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CRÍTICA / Cantoria, una joven música antigua


Madrid. Museo del Prado. 19-X-2018. Cantoria. Música franco-flamenca y castellano-aragonesa del siglo XV.

Nacho Castellanos

Hablemos de debutar. Esa acción tan ansiada por jóvenes y no tan jóvenes intérpretes que irradia un respeto, unas ganas de hacerlo bien y sobre todo de hacer disfrutar, incomparable en el arte escénico más que en cualquier otra disciplina.

Cuando Cantoria se subió aquel lluvioso viernes de octubre al escenario del Auditorio del Museo del Prado no debutaba solo en la cúspide del triángulo dorado de la cultura madrileña, sino que además debutaba en programa, en público e incluso en repertorio. El Museo del Prado, en colaboración con el ICCMU, presentaron esta actividad de claro carácter didáctico con motivo de la inauguración de la exposición entorno al maestro cordobés Bartolomé Bermejo.

Bajo el título "Veni Creator", Cantoria estrenó un programa muy bien correlacionado, estructurado en seis partes que combinaba desde la sacralidad más asceta hasta el diálogo teatral al que cualquier ensalada puede trasladarnos. Un amalgama de sonoridades que nos situaron en la globalización musical que el siglo XV, supuso para la preciada polifonía, y de la que la península ibérica fue testigo gracias a la anexión de los territorios borgoñones. La música de Ockeghem o Busnois se entremezcla con los ecos y armonías de Juan de Anchieta o Francisco de la Torre y creando a su vez esa conexión cultural que influiría en la música ibérica hasta bien pasado Trento.

Cantoria afrontó un reto digno de mención, pues pocos grupos profesionales se atreverían a realizar la hazaña de interpretar un programa de prácticamente una hora, repleto de secciones contrapuntísticas, totalmente de memoria. Se hicieron dueños del escenario, no había partitura que les permitiese anquilosarse a la lectura, y afrontaron esta labor con fundamento. Aún así y como bien explicó su director, Jorge Losana, el no ser especialistas en el repertorio sumado a una escondida inseguridad, bañaron de cierto caos las secciones más contrapuntísticas. Gracias a la compenetración entre los cuatro solistas, el ya citado caos amainaba en un vigoroso orden cuando la homofonía resurgía en la unión de las cuatro lineas para mostrarnos a un conjunto de voces sanas, jóvenes y con una mezcolanza de sonidos heterogéneos, pero de gran belleza. El decir cantando fue algo que también se echó de menos, pues se pasaba de la poca dicción y prosodia a la sobrepronunciación del texto. Y sobre todo en el repertorio español, ya que en ocasiones resultaba ardua tarea seguir las palabras y finalmente había que rendirse a la belleza de la melodía sin entender la historia.

Del temor que se pudo ver en obras como Veni Creator de Alonso de Alba, con un canto llano realizado por los tres varones algo atropellado, contrastó una entusiasta ensalada Los Ascolares, o el dulce y tierno Con amores, mi madre de Juan de Anchieta, en donde el conjunto vocal se lució de pirotecnias, demostrando una sólida fortaleza y sobre todo, un disfrute que en las obras más sacras no se apreció.

Un elemento que cada vez y de forma positiva se está extendiendo en los conjuntos de música antigua es el de explicar el repertorio a interpretar de una forma más amena, sirviendo como esas notas al programa que pocos leen (cabe destacar las magníficas y elaboradas notas realizadas para esta ocasión por Pepe Rey). Jorge Losana realizó una sublime a la vez que didáctica y entretenida introducción a cada una de las piezas, que además de demostrar el gran conocimiento de las mismas, manifestó el sentimiento que existe desde los interpretes jóvenes por seguir interpretando, descubriendo y mostrando a nuevos públicos el apasionante mundo de la música antigua. Junto a Cantoria cabe destacar la participación de tres instrumentistas que servían como continuo. El inconfundible tañer de Manuel Vilas al arpa ibérica, siempre elegante y con un sonido muy personal. Joan Seguí, al órgano realizó una encomiable labor, con una interpretación impecable sobre todo en Señora, qual soy venido de Juan Cornago. Por otro lado, el tañer de Jonatan Alvarado al laúd estuvo bastante ausente durante todo el concierto ya que su sonido se hacía perceptible por momentos.

Cantoria demostró ser un grupo sólido, que pese a que sus intérpretes estén todavía en formación, transmiten esas ganas de disfrute joven, difícil de ver a día de hoy en este repertorio. Todavía les queda un largo camino por recorrer pero auguro que serán modelo y referente para futuras agrupaciones vocales en España.