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CRÍTICA / Córdoba: grato programa romántico


Córdoba. Teatro Góngora. 30-V-2018. Orquesta de Córdoba. Director: Lorenzo Ramos. Obras de Grieg y Mendelssohn.

José Antonio Cantón

Apurando la recta final de su titularidad en la Orquesta de Córdoba (OC), que concluye la presente temporada, el maestro Lorenzo Ramos ha escogido un programa bastante del agrado del público con el que ha dejado una satisfactoria impresión. La primera parte del concierto estuvo ocupada por las dos Suites para orquesta Peer Gynt, Op.46 y Op. 55 de Edvard Grieg, con las que motivó y satisfizo la afinidad romántica de un auditorio mayoritariamente familiarizado con este estilo musical.

En este sentido hay significar que transmitió la creciente luminosidad que se desarrolla en la primera pieza, La mañana, acentuando todo el efecto seductor que contiene desde unas indicaciones de sinuoso gesto, que favorecía la transmisión de su atrayente melodía. Como contraste, el sonido de la orquesta reflejó desolación ante la muerte de Aase, madre del héroe, tema dramático en el que está basado el segundo episodio de la primera suite. En la Danza de Anitra, el director infundió un  aire vivo a su ritmo de mazurca, consiguiendo una ajustada conjunción de cuerda y triángulo. El carácter marcato que anima el pasaje final, En la gruta del rey de la montaña, favoreció a que la expresividad fuera creciendo en la orquesta hasta alcanzar un brillante final. 

Respecto de la segunda suite, es necesario valorar la entrega de la formación cordobesa en sus dos últimos números, describiendo, desde un cromatismo bien ajustado, la vuelta de Peer Gynt a casa navegando por un mar embravecido, para seguidamente hacer una deliciosa versión de la célebre Canción de Solveig, en la que se percibía el gusto con el que el maestro dirigió esta famosa pieza, sabiendo trasladar a la cuerda el carácter lírico vocal de su melodía con especial delicadeza.

La Primera Sinfonía en Do menor op.11 de Felix Mendelssohn, que ocupó la segunda parte, sirvió para que la orquesta subiera enteros en su capacidad de ejecución, siguiendo la buena lectura de su titular que, interpretando con destacada fluidez los postulados creativos de juventud que contiene esta obra, que el propio compositor llegó a reconocer, se pudo vislumbrar la sombra de Beethoven en su primer movimiento. En el segundo, Lorenzo Ramos tiró de recursos expresivos alcanzando uno de los momentos más hermosos de esta velada al conseguir que surgiera esa característica vena melódica del compositor.

En el minueto siguió un criterio clásico como si de música de Mozart se tratara, que llevaba a recordar al oyente al tercer movimiento de su Sinfonía núm. 40, K.550. La formación cordobesa mostró su agilidad en el contrapunteado tiempo final hasta concluir de manera bulliciosa la coda, dejando una complaciente sensación en el público. Terminó así el antepenúltimo concierto del maestro Lorenzo Ramos con la OC, quedando a la espera de sus dos últimas actuaciones con música de Beethoven, acompañando en la primera al pianista Juan Pérez Floristán en el Concierto "Emperador" junto con la Sinfonía "Heroica", y la última dirigiendo la "Novena", cerrando así la conmemoración del vigésimo quinto aniversario de la Orquesta de Córdoba.