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CRÍTICA / Anna Fusek: Flautista por antonomasia


Granada. Auditorio Manuel de Falla. 28-IX-2018. Anna Fusek, directora, flauta, violín y piano. Orquesta Ciudad de Granada. Obras de Geminiani, Mozart, Telemann y Vivaldi

José Antonio Cantón

En la polifacética Anna Fusek encontramos una intérprete rara avis tanto en cuanto dirige, toca el violín y el piano, y verdaderamente canta con la flauta dulce de modo magistral. Este último instrumento es el suyo. Es con el que mejor expresa su ser musical, alcanzando tal grado de excelencia que rompe los esquemas experienciales del más avezado escuchante de su primitivo y particular timbre. No cabe sino felicitar a Andrea Marcon, director titular de la OCG, en su empeño, ahora conseguido, de contar con esta extraordinaria flautista en la programación de la orquesta granadina.

Para tan singular ocasión, se ha pensado en un concierto en el que se pudiera contrastar el estilo barroco, con obras de Geminiani, Vivaldi y Telemann, con una de las piezas concertantes más hermosas de Mozart como es su Concierto en Re menor para piano y orquesta, K466, que ocupó la segunda parte de la velada. Anna Fusek se aproximó a la estética que propone el genio de Salzburgo desde la delicadeza de pulsación, buscando llegar a la esencia de cada uno de sus tiempos adoptando una condensada expresión dinámica, como queriendo imaginar la acústica de una ideal sala para hacer música de cámara. Así hay que decir que dibujó ese drama sincopado con el que se inicia el primer movimiento, sabiendo extraer el sonido clásico que siempre ha caracterizado a la OCG, que asentara con personal distinción su segundo titular, Josep Pons, en sus primeros años de existencia. Parecía como si la orquesta se reencontrara consigo misma. Esta particularidad la supo aprovechar Fusek, sin disponer verticalmente el piano entre los músicos, como suele ser frecuente en estos casos en los que director y pianista coinciden en la misma persona, lo que posiblemente hubiera favorecido un diálogo más directo con los profesores. 

En el segundo movimiento romanzó con delicadeza hasta el pianissimo final conjugando las tenues y a la vez conmovedoras tensiones mozartianas con marcada elegancia. Problemas de limpieza, articulación y fraseo en el teclado no fueron óbices ante la musicalidad de su discurso. Destacó en el alegre rondó final, acentuando el carácter dramático de su mensaje hasta su particular acorde final, donde Mozart apunta, una vez más, su genialidad creativa, aspecto que supo traducir Anna Fusek con académico estilo. Sin duda, la Romanza fue uno de los momentos más sobresalientes del concierto, que tuvo su refrendo estético en el planteamiento del bis ofrecido; el segundo movimiento, Largo, del Concierto BWV 1056 en Fa menor de Johann Sebastian Bach.

En la primera parte de la velada esta intérprete checa dejó constancia de su nivel violinístico con una obra de interesante gradación técnica, dada la progresividad estructural y armónica de sus variaciones, como tiene el Concerto grosso nº 12 en Re menor, Op.5 "La Follia" (di Spagna) de Francesco Geminiani y que, dada su implícita repetición temática, tiene agradable escucha.

Mucho habría que decir del portento de Anna Fusek como intérprete con la flauta de pico. En todo caso es necesario ponderar la limpieza de su fraseo, su dominio de articulación, su precisión de soplado, que le permite un amplia paleta dinámica y tímbrica y, de modo especial, su manera de jugar con la percepción del oyente al llevar a que éste imagine y sienta un misterioso efecto polifónico de extraña explicación, dada la naturaleza monódica de este instrumento. 

Después de una impecable recreación de la Suite para flauta, arco y continuo en La menor TWV 55:a2 de Georg Philipp Telemann, produjo asombro la interpretación de carácter pastoril que dio al Cantabile, movimiento central del Tercer Concerto en Re para flauta, cuerdas y continuo, "Il gardellino", RV 428 de Antonio Vilvaldi. El sentido arioso expresado en este pasaje es de los que dejan huella en la melófila memoria, de inefable calificación por su belleza en la imitación del canto del jilguero. Junto al danzarín y vigoroso Allegro final, fue el momento culminante de un concierto bien pensado en su contenido, lucido en su actuación y muy complaciente para el gusto del oyente, cualidades que se dieron en este primero de abono de la temporada de la OCG, todo un referente de la cultura y la música de Granada, que está sufriendo al límite una grave situación económica y, consecuentemente funcional, al llevar años inadecuada e insuficientemente entendida y atendida por las instituciones públicas que la consorcian.