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CRÍTICA / Abduraimov, por la puerta grande


Madrid. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. 13-X-2018. XXIII Ciclo de Grandes Intérpretes. Behzod Abduraimov, piano. Obras de Wagner-Liszt, Liszt y Prokofiev

Rafael Ortega Basagoiti

Había decepción por la cancelación del previsto recital de Murray Perahia, que viene en esta edad veterana ofreciendo algunas perlas exquisitas de su arte, y probablemente esta decepción está detrás de la escasa asistencia al recital que la Fundación Scherzo diseñó para reemplazar la cancelación. Y, como tantas otras veces, erraron quienes optaron por devolver las localidades. Porque si es cierto que Bezhod Abduraimov (Tashkent, 1990) no tiene aún nombre establecido a nivel de las grandes estrellas (aunque tampoco es ningún desconocido; de hecho ya visitó en 2015 el Ciclo de Jóvenes Intérpretes en los Teatros del Canal), no lo es menos que, a juzgar por lo escuchado, tardará bien poco en tenerlo.

El programa del joven uzbeco era de armas tomar, empezando por la hermosísima pero bien compleja transcripción de Liszt de la Muerte de Isolda wagneriana, y terminando por la suite pianística compuesta por diez piezas del ballet Romeo y Julieta de Prokofiev, flanqueando un verdadero miura, auténtica cima del romanticismo pianístico, como la gran Sonata en Si menor de Liszt.

Desde el primer momento fue evidente que Abduraimov es pianista de medios sobrados, algo que no sorprende hoy en día, pero sobre todo, y eso ya no es tan habitual, es artista de gran madurez y sólido concepto. No sólo son los dedos ágiles, sino que el sonido se nos presenta siempre cuidado, redondo y de gran belleza, el pedal se produce con general mesura, la dinámica es anchísima y bien graduada, y los planos, las voces, quedan expuestas con claridad cristalina. La tuvo una traducción primorosa de la Muerte de Isolda, intensa en lo dramático, magníficamente graduada la tensión, dibujados con exquisito cuidado los crescendi, para culminar en un espeluznante ppp final.

El complejo entramado construido por Liszt, maestro como pocos en llevar la orquesta entera al teclado, fue diseccionado con pleno acierto por el uzbeco, en un discurso tan expresivo como diáfano. La Sonata es, como antes apunté, piedra de toque para cualquier pianista. Su largo curso, su carácter cíclico, la necesidad no fácil de conexión de episodios de variado carácter y forma, y las endemoniadas dificultades técnicas (esos temibles pasajes de octavas en Precipitato, más tarde en Prestissimo, por ejemplo) son sólo algunas pinceladas del reto al que se enfrenta el pianista.

Y Abduraimov nos sorprendió de nuevo con una visión de esas que engancha al espectador desde el principio. El clima de intenso dramatismo se planteó desde el principio con un delicado, sutil comienzo sotto voce, para discurrir luego con nervio y poderío en el Allegro energico, con majestuosidad en el Grandioso y con exquisita delicadeza lírica en el dolce con grazia poco después. Muy bien cantados, con el suficiente vuelo de libertad rítmica, los pasajes en recitativo, y dibujado con la ya proverbial claridad el pasaje fugado. El climax tuvo todo el poderío deseable, y el contraste con el desvanecimiento final, espeluznante. Los últimos acordes en ppp, apenas susurrados, lograron ese momento mágico en el que el público contiene la respiración. Sobresalientes igualmente los diez números del ballet de Prokofiev. Cada clima, cada personaje, dibujado con el color adecuado, el ritmo danzable siempre expuesto con acierto, y hasta la acidez presente en Máscaras bien patente.

Extraordinario, poderoso, el conocidísimo Montescos y Capuletos, y de gran intensidad la Despedida de Romeo y Julieta. El público no abundante pero sí consciente del sobresaliente concierto que acababa de escuchar, premió al pianista con un gran éxito y éste se despidió con una nueva propina lisztiana en la que lució su mecanismo espectacular pero sin perder nunca la elegancia y la belleza del sonido. Algún(a) colega con más soporte comercial y más (teórico) nombre, haría bien en tomar nota de la seriedad con la que este joven y estupendo pianista uzbeco plantea las cosas. Atención a este joven, porque va a dar que hablar. Ayer, desde luego, salió por la puerta grande.