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CRÍTICA / ALICANTE / Fría perfección técnica, por José Antonio Cantón



Foto: Rafa Martín/Ibermúsica

Alicante. Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA). 18-II-2019. Javier Perianes, piano. Director: Juanjo Mena. Obras de Beethoven y Mozart.

José Antonio Cantón

Es un privilegio contar en el escenario del ADDA con una de las mejores orquestas de Europa como es la Filarmónica de Londres y uno de los pianistas españoles de mayor presencia y éxito en el panorama internacional como es Javier Perianes. Su actuación ocupó el décimo programa del ciclo
sinfónico de la presente temporada, en el que se interpretaba a dos de los más grandes compositores de la historia; Beethoven y Mozart. Del primero se pudo disfrutar del Primer concierto para piano y orquesta op. 15 y del segundo, la obertura de la ópera Don Giovanni y la Sinfonía nº 39  K. 543.

Con un sonido realmente brillante, la orquesta empezó la interpretación de la obertura siguiendo con precisión musical, aunque con frío aporte emocional, las indicaciones de un director confiado a la perfección de automatismo de esta formación británica, verdadera máquina de generación de sonido musical, muy experimentada en este repertorio que ha debido tocar en cientos de ocasiones. El pathos que contiene esta obra, donde se oponen la execrable vitalidad del protagonista y la muerte, quedó diluido ante una factura irreprochable en lo técnico pero escasa de esa magia necesaria para atrapar al oyente más allá de su atención y mera complacencia.

Esa circunstancia fue felizmente interrumpida por la presencia de Javier Perianes interpretando la obra concertante. Asumió su protagonismo desde el primer momento girándose hacia la orquesta, en la introducción del primer movimiento, como retándola a sostener un diálogo del que a la postre resultó ganador. Así hay que entender sus esclarecidos arabescos del primer movimiento, como si quisiera con ellos estimular la respuesta orquestal que se mantenía en esa perfección cuasi-robótica. En el segundo apareció una de las cualidades más sobresalientes de este pianista cual es su capacidad de canto, adueñándose absolutamente de la atención del público. Como si de un cantante de lied se tratara, cargó de significación lírica su pulsación, sabiendo jugar con las dinámicas, balances y contrastes que pide el discurso de este tiempo. Sólo fue equiparable a su ejecución la sensibilidad que ofreció el primer clarinete en su cometido de equilibrar la conversación musical con el solista. La mejor técnica de éste apareció en el rondó final. La brillantez que desarrolló en él confirma el absoluto dominio de concepto que Perianes tiene sobre el repertorio concertante beethoveniano, que tuve la suerte de escucharle hace años en una admirable integral con la Orquesta de Córdoba bajo la dirección de su entonces titular Manuel Hernández Silva, maestro que con la ONE abrió con gran éxito la pasada temporada sinfónica 17/18 del ADDA. Ante el reconocimiento del público, abundó en sensibilidad musical con una lenta y ensimismada interpretación del Nocturno op. 54-4 de Edvard Grieg, una de las páginas más preciosas perteneciente a su amplia colección de Piezas líricas. El instrumento, bien afinado y equilibrado en entonación tímbrica, respondió en esta ocasión a diferencia de algunas citas anteriores.

La frialdad de la perfección técnica volvió a hacerse presente en la ejecución de la antepenúltima sinfonía de Mozart que ocupó la segunda parte de esta velada. Juanjo Mena no llegaba a estimular la expresividad de los músicos británicos, que manifestaban un paradójico automatismo ante sus incesantes indicaciones en este sentido, esforzándose en dibujar su discurso con una gesticulación a veces excesiva e innecesaria. Su cinesis servía de poco ante la hierática emocionalidad de esta gran orquesta, cualidad que sí funcionó para que realizara una magnífica versión hace unas semanas de La consagración de la primavera de Igor Stravinsky con la Orquesta Joven de Andalucía y la Orquesta de la Fundación Barenboim-Said, formaciones que creyeron y se involucraron en la indiscutible capacidad de conducción de este muy merecido Premio Nacional de Música en Interpretación del año 2016.