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CRÍTICA / Contexto y perspectiva


Madrid. Auditorio Nacional. 24-V-17. Coro Nacional de España. Daniel Oyarzábal, órgano. Asís Márquez, órgano positivo. Calia Álvarez, violone. Director: Miguel Ángel García Cañamero. Obras de Buxtehude, Johann Christoph Bach y Johann Sebastian Bach. 

 Daniel De la Puente

Si hace media docena de años alguien nos intenta convencer de que el Coro Nacional haría un concierto centrado en Bach como el que se vio el miércoles en el Auditorio, le habríamos tomado por loco. Cuestión de perspectiva.

La evolución del Coro Nacional en las manos de Miguel Ángel García Cañamero en estos últimos años es, sencillamente, extraordinaria. Hace solo unos meses se hizo patente con un concierto romántico en el que se daban buenas muestras de la ganancia de forma de la institución, que con este Bach pone otra guinda de un dulce pastel musicalmente hablando.

El contexto: este "satélite" incluía cuatro de los motetes del Kantor de Leipzig, de misteriosa concepción litúrgica y extraordinaria riqueza y dificultad técnica. Es muy complicado acudir a estos eventos sacudiéndose de la memoria las versiones discográficas míticas y mitificadas que todos tenemos en la mente, pero es necesario abstraerse de ellas para comprender que es todo un acontecimiento escuchar en directo esta música. Y es también conveniente acordarse de que está concebida para el templo, y no para la sala de conciertos.

Por buena que es la acústica de la Sala de Cámara del Auditorio, siempre se echa de menos en estos repertorios algo del sonido aéreo y de la reverberación natural de las iglesias para las que fue escrita la música litúrgica o religiosa.

Con estas premisas, el Coro Nacional ofreció un concierto de alto nivel artístico, si bien no exento de problemas. El principal fue que las mezzos y contraltos estuvieron prácticamente desaparecidas a lo largo de casi todo el concierto, con lo que la labor de ensamblaje y amalgama de las texturas fue muy complicada, al quedar el sonido de las sopranos, digno y esforzadamente cuidado, muy lejos de las voces masculinas.

Pero esto fue algo casi anecdótico si se analiza el resultado global y, sobre todo, la capacidad de Miguel Ángel García Cañamero para estar al mando con absoluto control.

El despliegue de recursos técnicos del director titular del Coro Nacional es asombroso, adaptándose en cada momento a los requerimientos de la música sin abandonar el dominio del sonido. En especial, destacaron los trazos de música en el doble coro del Singet dem Herrn y algunos momentos legatissimo del Ich lasse Dich nicht, en el que la delineación del mapa musical del motete fue bellísimamente realizada.

Con un sonido más presente de los bajos (y la solución del problema en las voces graves femeninas) y una matización más detallada de los sonidos vocálicos en alemán, el conjunto habría estado cerca del máximo exigible en un programa de exigencia casi sobrenatural para la voz. 

Mención aparte merecen los continuistas del concierto, Asís Márquez en el órgano positivo y Calia Álvarez con viola da gamba y violone. Siempre presentes pero nunca invasivos y con gran exactitud en la articulación y los tiempos, fueron una ayuda inestimable y un asidero continuo en la afinación, casi siempre muy buena, del coro.

Daniel Oyarzábal, protagonista de los interludios en el órgano Blancafort de la sala, hizo lo que acostumbra: absorber la energía del lugar ofreciendo unas límpidas y a la vez contundentes versiones de las piezas intercaladas entre la música coral. Fue particularmente vibrante su Fantasía sobre Komm heiliger Geist en la que la transparencia en la ejecución de los temas, el uso exacto de los tiempos y la elevadísima concepción de la música nos llevó a territorios cercanos a la genialidad.

El público, que (incomprensiblemente) no llenó la sala para un evento que lo habría merecido, respondió con agradecimiento y calor, comprendiendo la magnitud musical y la dificultad extrema del programa. Y en el bis, el propio Oyarzábal se unió a los tenores del Nacional en un signo claro de la fantástica energía que fluyó en el escenario durante el concierto.