Ud. está aquíInicio / Bolton dirige mañana "Un réquiem alemán" de Brahms en la catedral de Toledo

Bolton dirige mañana "Un réquiem alemán" de Brahms en la catedral de Toledo


El coro y la orquesta del Teatro Real, bajo la dirección de su titular, Ivor Bolton, clausuran mañana sábado la quinta edición del Festival de Música El Greco en Toledo. Interpretarán Un réquiem alemán de Johannes Brahms, en la catedral de la ciudad imperial, a las 20:00 horas. 

Es el séptimo concierto que organizan conjuntamente el Festival de Música El Greco en Toledo y el Teatro Real. Ivor Bolton volverá a dirigir a las formaciones titulares del coliseo madrileño, que en esta ocasión estarán acompañadas por la soprano Elena Copons y por el barítono Michael Kupfer-Radecky.

Un réquiem alemán, de Johannes Brahms, es la sexta gran obra coral-sinfónica que el Teatro Real lleva a Toledo, después del Réquiem de Verdi y el Réquiem de Mozart (ambos en 2014), la Novena sinfonía de Beethoven (2015), la Segunda sinfonía de Mahler (2016) y el Stabat Mater de Rossini (2017).

La génesis de esta partitura remonta a los años de juventud de Brahms, cuando el músico tenía ya una estrecha y entrañable relación con el matrimonio Schumann. De hecho, uno de los temas esbozados en su Sonata para dos pianos en Re menor, que compuso impresionado por el intento de suicidio de Robert Schumann en 1854, sería utilizado quince años más tarde en la marcha fúnebre de su famoso Réquiem, estrenado en la catedral de Bremen el 10 de abril de 1868. El compositor vivía entonces el duelo por el fallecimiento de su madre, acontecimiento que había motivado la consecución de la obra y que impulsaría también la escritura del quinto número de la partitura, un bellísimo solo para soprano añadido posteriormente, que concluye con las palabras de Isaías: “Os consolaré como una madre consuela a su hijo”.

La segunda versión de Un réquiem alemán, estrenada en 1869, con dos números más que la primera, concede a la partitura inicial un mayor equilibrio y cohesión: los números 1 y 7 se relacionan por contenidos e, incluso, por sus idénticos finales; los números 2 y 6 realzan la maestría de Brahms en el arte del contrapunto, que nunca abandonaría; los números 3 y 5 evocan la tradición de los oratorios, con los conmovedores solos para barítono y soprano, respectivamente. Finalmente, el número 4 funciona como eje de la obra, que articula con gran fluidez textos del Antiguo y Nuevo Testamentos, utilizados en ámbito del luteranismo que profesaba el compositor. Las frases minuciosamente elegidas por Brahms, más humanista que religioso, despojan la muerte de su aspecto heroico y glorioso, encontrando en ella un lugar de refugio y liberación: la paz eterna.