Ud. está aquíInicio / Mayo 2013 / Entrevista / Cecilia Bartoli

Cecilia Bartoli



Cecilia Bartoli

Agostino Steffani y Vincenzo Bellini son los responsables del último jet la discográfico de Cecilia Bartoli (Roma, 1966), que en los últimos meses ha reivindicado el repertorio del eslabón perdido del barroco mientras, en los estudios de Decca, tramaba una ópera del ottocento. Le urgía a la mezzo italiana grabar la Norma “de Rossini”. Que es una forma de decir la Norma de Bellini anterior a la sopranización romántica de los tiempos modernos. Ha rebuscado Bartoli en los archivos musicológicos y recurrido a los instrumentos originales de La Scintilla para plantear una versión crítica —“que no critica ni corrige”, insiste— capaz de invocar a la Luna las esencias belcantistas y devolver los 45 compases de Casta diva a la tesitura de mezzo. Si en Sacrificium la cantante se travestía, coltellino en mano, para resarcir a los castrati napolitanos del siglo XVIII, aquí se reencarna en Anna Magnani como mímesis neorrealista de una Norma sufriente y desmitificada. El objetivo es el mismo que en sus anteriores hazañas discográficas: “Convertir los interrogantes en signos de exclamación”, asegura, con la esperanza de que la versión más original de la partitura, que se llevará a escena el 18 de mayo en el Festival de Pentecostés de Salzburgo, encuentre acomodo en la cartelera operística. La grabación discográfica, con La Scintilla y dirección de Antonini, aparece en España el día 21 de este mes.

¿Era esta Norma una cuenta pendiente desde aquel disco a María Malibrán?

Es cierto que durante mi investigación para el proyecto de su bicentenario descubrí muchos roles de mezzo asignados hoy a sopranos, como es el caso de La sonnambula y de Norma. Sin embargo, mi interés por este repertorio es anterior a aquel proyecto. Llevo tiempo centrada en la música barroca, que empecé a cantar con 32 años, pero no hay que olvidar que mis comienzos remiten a Rossini y a Mozart. Los caminos de la música son inescrutables y al mismo tiempo definitorios. De ahí que los roles de María Malibrán, Isabella Colbran y Giuditta Pasta resulten sumamente reveladores para los cantantes. Nadie sabe a ciencia cierta cómo cantaban, pues no hay registros, pero podemos seguir la pista de cada uno de sus repertorios. Como la Pasta, yo he cantado la Nina de Paisiello, la Despina y Doña Elvira de Mozart, Tancredi, Cenerentola y Desdémona de Rossini… Hoy sabemos que fue la primera Norma, un rol originalmente escrito para mezzosoprano. Entre otras cosas porque Adalgisa fue debutado en La Scala el 26 de diciembre de 1831 por la soprano Giulia Grisi. Ha sido mucho tiempo después cuando se han invertido las tesituras. Por eso la idea de este disco no es otra que la de acudir, después de mucho tiempo, a las fuentes originales de esta música sublime.

¿Qué nos estábamos perdiendo desde la perspectiva verista y sopranizadora de Norma?

Bellini es un compositor prerromántico al que difícilmente podemos considerar verista. Tenemos razones para considerarle el Mozart italiano y, en ese sentido, está mucho más cerca de Rossini y del período clásico que de las óperas de Puccini o de Verdi. Así que, y respondiendo a su pregunta, nos estábamos perdiendo lo mismo que si cantáramos a Schubert, un coetáneo suyo, como si fuera Puccini. Al recuperar la sonoridad original de Bellini en la sucesión de Mozart o de Rossini y su interpretación con los instrumentos y el diapasón de la época te das cuenta de que las voces no tienen que forzarse en ningún momento porque todo fluye naturalmente.

¿Ha recurrido al tippex más que al urtext?

[Risas]. No he querido corregir ni imponer nada, sino ofrecer una nueva dimensión sonora. Si algo ha hecho posible esta primera Norma historicista, grabada con instrumentos originales, han sido las contribuciones al repertorio barroco de maestros, como Claudio Abbado o Nikolaus Harnoncourt, en las últimas décadas. Hace tres años tuve ocasión de debutar el rol de Norma en Dortmund con los instrumentos de la época de Bellini del Balthasar Neumann Ensemble, que dirigió Thomas Hengelbrock. El éxito de público y de crítica de aquella interpretación, en versión de concierto, me hizo darme cuenta de la urgencia de este proyecto.

¿Faltan normas a la Norma?

Es evidente que nuestra percepción de la música ha sido alterada por muy diferentes factores y luego reunida en una tradición discográfica que no siempre es fiel a los designios de los compositores. Esto se debe no sólo a la predisposición romántica y a la obsesión por el volumen de algunos directores de las últimas décadas, también al tamaño de las salas de concierto, la dimensión de las orquestas y el consecuente cambio de diapasón. Todo esto hace que hoy Chopin o Liszt, a los que yo considero auténticos belcantistas del piano, suenen a la manera de un Rachmaninov. En el caso de la Norma, la asignación del rol protagonista a sopranos ha hecho que, en ocasiones, se hayan bajado algunos agudos de Adalgisa. Pero, al respetar la lógica belliniana de las voces y adecuar el rol de Norma a la tesitura de mezzo, encontramos nuevos colores en la orquesta que dan más coherencia al conjunto.

Con la ayuda de Maurizio Biondi y Riccardo Minasi, autores de la edición crítica, propone una nueva interpretación del coro de guerra. ¿En qué han consistido los grandes cambios de la partitura?

Biondi y Minasi han hecho un trabajo fabuloso a lo largo de seis intensos años de investigaciones. En las notas del disco se especifican los cambios en las dinámicas y los tempi, como en el famoso dueto Oh, rimembranza!, y también en el equilibrio y en los colores de la orquesta. Las notaciones son todo lo sencillas que suenan luego en las voces de los cantantes, ya que la partitura contiene varias capas de correcciones superpuestas. Una de las mayores aportaciones de esta edición crítica es el Terzetto al final del primer acto, que resulta ser mucho más emocionante y dramático, y el coro de Guerra, guerra, que modifica la coda considerando la copia más apropiada de la partitura en tono mayor. Esta aventura no habría sido posible sin la dedicación de los músicos de La Scintilla. Los instrumentos originales aportan la suavidad, la dulzura y la transparencia que pide la partitura, que contiene un catálogo completísimo de allegros, fortes y pianos. (...)

Benjamín G. Rosado
(Comienzo de la entrevista publicada en el número 285 de Scherzo, mayo de 2013)


En la Tienda de Scherzo puede adquirir la revista completa del mes en formato PDF (precio: 3,50 Euros) o cualquiera de las tres secciones en la que la hemos dividido: Dosier, Discos y Actualidad (precio de cada sección: 2 Euros).

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter