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CRÍTICA / Éxito de "La Traviata" en Málaga


Málaga. Teatro Cervantes. 25-XI-2018. Verdi, La traviata. Ainhoa Arteta, Antonio Gandía, Juan Jesús Rodríguez, Mónica Campaña, Alba Chantar, Luis Pacetti, Francisco Tójar y José Manuel Díaz. Director musical: José María Moreno. Director de escena: Francisco López.

José Antonio Cantón

De verdadero acontecimiento social y cultural hay que considerar la apertura de la trigésima temporada lírica del Teatro Cervantes de Málaga con la ópera La traviata de Giuseppe Verdi, al que se ha añadido el gran éxito obtenido en su representación, coproducida con el Teatro Villamarta de Jerez. El escenógrafo Francisco López ha logrado en esta ocasión uno de los mejores trabajos de su ya dilatada y experimentada carrera —con el que ha sabido adentrarse en los ambientes del París romántico de mitad del siglo XIX, así como en el conflicto psicológico a tres creado entre los protagonistas de su argumento, basado en la novela La dama de la camelias de Alejandro Dumas hijo—. La dirección de escena ha encontrado el equilibrio esencial de esta ópera con una acertada dirección en la descripción caracterológica de los personajes, una cuidada construcción dramática y una espléndida iluminación que realzaba los rasgos pictórico-románticos de cada escena, elementos que han servido para el lucimiento musical y canoro de esta ópera.

A partir de tal exposición formal el espectáculo fue adquiriendo justificación y sustancia desde su puesta en acción de modo especial en el tratamiento del personaje de Violetta, encarnado por la gran soprano Ainhoa Arteta, de la que Francisco López ha extraído lo mejor de su arte como actriz llegando a ese punto en el que frivolidad, sinceridad y dulzura quedan perfectamente entrelazadas con sustantiva razón dramática. Arteta se convirtió así en absoluto objeto de atención, dentro y fuera del escenario, como esencial causa del continuum musical que el autor alcanza en el primer acto de la obra. Este hecho tuvo el equiparable entendimiento y eficaz respuesta desde el foso con la dirección de José María Moreno, sabedor de la importancia que significa que la música se manifieste como un elemento dramático más, cohesionando cada escena y ensamblando cada acción, sin duda uno de los secretos de esta excelente representación.

Arteta ha utilizado su enriquecida voz de nuevos matices con gran experiencia en el primer acto, apuntando las agilidades propias de una cantante lírico-ligera, piénsese en la demostración que hizo en el dúo Un dì felice y la esplendorosa interpretación de la "cabaletta" Sempre libera. Alcanzó mayor peso vocal en el segundo y tercer actos apareciendo en su canto los rasgos característicos de una soprano dramática. Ante este exigido cambio de expresión en la voz, supo modular su emisión con natural respuesta en el dúo con el barítono, Madamigella Valery, alcanzando el máximo de expresividad en la alternancia de recitado y canto —ya desde el comienzo de la lectura de la carta—, que le sirvió para que creciera en emotividad su actuación, hasta llegar a la escena final con su redentora muerte, que bordó poniendo su voz a servicio de un extraordinario sentido dramático. Una cualidad que hace de esta excelente soprano tolosarra una actriz de enorme empaque, de esas artistas que con su sola presencia llena el escenario y dinamiza toda la acción. Así se confirmó en la escena de Libiamo del primer acto, siendo aún mayor en el dúo de los amantes, Amami Alfredo, del segundo o en el sobrecogedor momento de Teneste la promessa… Addio del passato del tercero, en los que Ainhoa Arteta brilló con esa desenvoltura y calidad natural de diva. 

Tan resaltable protagonista requería de un cantante muy destacado para el papel de Alfredo. Se ha conseguido para esta producción con la personalidad artística que fluye del tenor alicantino Antonio Gandía, que ha conseguido con su pundonorosa línea de canto ser un partner imaginativo siguiendo un inmaculado sentido del legato, capacidad demostrada en la segunda parte del segundo acto y en el ya referido dúo. Su actuación significó una grata sorpresa en su función de contrapeso ante el enorme poder teatral de Ainhoa Arteta en Violetta.

No se puede dejar pasar la esperada y confirmada emocionante intervención del barítono Juan Jesús Rodríguez haciendo de Giorgio Germont, padre de Alfredo. Estuvo realmente elocuente en su dúo del segundo acto y después en esa aria tan importante para su cuerda dentro del repertorio operístico italiano cual es Di Provenza il mar, il suol que bordó con sobrada autoridad, provocando uno de los aplausos más intensos de esta gran noche de ópera. 

Los demás miembros de elenco mantuvieron en todo instante una musicalidad canora acorde con el nivel de esta representación, así como el coro, bien preparado por Salvador Vázquez, que pudo sacar de él ese contrapunto de acción y canto tan necesarios en las escenas multitudinarias muy bien pensadas por Verdi y su libretista Francesco Maria Piave, y que tan acertadamente ha imaginado y manejado el director de escena Francisco López.

En cuanto al foso hay que decir que el maestro mallorquín José María Moreno supo dar un sentido humano a su dirección, tratando de destilar musicalmente las tensiones psicológicas de los personajes y respetando el carácter coloquial que impera en el argumento de La traviata, hecho que se notó en la soltura y flexibilidad con las que trató a la orquesta, realzando la coloratura instrumental, en aras a conseguir una adecuada conducción de las voces, cualidad siempre fundamental y deseable en una batuta del género lírico. Como detalle de su saber lírico, fue muy interesante cómo se introdujo en la escena a través del solo de clarinete que acompañó a Violetta mientras escribía su carta de despedida.

Con él he querido cerrar esta sucinta valoración de esta representación de La traviata que se tendrá siempre como una de las inauguraciones más recordadas de la temporada lírica del Teatro Cervantes de Málaga con un equilibrio disciplinar muy notable y una Ainhoa Arteta verdaderamente espléndida.

Foto: Daniel Pérez