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Baldur Brönnimann



Baldur Brönnimann

El director de orquesta suizo Baldur Brönnimann es un ciudadano del mundo. Tiene nombre islandés, formación inglesa y residencia madrileña. En la actualidad es titular de la orquesta de la Casa da Música de Oporto y de la Basel Sinfonietta. A estos compromisos se suman una agenda de actividades localizada espacialmente en el norte de Europa y una reciente grabación para el sello sueco BIS dedicada a Ligeti al frente del BIT20 Ensemble. Es Brönnimann un intérprete movido por la pasión hacia el repertorio contemporáneo (ha dirigido títulos operísticos como El gran macabro de Ligeti, L’amour de loin de Saariaho o Die Soldaten de Zimmermann, que pronto llegará al Teatro Real), pero no hasta el punto de dejarse encasillar en el perfil estrecho del especialista. Su palabra clave es “equilibrio”: entre pasado y presente, novedad y tradición.

(...) ¿Cuándo empieza su vinculación con la Casa da Música de Oporto? 

La Casa da Música se abrió en 2005 cuando Oporto fue nombrada capital cultural. Dirigí por primera vez allí en noviembre de 2005 y a partir de entonces volví casi cada año. La programación me gustaba mucho así que, cuando supe que buscaban un director titular, hablé con ellos y empezamos a colaborar. La orquesta existe desde el año 1948, pero antes era más pequeña. Se amplió en 2000 y ahora tiene noventa y cuatro músicos.

La crisis económica y el rescate de Portugal se habrán hecho sentir también ahí. 

Por supuesto. Ha habido problemas, pero más de subvenciones que de público. El público se ha mantenido bien. En Portugal ha habido rescate pero, limitándome a la realidad que conozco, puedo decir que el tejido cultural y el compromiso con la música han aguantado bastante bien. Además, la Casa da Música es un edificio muy particular. Antes en Oporto no había sala de conciertos, así que para la ciudad representa una suerte de seña de identidad. Un poco como el Guggenheim en Bilbao. 

El próximo octubre dirige el Requiem de guerra de Britten con el Coro Nacional de España. 

Sí. La idea de hacer el Requiem de guerra se debe a que este año tenemos en la Casa da Música a Inglaterra como país invitado. El Requiem de guerra es una obra muy relevante para el siglo XX y nuestro propósito era incluir en la programación mucha música inglesa actual que en el resto de Europa no se conoce tanto. (...)

¿Cómo surge la colaboración con el Coro Nacional de España? 

El Requiem de Guerra es el primer proyecto en una colaboracion que nos propuso el Coro Nacional de España. Ademas en este concierto vamos a presentar nuestro nuevo Coro de niños, que se formo este año en Casa da Musica.

¿Qué características destacaría de la programación de la Casa da Música?

Como decía, el equilibrio entre el repertorio histórico y novedades. Nos gusta buscar a autores que no se han presentado en Portugal, que se presten para dar una charla o una introducción. Es importante no sólo para el público, también para la orquesta. Queremos llevar a compositores que sepan trabajar con ella. En 2015, por ejemplo, tuvimos a Helmuth Lachenmann que es muy bueno en este sentido: explica y sabe muy bien cómo funciona la orquesta. (...)

Hábleme del monográfico Ligeti que acaba de grabar en BIS. ¿La elección del programa fue suya? 

Al plantearme un disco de música contemporánea, tenía clara una cosa: quería grabar piezas que pudiesen compararse con otras versiones. En este sentido Ligeti era el autor ideal porque por un lado es repertorio contemporáneo y por otro lado se ha grabado con cierta frecuencia. Propusimos el proyecto a los de BIS y les gustó. Después, buscamos entre las obras de Ligeti que están escritas para ensemble de cámara y elegimos las cuatro que aparecen en el disco. 

A través de ellas puede contemplarse la evolución del músico húngaro. 

El Concierto para violonchelo pertenece a la época de la micropolifonía y es una música de texturas, un anticoncierto en donde el virtuosismo está en otro ámbito. Todo se mueve en un nivel de dinámicas muy tenues, de sonoridades etéreas y por ello es muy difícil hacerlo bien. El Concierto de cámara y Melodien son obras de transición en las que la relación entre individuo y conjunto son más articuladas y emergen líneas sonoras más definidas. El Concierto para piano pertenece a la última etapa de Ligeti, más extravertida, con una mayor claridad tonal pero una endiablada polirritmia. Es una polifonía muy rápida y extrema y el interior de la obra tiene que quedar muy transparente.  (...)

Stefano Russomanno
(Extracto de la entrevista publicada en el nº 332 de SCHERZO, septiembre de 2017)

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