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CRÍTICA / Brillante inauguración de "Málaga Clásica"


Málaga. Teatro Cervantes. 31-V-2017. V Festival Internacional de Música de Cámara. Pinchas Zukerman y Anne Margrethe Nielsen, violines. Jesús Reina y Matthew Lipman, violas. Amanda Forsyth y Oyvind Gimse, violonchelos. Obras de Glière, Kodály y Tchaikovsky.

Jose Antonio Cantón

En una primavera más, y van cinco, Málaga se convierte en capital de la música de cámara por medio del Festival Málaga Clásica, dedicado a la difusión, interpretación y disfrute de este género que no es tenido en cuenta por el público y programadores a pesar de la importancia que tiene y merece. Los violinistas Jesús Reina y Anna Margrethe Nielsen se propusieron, hace ahora un lustro, organizar unas jornadas dedicadas a este apartado de la música culta, contando con la participación de intérpretes de destacada solvencia técnica y contrastado prestigio musical, todos ellos unidos por un absoluto compromiso artístico, hecho que se ve estimulado por la amistad personal que mantienen entre ellos. En esta ocasión han contado con la actuación estelar de uno de los violistas más importantes de los últimos cincuenta años el telaviví Pinchas Zukerman acompañado por su esposa, la prestigiosa violonchelista canadiense Amanda Forsyth, que protagonizaron con brillante maestría la primera parte del concierto inaugural de esta edición, que lleva por lema general el título ''Cultura Gitana', con el que se quiere homenajear a esta etnia que, desde sus diferentes folclores nacionales, tanto ha aportado a la música europea en originalidad, ritmo y expresividad.

La conjunción musical del matrimonio Zukerman está instalada en esa superior y exclusiva dimensión propia de los grandes virtuosos. Esta realidad se percibió desde el primer momento de su interpretación de las Ocho piezas para violín y violonchelo op. 39 de Reinhold Glière, obra que, desde su supuesto destino didáctico, va más allá de tal intención, constatando la concentrada inspiración que demostró Glière en la composición de la microformas que la integran. Cada una significó una experiencia para músicos y público que, absorto, sentía en atento silencio una interpretación que tuvo sus momentos destacados en el misterioso preludio inicial, las dos danzas que le siguieron, una gavota y una berceuse expresadas con suma elegancia, así como el scherzo y el estudio que cierran esta sugestiva opus. 

La calidad estética de su actuación se vio incrementada con la interpretación del bellísimo Dúo para violín y violonchelo op. 7 de Zoltan Kodály, composición bastante próxima formalmente a las Invenciones a dos voces de J. S. Bach y, por tanto, de un marcado contrapunto semejante al que se da en bastante música renacentista. Asumidas estas premisas, Pinchas y Amanda dejaron la sensación de un solo instrumento de polifónica y extendida amplitud registral. La emoción llegó a su máxima expresión en el Andante central. Sus dos fugas hacían imaginar la figura de Bach, de modo especial la segunda, en la que la violonchelista acentuó el dramatismo que en ella propone Kodály. En la recapitulación de este movimiento, ambos intérpretes mostraron su más precioso virtuosismo dejando una sensación de gozosa plenitud en el oyente. Como si fuera una orquesta de cuerda fue la impresión que se percibió de ambos instrumentos en el Finale y el espectacular Presto que le sigue, donde estos excelentes intérpretes demostraron natural capacidad de diálogo desde un alambicado sentido musical, como volvió a demostrar particularmente la violonchelista al generar un sonido como imitando al del cromorno, fluyendo, a su vez, con singular gracia y natural destreza con el danzante carácter verbunko de su ritmo.

La velada alcanzó su máximo esplendor con el Sexteto de cuerda op. 70, "Souvenir de Florence", de Piotr Illich Chaikovski. La interpretación de esta hermosa obra, del mejor estilo postromántico, significó todo un análisis sonoro de su contenido, pudiéndose seguir sus líneas armónicas y sus entrelazas melodías con una claridad meridiana. Emocionalmente, se pudo disfrutar de toda la energía que encierra el animoso Allegro inicial, del obstinado efecto mágico ejecutado a punta d'arco por los seis intérpretes perteneciente al moderato contenido en su Adagio, del carácter balletístico del tercer movimiento, acentuado en el saltando alla polka de su trío central, así como del hermoso color y marcado contrapunto del Allegro vivace final, en el que era admirable la coordinación, destreza y entrega de los seis músicos, ante la belleza de esta obra tan singular del repertorio camerístico, que resume de manera magistral y concentrada el talento del gran compositor ruso. El público en pie respondió con un intenso y cerrado aplauso implementado con espontáneos y repetidos bravi como si se hubiera tratado de la mejor actuación operística imaginable, corroborando el gran inicio de este festival que cada vez más está llamado a ser una de las referencias musicales de la variada y rica vida cultural de la capital de la Costa del Sol.