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CRÍTICA / Beethoven heroico


Córdoba. Teatro Góngora. 07-VI-2018. Orquesta de Córdoba. Juan Pérez Floristán, piano. Director: Lorenzo Ramos. Obras de Beethoven.

José Antonio Cantón 

El último concierto de la presente temporada de la Orquesta de Córdoba (OC) contó con la participación de uno de los más sólidos valores emergentes de la interpretación musical de nuestro país como es el pianista sevillano Juan Pérez Floristán, con una obra señera dentro del gran repertorio como es el Concierto para piano y orquesta en Mi bemol mayor op. 73 "Emperador", una de las más famosas del músico de Bonn, que destaca por su sólida estructura, su esencial armonía, simple y a la vez grandiosa, y su ejemplar homogeneidad formal.

Estas características fueron expuestas con verdadero acierto por el solista desde la cadencia inicial, que determina los cimientos armónicos del Allegro con el que se abre la partitura, propiciando su impronta sinfónica, aspecto que tendría muy presente el director a lo largo de todo su desarrollo, respetando y realzando en todo momento su naturaleza concertante. Ambos se hicieron uno en la manera de desvelar el sentido heroico que quiere transmitir el compositor, manteniendo un estimulante diálogo de igual a igual que vino a tener su momento álgido en el enérgico final, realizado con calculada agresividad. 

El pianista llenó de espiritualidad la dicción del Adagio, haciendo que la sonante meditación que surgía del teclado generara un efecto de orante discurso musical en el oyente. El control emocional del que hizo gala dice mucho de cómo va creciendo la experiencia en este joven intérprete andaluz, que sabe siempre poner al servicio de la música sus amplios recursos técnicos. 

Fue muy interesante percibir su dominio de la simultánea métrica binaria y ternaria que el compositor da a cada mano en el rondó final, secreto que realza su irresistible ritmo, implementado por una excelente intervención de Cristina Llorens en los timbales, hasta la descendente dinámica del último pasaje a modo de extinguible coda antes de los heroicos acordes finales. Como bálsamo a tanta fuerza y tensión contenida, Pérez Floristán recurrió al Momento musical D 780 nº 3 en Fa menor de Franz Schubert, un moderado allegro que serenó las agitadas neuronas de los espectadores. Desde estas líneas, y con todo respeto, me atrevo a proponerle repare en la belleza de la Melodía húngara D 817 también de Schubert, él que cuida con tanto esmero la elección de sus bises, con los que siempre incrementa la admiración del público por su arte. Será una delicia poder escuchársela en alguna ocasión.

La genial Tercera sinfonía "Heroica" vino a corroborar el entendimiento que tiene Lorenzo Ramos del lenguaje clásico y por extensión de Beethoven. Quiso destacar las interacciones armónicas y expresivas del primer movimiento, hizo de su pasaje fugado el momento más destacado de la Marcha fúnebre, predisponiendo a su estremecedor final, al que contribuyeron los metales, de modo especial las trompas, con más eficacia de la que habían demostrado hasta ese momento en el concierto, hecho que se confirmó en el trío del Scherzo al que imprimió un contrastante ritmo. El Allegro final lo planteó como gran convicción en la idea musical y destreza en la forma de transmitirla, como quedó plasmado en sus intensos pasajes fugados antes de encaminar su conclusión, en la que la OC funcionó con gran empuje dinámico, recomponiéndose definitivamente el metal en la acelerada coda. Con este Beethoven heroico se despedía Lorenzo Ramos de la titularidad artística de la Orquesta de Córdoba, responsabilidad que ha detentado durante los últimos seis años.