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Asier Polo



Asier Polo

Asier Polo (Bilbao, 1971) ha sido uno de los pioneros del cambio de ciclo en la música española en lo que se refiere a sus intérpretes. Violonchelista de prestigio internacional, decidió en su momento hacer de España el eje de su actividad docente mientras proseguía una carrera que le ha llevado a los grandes escenarios, orquestas y directores del mundo. Hablar con él es hacerlo con alguien que se entusiasma con la música, que no la separa de la vida, que la necesita para ser feliz pero, se diría que, sobre todo, para ser cada día mejor, y no sólo tocando el violonchelo, a cuyo fraseo suele referirse como canto. Recibió a SCHERZO en una tarde otoñal, aunque pareciera un verano tardío, en la sede madrileña del Grado en Interpretación Musical de la Universidad Alfonso X El Sabio del que es profesor.

(...) ¿Hay vanidad en la profesión?

Hay que mantener el nivel adecuado de autoestima, aunque algunos se pasen por arriba. Pero lo que de verdad importa es la ilusión, que se mantenga como la primera vez ese disfrutar con lo que haces, porque es la única forma de tener energía fresca.

¿Le gusta hacer música de cámara?

Mucho, pero hago menos de lo que querría. Mi carrera está centrada en trabajar como solista con orquesta pero el músico se hace en la música de cámara. En la orquesta el contacto con el maestro es escaso y la experiencia musical más limitada. En cámara la relación es más estrecha, aprendes del colega, porque hay que conquistarse uno al otro, dejarte llevar y ser flexible y aprender de todo lo que te rodea. Yo me he rodeado de músicos mejores que yo precisamente para aprender.

Y algo les habrá enseñado usted. Hablando de Asier Polo haciendo música de cámara hay que hablar de Marta Zabaleta.

Mi niña. Otra persona importante. Esa sí que tiene un amor por su profesión incansable, que nadie se lo quita vayan las cosas bien, mal o regular. En una época vivimos juntos y después de clase ella iba corriendo al estudio y me decía: “Mira, Asier, lo que he descubierto, una cosa maravillosa: si en vez de hacer así hago esto otro fíjate cómo funciona de bien”. Decidimos trabajar juntos, ir montando poco a poco las obras después de las horas de estudio individual, cada día un movimiento de sonata y creándose una relación estrecha, personal. Y es que para hacer música de cámara de verdad hay que desnudarse delante de la otra persona y decirle así soy yo y esto es lo que hay, soltarte, estar en confianza. Y Marta me enseñó mucho de la necesidad de ilusionarse cada día en lo que hacemos y de la disciplina en el trabajo. Y siempre que podemos tocamos juntos. Le tengo un cariño y una admiración tremendos.

Usted toca en un Ruggieri de 1689. 

Sí. Se sabe poco de los Ruggieri porque se siguen más los Stradivarius y un poco los Guadagnini y los Guarneri. El mío debió ser un instrumento de iglesia o de procesión, de los que se llevaba colgando, como hacían los fagotistas, porque tiene un agujero en la parte de atrás tapado con fieltro que sería justamente para engancharlo. Es un chelo de factura muy elegante,  aunque eso no afecte al sonido: muy difícil de definir, muy suyo, fino pero cálido, suficientemente potente aunque los chelistas siempre queramos que nuestro instrumento suene como un trombón. Me apasiona el sonido y me fijo en el canto, en que el sonido del chelo tenga sus paralelismos con el aparato fonador, nunca hablo de dinámicas sino de posiciones, de tímbrica, de vocales. Es elegante, tiene clase, ruge menos que otros y con él busco mi ideal de sonido.

Que es…

La voz de Jessye Norman. 

O sea, que está convencido de que el violonchelo es lo más parecido a la voz humana.

Por supuesto, sólo le falta hablar.

¿Qué importancia tiene el instrumento en una carrera seria?

A veces los instrumentos antiguos no son fáciles de tocar. Son como los coches de carreras. No porque tengas un Stradivarius o un Ruggieri vas a tocar mejor. Tienes que estar preparado para poder abordarlos, porque cada cual tiene su propio sonido, y tener claro que ellos le dan más medios a tu capacidad. Cuando lo compré  me dije: esto no suena. Así que tuve que cambiar la técnica, el ataque del arco a la cuerda, el vibrato, las resonancias, el color… No encontraba yo mi timbre pero sabía que si no podía con él me hundiría. Sabía que él  era mejor que yo pero que, al fin, tendría que poder con él. Tardé un año en controlarlo y sacarle el máximo partido.

¿Cómo es la convivencia entre los dos?

Es un instrumento con mucho carácter que no se deja tocar de cualquier manera y, si lo haces, te sonará como un chelo chino de fábrica. Hay que tocarlo de una forma muy específica. (...)

 

Luis Suñén
(Extracto de la entrevista publicada en el nº 313 de Scherzo, diciembre de 2015.)

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