco haendeliano, siempre acertadamente dirigida por García Alarcón, sobre todo en el segundo acto. 

Fotos: Márcia Lessa