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CRÍTICA / De ginebras, claves y castañuelas en el Café Comercial


Madrid. Café Comercial. 8-X-2018. Yago Mahúgo, clave. Obras de François Couperin, Armand-Louis Couperin, Fiocco, Royer, Scarlatti, Boccherini y Soler.

Javier Sarría Pueyo

Se me ocurren pocas cosas más agradables que saborear un excelente gin-tonic mientras se escucha un recital de buena música, algo que uno puede hacer en su casa siempre que quiera, pero generalmente vedado en el mundo de la música culta. Sin embargo, el icónico Café Comercial ha decidido por segundo año romper barreras y esquemas y permitir al público melómano combinar óptimas libaciones con armonías no menos fastuosas en el coqueto y recogido ambiente de la planta superior del establecimiento.

Para inaugurar esta nueva temporada se ha acudido a Yago Mahúgo, el gran maestro nacional del clave francés, con un repertorio franco-español que maridaba a la perfección con los refinados y sabrosos gin-tonics aderezados con corteza de lima y granos de pimienta negra que nos sirvió el sabio ministro de Baco. Y, pasando ya de los vapores etílicos, Yago, a los mandos de su soberbio Taskin, construido por el insuperable Keith Hill, nos deleitó con algunas piezas favoritas del repertorio.

Dominó el madrileño los acentos melancólicos y refinados de Couperin Le Grand, con unas espléndidas Les barricades mystérieuses y una propina que, a servidor, le colocó en el cielo: una versión antológica de Le dodo, obra cumbre, como la anterior. Delicioso en el Adagio de Fiocco y magistral en la evocadora y nostálgica L’aimable de Royer. El reverso virtuoso lo dio con una estupenda Marche des Scythes, esa música diabólica que, en sus manos, sonó contundente y expresiva.

En la segunda parte, tres fandangos consecutivos nos aportaron acentos españoles llenos de gracia y desparpajo, aunque la introducción de unas castañuelas a destiempo —nunca mejor dicho— en Boccherini y Soler no pareció una decisión afortunada. En cualquier caso, la interpretación de Soler estuvo netamente por encima de las otras dos, llevada con aplomo, salero y hasta duende. Por lo demás, Mahúgo estuvo didáctico y comunicador, introduciendo con simpatía las distintas piezas. Una velada perfecta para brindar.