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CRÍTICA / Adiestramiento y entendimiento


Córdoba. Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco. XVI Festival de Piano Rafael Orozco. 23-XI-2017. Jianing Kong, piano. Obras de Beethoven y Chopin. 24-XI-2017. Daniel del Pino, piano. Obras de Albéniz y Liszt.

José Antonio Cantón

Estas dos realidades han marcado la diferencia de las actuaciones del pianista cantonés Jianing Kong y del destacado concertista español Daniel del Pino, que han actuado en las jornadas sexta y séptima de Festival, respectivamente. El primero, galardonado con el tercer premio del XVIII Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O'Shea, se presentaba con dos sonatas de Beethoven, Pastoral y Tempestad, que supusieron un cierto cambio de paradigma en el repertorio sonatístico del gran compositor alemán. Desde el inicio de la primera se pudo percibir una pulsación que impactaba en el teclado más que ahondar en él, con el consiguiente efecto sonoro que comporta, al cortocircuitarse la línea que ha de existir entre el cerebro y el instrumento. Un hecho que denota cómo este pianista se encuentra en una fase de adiestramiento formal, distanciado aún de la deseable consolidación de un criterio interpretativo en el que técnica y musicalidad vayan unidas en una respuesta unívoca. Esta aptitud se dio a lo largo de toda la actuación, haciéndome recordar el principio de Carl Philipp Emanuel Bach cuando de su Ensayo sobre el verdadero arte de tocar los instrumentos de teclado se puede extraer una frase suya esclarecedora: Toca con el alma, ¡no como un pájaro adiestrado!.

La mera formalidad de un dominador técnico del teclado quedó patente desde el inicio del recital, que no impidió que aparecieran aspectos de inestable musicalidad, ya que Jianing Kong buscaba más asegurar el discurso desde un punto vista métrico que crear un auténtico tempo estético global de la obra, como se pudo apreciar en la escasa solución armónica a los pasajes de tránsito, la frialdad de articulación en los adornos, y la irregular utilización del pedal como ocurrió en la Sonata nº 15, op. 28. Otro tanto vino a suceder en el precioso Allegretto de la Sonata nº 17, op.31 en la que fue escasa la exposición de matices ante la necesaria regulación de voces que pide este movimiento.

En las Cuatro Mazurcas, op. 41 de Chopin se limitó a una lectura de estudio, sin llegar a descubrir el particular danzante secreto saltarín de cada una de ellas, lo que dio al conjunto un efecto de monótona falta de gracia. Igual resultado se produjo en la interpretación del Impromptu nº 2, op. 36, de modo especial en las ráfagas de la mano derecha que tiene su final, así como en las simultáneas caídas de la mano izquierda que están llamadas a protagonizar un contrapunteado canto. Mejoró su interpretación en la Segunda Sonata, op. 35, reflejando un entendimiento estándar de la "Marcha Fúnebre". Tanto en el Finale-Presto como en el bis que ofreció, Estudio nº 1, op.25, no pasó de una adiestrada lectura sin trascender el mensaje, dejando la sensación de que tiene pendiente una amplia tarea por hacer en su incipiente ya laureada carrera.

Caso diferente es el de Daniel del Pino cuando ya planteó su recital con la idea de explorar y anteponer el pensamiento estético de dos de los más grandes compositores que han existido de música para piano; Isaac Albéniz y Franz Liszt. Del primero interpretó tres piezas de la Suite Española, op.47, destacando el estilo fantástico con que tradujo Aragón, intención que fue acentuándose a lo largo de la obra hasta concluirla de modo brillante. Continuó con el Segundo Cuaderno de Iberia, percibiéndose el profundo análisis que el pianista tiene de sus tres piezas; Del Pino supo cantar la malagueña que contiene Rondeña con exquisito gusto, disfrutó con adecuada indolencia expresiva la variada temática que contiene Almería y trató con intensa audacia la estructura disonante que encierra la temperamental Triana, consiguiendo con ella la mejor interpretación de este segundo grupo de obras de Albéniz.

Lo más interesante de su actuación estaba por venir dados su excelente comprensión y sólido entendimiento de la música de Franz Liszt. Para ello se sirvió de las cuatro últimas piezas que componen el cuaderno dedicado a Italia contenido en el Segundo Año de Peregrinaje. Daniel del Pino supo trascender el mensaje estrictamente musical del Soneto 47 de Francesco Petrarca para situar la felicidad que desprenden sus versos en un marco artístico superior. El indeciso y entrecortado inicio del Soneto 104 lo interpretó con un sentido suprapoético en el que los encontrados sentimientos que encierra quedaron apaciguados al final de la obra con reconciliadora serenidad. Su recreación del Soneto 123 fue todo un hallazgo sensitivo musical tanto por el planteamiento contemplativo de su discurso como por la derivación mística con la que expresó su conclusión. Un verdadero ejercicio intelectual significó su versión de la Fantasía quasi sonata - Después de una lectura de Dante, que cerraba su programa. Todo el ampuloso tratamiento orquestal que exige Liszt en esta obra fue resuelto con una técnica precisa y preciosa, desafectada de todo amaneramiento, reflejando ese aire de improvisación que contienen sus compases, sabiendo contraponer con gran eficacia estilística la tensión entre forma sonata y suite cíclica, germen éste de la naturaleza descriptiva del poema sinfónico, cuyo sentido fue muy bien reflejado por este magnífico recreador musical que es Daniel del Pino.

Su generosidad con el público le llevó a tocar como bis la Andaluza de Enrique Granados, que sirvió para romper con las tensiones lisztianas y así relajar, con la elegante amabilidad de esta guitarrística pieza, la atenta percepción de un público que pudo admirar el sólido conocimiento estético interdisciplinar de este pianista, que ya tratadistas como John Locke en el siglo XVII o Steven Pinker en la actualidad, desde sus distintos enfoques, valoraron extensamente dentro del tratado del entendimiento humano, en el caso del importante empirista británico, y dentro de los aspectos del funcionamiento del cerebro que explora el audaz psicólogo experimental canadiense.