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CRÍTICA / Alegre y divertido estreno


Córdoba. Gran Teatro. 15-VI-2017.  Orquesta de Córdoba. Director: Lorenzo Ramos. Obras de Beethoven y Miquel Ortega.

José Antonio Cantón

El último concierto de la temporada de abono de la Orquesta de Córdoba (OC) tuvo como aliciente el estreno absoluto de la Suite de danzas iberoamericanas de Miquel Ortega, encargo del maestro Lorenzo Ramos con motivo del vigesimoquinto aniversario de la OC, de la que el compositor es principal director invitado. Está pensada para la plantilla de dicha formación que, en gran medida, sigue manteniendo la estructura original que le dio su fundador, el gran compositor, guitarrista y director cubano Leo Brouwer. Este hecho es un factor favorable para las ideas musicales que contiene la obra, que consta de una introducción y cinco danzas basadas en los bailes más representativos de Argentina, Colombia, México, Brasil y Cuba.

Se inicia con una Introducción que toma como motivo la famosa Chacona a la vida bona del compositor catalán del siglo XVII Juan Arañés, punto de partida emocional de esta composición, marcada por un acentuado sentido de alegría y por un divertido ánimo. Miquel Ortega ha condensado tales emociones con especial elegancia en este introito, apuntando algunas fantasías sonoras que tienen mayor presencia y protagonismo en las danzas subsiguientes. Ha querido así predisponer al oyente a las cascadas rítmicas de cada uno de los episodios ulteriores, que tiene su inicio con la zamba argentina, marcando en ésta un expansivo compás ternario que, en  algunos momentos, parecía disolverse en su discurrir  para irse reencontrando sucesivamente en sus vueltas, medios giros y arrestos festivos danzantes plásticamente llevados a la imaginación del oyente, y así hasta su conclusión. Como contraste, Ortega dispone la cumbia colombiana a continuación, complementado su sentido galante con la intensa percusión que pide su ritmo, muy bien activado por las dos excelentes percusionistas de la OC, Cristina Llorens y Carolina Alcaraz. 

Con el Corrido mejicano, Ortega ha querido mantener el carácter poético de su música, distanciándose del sentido épico y orientación heroica que esta danza fue adquiriendo durante la Revolución Mexicana, y sí mantener un aire divertido, perfectamente identificable para un familiarizado escuchante de sus ritmos. La página más elaborada es, sin género de duda, el choro brasileño. Su mayor extensión y la diversidad de ideas que contiene tienden a darle cierta autonomía sobre el resto de la obra, de ahí la posibilidad de ser interpretada aisladamente. La predisposición de esta danza a contener improvisaciones, Ortega la tiene en cuenta, incluyendo la intervención del saxo tenor en contraposición a una equilibrada sección de cuerda, consiguiendo un admirable contraste tímbrico, como también ocurre en menor medida con otros solistas de la orquesta. Se puede afirmar, desde una primera escucha que, de toda la suite, es la página más inspirada y de mayor complejidad técnica compositiva. Para terminar, el Mambo cubano, con el que el compositor ha querido realzar su sincopada esencia rítmica con elocuente sabor sensual y marcada elegancia, dos elementos sustanciales por los que esta danza se encuentra entre las más atractivas del folclore latinoamericano. El maestro Ramos, la orquesta y el público gozaron de este estreno, contentos y alegres ante la festiva efusión de música y sonido.

Acertadamente, la segunda parte del concierto estuvo ocupada por otra obra singularmente conectada con el mundo de la danza como es la Séptima Sinfonía op. 92 de Beethoven. El maestro Ramos posee un conocimiento de la obra tanto en el aspecto analítico como en su ámbito sonoro muy superior a cómo transmite cinéticamente tal entendimiento a músicos y público. Por experiencia de trabajo y sentido musical, la OC sacó el máximo partido de sus indicaciones, siempre precisas aunque invariablemente mantenidas, lo que significa un grado de hándicap para el lucimiento "escénico", cualidad que nunca debe ser desconsiderada y superflua en un director musical. Con  todo, el resultado final fue una interpretación ajustada a cánones en lo estilístico y con manifiesta expresividad en sonido y discurso, volviendo a destacar la buena interpretación de la percusionista Cristina Llorens.