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CRÍTICA /  Corboz: 83 años y en plena forma


Beja (Portugal). Catedral. 17-VI- 2017. Festival Terras Sem Sombra. Coro de la Fundación Gulbenkian de Lisboa. Fernando M. Jalôto (órgano), Sofía Diniz (viola da gamba) y Marta Vicens (contrabajo). Director: Michel Corboz. Obras de Bach. 

 Andrés Moreno Mengíbar

El singular e imaginativo festival musical que cada año inunda de música las localidades del Baixo Alentejo, con su especial conexión entre la música, el patrimonio y la biodiversidad, alcanzó su broche final con el espléndido concierto del Coro Gulbenkian dirigido por Michel Corboz, uno de los históricos del historicismo que a sus ochenta y tres años mostró estar en plena forma interpretativa y no haber perdido un ápice de su sensibilidad y de su inteligencia a la hora de abordar las complejas obras corales de Bach.

Con una composición de cámara de veintisiete voces (veintidós para Jesu, meine Freude), el coro ofreció un sonido sumamente empastado y de una calidad sonora magistral. Las voces femeninas controlaron la emisión en todo momento y limitaron el vibrato a momentos puntuales y con finalidad expresiva, buscando claramente sonoridades blanquecinas cercanas a las voces infantiles para las que Bach compuso estas obras. En conjunto, el sonido del coro fue limpio y transparente, muy disciplinado en materia de ataques y cierres de frase y con un volumen siempre bajo control de la mano de Corboz.

El maestro suizo dejó claro que habían realizado un estudio muy concienzudo y detallado de las partituras, independientemente de la cuestión aún no resuelta taxativamente de la autoría de algunas de las obras del programa. Atacó la primera sección de Lobet den Herrn (BWV 230) con agilidad y vivacidad en el tempo y una articulación fundamentada en el staccato, para derivar hacia un legato muy dulce y sostenido en la sección central, culminando con un brillantísimo Alleluja! final. Una virtud de este coro es su capacidad de matización del sonido en una variada y bien sostenida gradación de dinámicas por debajo del mezzo-piano y así se pudo constatar en el inicio de Ich lasse dich nicht (BWV Anh. III 159), en el que el coro alcanzó altas cotas de virtuosismo en el pasaje contrapuntístico tejido sobre un cantus firmus y en el que quedaron perfectamente clarificadas las texturas. En el también apócrifo (o semiapócrifo) Jauchzet der Herrn sobresalió la claridad con la que Corboz estableció los juegos antifonales entre las sopranos I y II, para rematar en un magnífico Amen final.

Como es de suponer, el núcleo musical de la noche no podía ser otro que Jesu, meine Freude (BWV 227), esa obra maestra del contrapunto coral barroco y que Corboz entendió como lo que en realidad es, un concierto espiritual formado por partes diversas y contrastantes y en las que su mano abundó en hacer visibles y audibles las numerosas figuras de retórica musical que Bach sembró en esta pieza, como los muy expresivos silencios sobre la palabra nicht (nada), las vocalizaciones sobre wandeln (caminar), la energía en el ataque sobre Trotz dem alten Drachen (A pesar del antiguo dragón) y la dulce suavidad de los pianos con los que afrontó Gute Nacht a modo de íntima canción de cuna espiritual.

Las obras corales fueron intermediadas por versiones para viola de gamba y continuo de algunos preludios corales, en los que Sofía Diniz no siempre supo encontrar la definición completa del sonido de la viola, especialmente en la singular versión del aria de las Goldberg.