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CRÍTICA / Anastasia Vorotnaya: Creciendo con depurada escuela


Córdoba. Conservatorio Superior de Música. 15-XI-2018. XVII Festival de Piano Rafael Orozco. Anastasia Vorotnaya, piano. Obras de Franck, Prokofiev y Rachmaninov.

José Antonio Cantón

Con un programa interesante se presentaba en el Festival la joven pianista rusa Anastasia Vorotnaya, alumna de Dimitri Bashkirov en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, haciendo gala de un control emocional que ya podía intuirse desde su salida al escenario. Para iniciar su actuación escogió una obra muy singular del periodo romántico el Preludio, Coral y Fuga de César Franck, que para el intérprete implica ciertas dificultades en concepto previo y posterior exposición. Ambos aspectos unidos los afrontó con manifiesta serenidad como manteniendo a cierta distancia expresiva la aparición cíclica de su tema y su consiguiente transformación en cada una de las tres partes de este tríptico. Daba la sensación de una lectura destinada a asegurar digitación y precisar articulación sin entrar en el fondo dramático lisztiano que contiene dado su limitado grado de atención meditativa, actitud necesaria para contrastar en su interpretación la monumentalidad de su arquitectura organística con las sutilezas necesarias que pide la exposición de su rico cromatismo.

La segunda parte la completó con la Segunda Sonata en Re menor op. 14 de Sergei Prokofiev. En ella manifestó un mayor grado de identificación, diferenciando la variedad estilística de su primer tiempo y contrastando el ritmo inicial del Scherzo con la ligereza danzante de su segundo tema, que expresó con sutil elegancia. Mostró apreciable capacidad meditativa en el Andante, sabiendo expresar esa especie de politonalidad que subyace en sus pentagramas con gran concentración y determinante tensión. Finalmente, tendiendo siempre a asegurar la ejecución, leyó con dosificado staccato el Vivace que cierra esta sonata, faltándole algo del electrizante dinamismo que requiere el carácter de toccata que tiene este movimiento tan característico de la música para piano de Prokofiev.

La segunda parte del recital la ocupó con los Seis momentos musicales op.16 de Sergei Rachmaninov, conjunto de piezas en las que demostró su identificación con la música de este compositor, lo que le sirvió para desarrollar su mejor virtuosismo como el que manifestó en el "preciosístico"Andantino. Esta capacidad se percibió aumentada en el cromatismo que contiene el Allegretto que le sigue. Cantó con lirismo el tercero, llegando a acentuada concentración en el staccato que precede a su declinante final. Mostró su mejor mecanismo de la mano izquierda en el Presto, un verdadero reto para cualquier pianista que se precie, y volvió a ofrecer su más expresivo melodismo interpretativo en el Adagio sostenuto antes de afrontar la abigarrada y abrumadora épica del último momento musical, que sirvió para dejar la sensación en el oyente de que, con buen criterio, Vorotnaya sabe priorizar el sentido musical ante la espectacularidad que ofrece siempre el más desarrollado mecanismo posible. Esto significa que está en el buen camino de su individuación como pianista.