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CRÍTICA / Alicante: La guitarra como protagonista


Alicante. Auditorio de la Diputación de Alicante. 10-XI-2018. Manuel Barrueco y Juan Manuel Cañizares, guitarras. Claudio Constantini, bandoneón. Ginesa Ortega, cantaora.David Romero, bailaor. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Director: Josep Vicent. Obras de Ginastera, Falla, Piazzolla y Rodrigo.

José Antonio Cantón

Dentro del séptimo ciclo de conciertos que el Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) dedica a la guitarra en la presente temporada, tenía especial interés el que iban a protagonizar dos de los actualmente más prestigiosos intérpretes de este instrumento: Manuel Barrueco y Juan Manuel Cañizares, junto al bandoneonista limeño Claudio Constantini y las figuras del flamenco Ginesa Ortega y David Romero. Estos intervinieron en un programa de gran atractivo para el público, claramente pensado para divertir a la vez que emocionar y prender al oyente en su montaje, con una iluminación que, junto a las tomas de video y las ilustraciones para el Amor brujo de Manuel de Falla —creadas por el reconocido dibujante Sagar Forniés y que se proyectaban en el fondo del escenario—, que hizo que la actuación adquiriera una dimensión de espectáculo de sonido, luz y color que generó absoluta atención.

Las Danzas del Ballet "Estancia" op. 8a del argentino Alberto Ginastera fue la primera obra interpretada predisponiendo con sus ritmos a una tensión de escucha que se mantendría durante toda la velada. Así ocurrió de modo destacado en la primera y cuarta a las que el maestro Josep Vicent imprimió gran vitalidad, provocando los primeros bravos de la noche. Siguió esa obra tan singular y a la vez universal de nuestro repertorio como es el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo tocado por Juan Manuel Cañizares, uno de los más reconocidos guitarristas flamencos de las últimas décadas. Su concepción de la obra hace que ésta se cargue de una energía folclórica realmente sugestiva como la expresada en los adornos y escalas del Allegro inicial, a los que respondía la orquesta desde su plena identificación estética con los postulados transmitidos por el director.

Quedó de manifiesto su sentir jondo en la cadenza del segundo movimiento así como en su resolutiva coda. Los aires populares que destacaba el guitarrista en el último allegro concertaron con estimable grado de fantasía con la idea del maestro Josep Vicent, que percibía cómo su mensaje era entendido por los profesores de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) siempre atentos a sus indicaciones de diálogo. El público, pródigo en aplausos, ya que los realizaba a la terminación de cada movimiento, estalló en bravos generalizados, identificándose con esta admirada obra y su interpretación.

La segunda parte se inició con una excelente interpretación del Doble concierto para bandoneón, guitarra y orquesta de cuerda de Astor Piazzolla titulado por el autor Hommage à Liège, ya que fue estrenado en dicha ciudad belga el año 1980 dentro de la programación de su festival de guitarra por la Orquesta Filarmónica de Lieja, bajo la dirección del cubano Leo Brouwer, uno de los más grandes compositores para guitarra de la historia. La sustancial conjunción Barrueco, Constantini y Josep Vicent estuvo presidida por una enorme musicalidad, sabiendo sacar en cada pasaje de sus tres movimientos las disonancias distendidas, el fluido contrapunto y el circulante bajo como sustento de las fugaces secuencias armónicas, cualidades tan características en este sublimador de la música argentina, de modo exquisito en la Milonga central, eje sensitivo de esta obra. Fue una interpretación verdaderamente de referencia. 

Para elevar el ya de por sí gran interés del programa, Josep Vicent ha pensado una versión bien implementada de sentimiento jondo de la suite para orquesta El amor brujo de Falla, dada la participación de la cantaora Ginesa Ortega, sabedora desde hace décadas de su papel protagonista en esta gitanería, enriquecido con las evoluciones del bailaor David Romero, de modo relevante en sus tres danzas tan características, siendo la Danza ritual del fuego la que arrancó un inevitable aplauso de entusiasmo. Josep Vicent, con una fidelidad plena al contenido musical de esta singular y a la vez universal creación de Falla, ha encontrado una vía intermedia entre el ballet original de 1915 y la suite orquestal ensamblada por el compositor un año después, que es la que se ha impuesto en las salas de concierto. Con esta novedosa sutil versión ha querido enriquecer el resultado orquestal, estimulando la imaginación que sobre la gitanería original pueda tener el oyente, acentuando así el mágico duende de esta genial composición.

Sólo desde un conocimiento al detalle de esta obra se puede hacer este tipo de montaje, que resultó estar lleno de expresión por su trascendente realismo andaluz y la autenticidad de ese sentir gitano que la sustancia, sabedor de su significativa sensualidad dramática, que ha de ser siempre expresada con una perfecta concisión estilística. La ÖSRM, entendiendo su mensaje, respondió convencida de los planteamientos del maestro, seguro en gesto tanto en tempo como en dinámica, lo que facilitó la muy destilada puesta en escena que resultó ser implemento esencial que favoreció su excelente recreación musical. Terminaba así un concierto acertadamente pensado para celebrar el "Día de la Guitarra Española" con el que el ADDA homenajeó a nuestro muy singular instrumento patrio.