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CRÍTICA / ALICANTE / Y Bach se manifestó en el laúd, por José Antonio Cantón


Alicante. Auditorio ADDA. 02-III-2019. Nigel North, laúd. Obras de Bach

José Antonio Cantón

El quinto concierto de los nueve que integran el programa del ciclo La Guitarra VII que organiza el ADDA en colaboración con el Máster en Interpretación de Guitarra Clásica de Alicante ha contado con la participación de uno de los más grandes maestros del laúd en las últimas décadas como es el británico Nigel North que, con dos colegas norteamericanos, Hopkinson Smith y Paul O'Dette, forman ese tríada insuperable de intérpretes que han revalorizado en las últimas décadas la significación de tal instrumento de cuerda pulsada, otorgándole un singular protagonismo dentro del repertorio de música del renacimiento y del barroco.

El recital lo inició el laudista londinense con la transcripción de la Partita para flauta travesera BWV 1013 de Johann Sebastian Bach, autor al que estaba dedicado íntegramente el programa. El alto virtuosismo que requiere la interpretación de la obra original quedaba como desapercibido en el trasteo y tañer del North haciendo que parecieran fáciles los ornamentos en su articulación, de manera sugestiva en la Corrente, donde el legato de las semicorcheas y los grandes saltos interválicos, antes del movimiento perpetuo de su parte final, los hacía
con una naturalidad que sólo puede surgir desde el dominio de un lenguaje asumido como propio. Después de la serenidad con la que tocó la zarabanda, parecía superarse en la curiosa Bourrée inglesa, transmitiendo una manifiesta sensación de gozo.

La actuación continuó con una deliciosa transcripción de la Sexta suite para violonchelo en Re mayor BWV 1012, con la que se pudo admirar cómo este gran músico sabe adentrarse en el sentido que Bach dio a cada una de las danzas que la integran, equilibrando ritmo y melodía en el preludio que la abre, dando una sensación de gran improvisador en la Allemande, imprimiendo ligereza de aire a la Courante y asincopada  progresión a la zarabanda, cierto sentido animado a la dos gavotas para terminar con una exposición briosa de la giga final. El público, en gran parte muy entendido, supo con su intenso aplauso corresponder ante el arte de Nigel North, sabedor de que estaba siendo testigo de un acontecimiento musical.

El sonido del instrumento adquiría una especial expresividad en la obra catalogada BWV 996, una preciosa suite escrita para ese curioso instrumento híbrido entre clave y laúd llamado Lautenwerk y del que se ha llegado a afirmar que Bach tuvo un ejemplar. En el preludio de su apertura, el intérprete fijó con sutileza imitativa su discurso. Quiso contrastar la Allemande con la Courante subsiguiente, realzando la ornamentación que ésta contiene, para expresar con cierta serenidad la Sarabande antes de las danzas finales, remarcando el aire festivo de la Bourrée y desgranando el contrapunto que exige la giga final. El concierto siguió así en una línea ascendente de interés para el oyente, que quedaba absorto ante la delicadeza y finura de un sonido que es sólo patrimonio de los intérpretes en los que autoridad, magisterio y excelencia se funden en una misma realidad vital.

Todo un catálogo de sensaciones musicales fueron transmitidas en la ejecución de la Partita en Mi mayor BWV 1006a, originariamente escrita para violín solo. Sin entrar en los detalles de sus ocho partes, hay que reconocer que su escucha significó toda una experiencia para el espectador, que sentía cómo el laúd adquiría una dimensión impensable para enriquecer el discurso lineal y cuasi monódico de esta obra, llegando a su culminación en la Bourrée y Guigue finales en las que Nigel North, sin perder en momento alguno su serena y hasta mística compostura, hizo que volara su tañido con animada celeridad, imprimiendo con contrastado efecto un especial brío a su ejecución. Se cerraba así uno de los recitales que seguramente serán recordados por la naturalidad de su musicalidad, propiciando que el espíritu de Bach surgiera y se manifestara en el sonido del laúd.