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CRÍTICA / ADDA-SIMFÒNICA: creciendo en musicalidad


Alicante. Auditorio de la Diputación. 11-I-2019. Varvara Nepomnyashchaya, piano. ADDA-Simfònica. Director: Yaron Traub. Obras de Brahms y Mendelssohn.

José Antonio Cantón

El segundo concierto de la nueva orquesta ADDA-Simfònica del Auditorio de Alicante, después de su presentación el pasado diciembre, ha estado dedicado a dos de las grandes figuras del Romanticismo alemán, Brahms y Mendelssohn, que tienen en común haber nacido en la ciudad hanseática de Hamburgo y haber aportado a la música obras de referencia como fueron las que se interpretaron en esta muy esperada velada, que venía implementada por la presencia de una de las pianistas emergentes más interesantes del panorama internacional como es la moscovita Varvara Nepomnyashchaya [en la foto], bajo la dirección del maestro Yaron Traub, toda una garantía en el pódium.

Fue el Scherzo en Sol menor perteneciente a El sueño de una noche de verano de Mendelssohn con el que se inició el concierto, pudiéndose apreciar de inmediato el progreso de esta nueva formación orquestal que, con sólo pocos meses de existencia, crece por encontrar esa personalidad de sonido que la identifique y determine como instrumento. En este sentido, ha sido verdaderamente notable el trabajo realizado por Yaron Traub. Éste, con su diáfana forma de construir la música, ha propiciado esa interacción entre los componentes de la orquesta que ha permitido que el rebrincado aire de este pasaje quedara perfecto en esa particular urdimbre que pide el compositor entre los instrumentos de madera y cuerda, estimulados por unos timbales que parecían ser los guardianes de su tensión dinámica y vivaz rítmica, aspectos llevados por el director con suma elegancia hasta el decaimiento final de la alegría que irradia este afiligranado episodio musical shakespeariano.

La orquesta tuvo que cambiar de mentalidad ante la gravedad conceptual de la segunda obra del programa; el Primer concierto para piano y orquesta en Re menor op. 15 de Brahms, todo un referente del repertorio concertante. La expectación era máxima ante Varvara después de la larga introducción del primer movimiento. El encadenamiento interválico con el que irrumpió en este Maestoso fue correcto en la dicción así como de manifiesta frialdad en la emoción, lo que llevó a Yaron Traub a atemperar tensiones en el diálogo, amortiguando vehemencia en los pasajes más decisivos y equilibrar aquellos otros líricos en los que la pianista se sentía más cómoda. Es así como en el Adagio central pudimos disfrutar de las mejores cualidades de esta intérprete. Como si quisiera materializar en sonidos todo el mensaje litúrgico que encierra la cita "Bendito sea el que viene en nombre delSeñor", con la que el compositor quiso posiblemente recordar en el manuscrito al inicio de este tiempo a su queridísimo Robert Schumann, años antes fallecido, la pianista cargó de un sentimiento doloroso su discurso haciendo que el carácter meditativo fuera creciendo en expresividad hasta ese momento central en que piano y orquesta alcanzan un alto grado de tensión, previa a la coda en la que Traub llevó a la orquesta a un acentuado nivel de recogimiento. La solista afrontó el movimiento final como ya se había manifestado en el primero; asegurando en mecanismo, precavida en distinción de sentimientos y más deseosa de avanzar que de sustanciar cada momento del discurso. Daba la sensación de que el diálogo entre piano y orquesta no fluía lo suficientemente diáfano entre ambos elementos musicales, que son sumamente contrastados por el compositor. La profesionalidad tanto de la pianista como del director fueron determinantes para lograr una interpretación muy bien acogida por el público, lo que llevó a Varvara Nepomnyashchaya a ofrecer un bis también de Brahms, el Segundo Intermezzo en La mayor op. 118, que tocó con especial delicadeza, de modo singular la sección central donde destacó con su alternante canto.

El concierto tuvo su momento culminante en la Sinfonía "Escocesa" de Mendelssohn. Yaron Traub ha entendido esta obra como un perfecto campo de actuación para ir ahormando a la orquesta en sonido y en sentido musical. Lo primero a tener en cuenta es cómo supo destacar el color que encierra esta sinfonía, con la que el compositor quiso pintar idealmente en música los paisajes del país del que se inspira. Así, después de una cadenciosa introducción, destacó en el grueso del Allegro inicial el impulso de las ráfagas que se describen en sus pentagramas, llevando a la orquesta a uno de sus momentos más lucidos. Entró en el acelerado detalle que contienen los arabescos del Vivace, pidiendo la máxima precisión a los músicos que, en su conjunto, se percibían como un organismo que latía con incontenible vitalidad. El lirismo presidió su lectura del Adagio, al que dio un carácter mahleriano a su expresividad, para ir creciendo en trágica intensidad dinámica, lo que llevó a la orquesta a uno de los momentos de mayor concentración y atención al director, alcanzado un grado de musicalidad verdaderamente significativo. Esta cualidad fue desencadenada en toda su amplitud en el brioso Allegro final, que fue interpretado con empuje rítmico y expansiva sonoridad, producto de cómo los componentes de ADDA-Simfònica han asumido la plenitud de concepto que Traub tiene de Mendelssohn.

Con un trabajo como el realizado para este concierto, es de esperar más pronto que tarde que esta orquesta alcance ese nivel artístico que seguramente vendrá a distinguirla entre el panorama sinfónico nacional.