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CRÍTICA / Bach, que estás en los cielos


Madrid. Iglesia de San Jerónimo el Real. 15-II-2018. Bach, Cantatas BWV 4, 131 y 18. Los Afectos Diversos. Concerto 1700. Director: Nacho Rodríguez. Concertino: Daniel Pinteño.

Eduardo Torrico

Hemos mal acostumbrado a nuestros oídos. Escuchan música en situaciones que se aproximan a la perfección: discos magníficamente grabados en equipos reproductores de sofisticada tecnología o conciertos en auditorios dotados de extraordinarias acústicas. Por eso se rebelan nuestros oídos frente a circunstancias que no son las habituales. Por ejemplo, cuando la música suena en espacios históricos, como puede ser una catedral o una iglesia. La interpretación puede ser tan buena como en una grabación discográfica o en un concierto en un auditorio moderno, pero nuestros oídos empiezan a ponerle pegas a las primeras de cambio, sin reparar en que no son los intérpretes los que no están  a la altura, sino la acústica.

El Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid (FIAS) ha vuelto a apostar por los espacios históricos. Se agradece, porque el ambiente es muy distinto al convencional de una sala de conciertos. Pero también lo es el sonido. El pistoletazo de salida de esta nueva edición del FIAS tuvo lugar anoche en la iglesia de San Jerónimo el Real —erigida por los Reyes Católicos en 1503—, con un programa integrado por tres cantatas de juventud de Johann Sebastian Bach. La interpretación fue, a mi entender, descollante en todos los aspectos (vocal e instrumental), pero la reverberante acústica del templo impidió un disfrute total de la música y de su interpretación. Es el precio que hay que pagar en estos casos. Y si nuestros oídos no son capaces de adaptarse a un sonido al que no están habituados, al menos hemos de pedir a nuestro cerebro un esfuerzo para que comprenda lo que están haciendo los músicos.

Bach compuso las cantatas Christ lag in Todes Banden BWV 4 y Aus der Tiefe rufe ich, Herre, zu dir BWV 131 en 1707, cuando solo contaba 22 años de edad. Gleichwie der Regen und Schnee von Himmel fällt BWV 18 data de 1713. Todas son del periodo de Weimar, acaso el más feliz de su vida. Pero allí los efectivos (cantantes e instrumentistas) de que disponía eran limitados. Nacho Rodríguez, director de Los Afectos Diversos, y Daniel Pinteño, director de Concerto 1700, recrearon para la ocasión fidedignamente lo que debió de ser la interpretación de estas cantatas en la capilla del duque Johann Ernst, patrón de Bach en Weimar: dos voces por parte en el coro; un poderoso bajo continuo formado por violonchelo, contrabajo, archilaúd, fagot y órgano, y un cuarteto de cuerdas altas, variable en función de cada cantata: dos violines y dos violas para la BWV 4, cuatro violas para la BWV 18, y violín, dos violas y oboe para la BWV 131.

Pese a esos momentos en que el tutti tapaba las voces (repito: culpa de la acústica, no de los intérpretes), todo funcionó a las mil maravillas, tanto en los pasajes corales como en las arias y los dúos. Sobresalieron la prodigiosa voz de la soprano Armelle Morvan, la finura del contratenor Jorge Enrique García, la resolución del tenor Diego Blázquez y el saber estar del experimentado bajo Jesús García Aréjula, todos bajo la enérgica y bien trabajada dirección de Rodríguez, que cuidó al máximo cada uno de los detalles. Oyéndolos, cualquiera diría que no eran alemanes. Hoy en día, por fortuna, los músicos españoles que se dedican a la música antigua se atreven con todo y todo lo hacen bien.

Pero más allá de las virtudes interpretativas y de las pegas acústicas, hay algo que siempre estará por encima de todo: la música de Bach, ante la cual todos empequeñecemos. Debería ser obligatorio escucharla de rodillas.