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CRÍTICA / Alla zingarese


Málaga. Teatro Cervantes. 04-VI-2017. V Festival Internacional de Música de Cámara Málaga Clásica. Salvador Esteve, Anna Margrethe Nielsen y Jesús Reina (violinistas), Paul Neubauer (viola), Alberto Martos y Oyvind Gimse (chelistas), Adrea Amat (flauta), Josu de Solaun (clave) y Tilman Krämer (piano). Saray Cortés y Antonio de Verónica (bailaores). Obras de Brahms, Dohnányi y Telemann.

José Antonio Cantón

Con este título, basado en el último movimiento del Cuarteto para piano y cuerdas nº 1 en Sol menor op. 25 de Johannes Brahms, fue denominado el concierto de clausura del Festival Málaga Clásica que, con una notable asistencia de público, ofreció un programa en el que la música popular húngara fue su motivo de inspiración. La Sonata trío para flauta violín y bajo, TWV 42:a4 "Gitano" de Georg Philipp Telemann abrió la velada, produciéndose desde su inicio, un exquisito diálogo entre la flautista Andrea Amat y el violinista Salvador Esteve, bien secundados en el bajo continuo por Alberto Martos al violonchelo y Josu de Solaun al clave. Todos dieron la sensación todos de un muy bien avenido estilo improvisado, lo que dio a su interpretación una frescura verdaderamente notable, sin que se perdiera en momento alguno el carácter concertante de la obra, que fue expuesta con gran virtuosismo por parte de cada uno de los músicos.

La Serenata para trío de cuerda en Do mayor op. 10 de Ernó Dohnányi, una de las obras de cámara más famosas y reconocidas de este compositor húngaro por su belleza y exigencia en el plano instrumental, sirvió para dejar claro el nivel de compromiso estético que se planteó su ejecución el trío formado por Nielsen, Neubauer y Gimse. En la Marcha que abre esta composición se pudo percibir el delicado tratamiento con el que los tres músicos expusieron su discurso, en el que lo clásico y lo moderno funcionaron con resuelta eficacia tanto en color como en canto.

La interpretación fue creciendo en interés con el aire de balada dado a la Romanza, precipitando la aparición del tercer episodio, un vivaz y rápido Scherzo. Aprovechando su acelerado ritmo fugado, los músicos remarcaron el carácter de improvisadas formas zíngaras en el que se sustenta. Con suma gracia y elegancia transmitieron el Tema con variaciones, destacando en la cuarta, donde rompieron con el pausado discurso de este movimiento epigrafiado como Andante con moto. El sentido alla'ungarese se apoderó del Finale, pasaje último de la obra que le sirvió para apuntar el mejor estilo "haydniano" en el que está inspirada esta serenata. Sin duda fue una de las actuaciones más hermosos del festival por su alto grado de esencia camerística tanto en expresividad como en musicalidad.

La gran composición del programa fue el Cuarteto op. 25 de Brahms, verdadero broche de oro del festival. El grupo formado por Reina, Neubauer, Gimse y Krämer logró una versión realmente proporcionada a la importancia de esta extraordinaria y verdadera obra maestra de la música de cámara del periodo romántico. Así acentuaron su capacidad declamatoria en el Allegro, como se pudo apreciar en el segundo tema, y en las combinaciones contrapuntísticas de la reexposición. Los músicos interpretaron con nocturnal lirismo el Intermezzo al impregnarlo de animada dulzura. El estilo cantabile se hizo presente en el Andante con moto hasta llegar a su animado episodio central, al que imprimieron un sentido orquestal apoyado por un excelente realce polifónico del piano pulsado por Tilman Krämer, gran conocedor de los secretos pianísticos "brahmsianos", como lo demuestran algunas magníficas grabaciones suyas de la obra del gran compositor hanseático.

El Rondo alla zingarese, que cierra este cuarteto, fue apasionadamente ejecutado, lo que provocó una también apasionada reacción del público en una ovación que sólo fue superada posteriormente con la actuación, no prevista inicialmente en el programa general del festival, de los bailaores Saray Cortés y Antonio de Verónica, que pusieron la nota colorista a la jornada de clausura, bailando el Zapateado de Sarasate y la violinística versión "kreisleriana" de la Vida Breve de Falla, danzas con las que auditorio llegó a un delirante aplauso. Se concluía así la quinta edición de Málaga Clásica, festival que está consolidado como una de las citas obligadas de la cada vez más interesante vida musical de la capital malagueña.