Ud. está aquíInicio / Marzo 2018 / Noticias / CRÍTICA / Deliciosa música de Pauline Viardot

CRÍTICA / Deliciosa música de Pauline Viardot


Granada. Auditorio del Centro Cultural Manuel de Falla. 28-II-2018. Ina Kancheva, soprano y Ludmil Angelov, piano. Obras de Chopin, Pauline Viardot, Chaikovski y Verdi/Liszt.

José Antonio Cantón

Pocas son las ocasiones en las que se puede escuchar un repertorio liederístico como el que ofreció este dúo búlgaro que, desde el primer compás de su intervención, demostró un perfecto entendimiento, que redundó en las excelencias de una actuación que tenía el fundamental atractivo de ofrecer un escogido florilegio de canciones adaptadas o compuestas originalmente por la mezzo-soprano y compositora francesa Pauline Viardot, hija del famoso cantante y compositor sevillano Manuel García, una de las mayores figuras de la ópera del siglo XIX, fundamentalmente por su aporte a la enseñanza del canto que completaría su hijo del mismo nombre en el "Tratado completo del arte del canto", una especie de guía canónica que se impuso en todas las escuelas de Europa. 

Pauline Viardot —al tomar el apellido de su esposo, el escritor francés Louis Viardot—, tenía un talento musical más trascendente que su cualidad de ser una de las contraltos más admiradas de la época. Su capacidad creativa, orientada al lied ha quedado más que demostrada en este recital que ha formado parte tanto del ciclo de conciertos "La gran belleza" como del titulado "La voz humana", que ha programado para esta temporada el auditorio granadino.

Ya de por sí fue más que interesante el orden del programa, en el que iban a alternarse intervenciones sólo del pianista con las de la cantante, en clara intención de contextualizar su sustancial vena romántica. Así se inició con dos mazurcas de Chopin, el Op. 17 núm. 4 y la Op. 6 núm. 2, en la que ya se pudo admirar la especialidad de Ludmil Angelov en el repertorio chopiniano. Su natural elegancia en esta música predispuso la actuación de la cantante Ina Kancheva que inició su intervención con cuatro canciones de Pauline Viardot derivadas de otras tantas mazurcas de Chopin con textos de Louis Edmond Pomey, polifacético creador francés (pintor, letrista, músico y traductor) de siglo XIX, destacando Plainte d'amour y La Fête con la música de la op. 6, núm.1 y num. 4, respectivamente, de este particular dancístico catálogo chopiniano. Su voz de amplio registro dramático es la más indicada para estas obras escritas para mezzo-soprano, precisamente la tesitura de la Viardot, lo que favorece que se puedan escuchar con la intención expresiva para las que fueron pensadas.

Verdaderamente sorprendente fue escuchar una versión con acentuado estilo decimonónico de la Paráfrasis sobre Rigoletto, S.434 de Liszt/Verdi. Angelov supo hacer una interpretación que realzó la función difusora de la música de estas adaptaciones lisztianas sin llegar en momento alguno al aspaviento, dejando claro que el piano se puede tocar con precisión técnica y tal fineza de articulación polifónica que se comprende cómo este instrumento fue considerado una pequeña orquesta en el siglo XIX con el que Liszt ofrecía a los públicos de Europa los pasajes más célebres de los grandes sinfonistas y operistas de la época. Tal intención se desprendía de la encomiable interpretación de Angelov, que prefiere la autenticidad musical al fácil y frívolo lucimiento superfluo. Tres canciones con temática española y dos con versos de Eduard Mörike cerraron la primera parte, destacando por su acusado lirismo La Rêve de Jésus con texto perteneciente a uno de los Contes mystiques del Stéphan Bordèse, y In der Frühe del poeta alemán mencionado en el que la música se convierte en luminoso acompañamiento de la voz.

Singular autenticidad creativa es la contenida en las seis canciones rusas que interpretaron para iniciar la segunda parte. Sustentada en una dicción perfecta del idioma ruso, Ina Kancheva se adentró en escogidos poemas musicados por la Viardot de literatos tan prestigiosos como Alexander Pushkin, Ivan Turgeniev, Afanasi Fet o Mijaíl Lérmontov, siendo de este último, la romanza El peñasco, con la que cantante y pianista alcanzaron el más alto grado de sensibilidad. A continuación se produjo el tercer solo del pianista con la Canción de otoño (Octubre) de Piotr Ilich Chaikovski, décima pieza de su obra Las estaciones op.37a, cuya tonalidad menor en Re llevó Angelov a la máxima elocuencia emotiva, demostrando una vez más su exquisito sentir romántico.

Después de un grupo de tres canciones rusas, el recital terminó con una preciosa Habanera en la que quedó reflejada la vena hispana de Pauline Viardot. Su cadencioso tempo fue perfectamente recreado por estos dos intérpretes búlgaros con depurado estilo de contradanza criolla, demostrando su mutuo entendimiento con exquisita finura en pulsación y línea de canto, cerrando un recital que puso en su auténtico valor la enorme creatividad de Pauline Viardot como liederista romántica de alto rango.

(Fotografía: José Albornoz)

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter