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Anne-Sophie Mutter



Anne-Sophie Mutter

Treinta y cinco años y diez millones de ejemplares separan la primera y la última grabación de Anne-Sophie Mutter (Rheinfelden, 1963) para Deutsche Grammophon. La acompañan en ambos casos los filarmónicos berlineses, aunque reconoce la violinista alemana que había decidido grabar este último Concierto para violín y orquesta de Dvorák mucho antes de dar con la orquesta y el director adecuados. Lo tuvo claro tras un encuentro providencial con el maestro Manfred Honeck en la Philharmonie de la capital alemana que terminó en los estudios de grabación. Hacía 30 años que no coincidía con los “cachorros” de Karajan al calor de los micrófonos. Tras una temporada dedicada al estreno de obras de Sofia Gubaidulina, Wolfgang Rihm, Sebastian Currier, Krzysztof Penderecki y Witold Lutoslawski, la artista completa ahora su recorrido por los grandes conciertos románticos con una obra aún en la periferia del repertorio. En la serena plenitud de sus recién cumplidos 50 años, la violinista recibe a SCHERZO días antes del concierto que ofreció en el Auditorio Nacional de Madrid, el 28 de octubre, dentro de la temporada de Juventudes Musicales.

(...)¿Cómo se prepara físicamente para un concierto de tanta intensidad?

Me gusta que me haga esa pregunta porque muchas veces se pasa por alto que, además de ensayar y estudiar, el solista ha de estar física y psicológicamente preparado. Dicho esto, he de reconocer que la grabación del Concierto se llevó a cabo sólo dos días después de una larga gira, que no incluía obras de Dvorák, y con el previsible jet lag. Pero, no sé cómo, me sentía fuerte y preparada. Quizá porque llevaba esperando este momento toda mi vida. Soy una persona que me crezco en las adversidades. Recuerdo que un problema técnico redujo considerablemente el tiempo de grabación de la última sesión con la orquesta. Pero en vez de desmotivarme, me dirigí a los músicos con una sonrisa y les dije: “Vamos a tocarlo una vez más pero como si no hubiera mañana”. Y salió a la perfección. Por
eso, aunque grabamos en el estudio, este álbum tiene alma de directo.

Se decidió finalmente por la Filarmónica de Berlín y Manfred Honeck tras coincidir, el pasado mes de febrero, en la Philharmonie. ¿Qué ocurrió en aquel concierto?

Se creó una atmósfera muy especial, como si estuviéramos celebrando algo. Aquel concierto sirvió de debut a Manfred Honeck al frente de la Filarmónica de Berlín. Cualquiera que consulte la grabación audiovisual del Digital Concert Hall podrá comprobar que enseguida saltaron chispas entre la orquesta
y el director. Yo también sentí el flechazo, lo vi claro…

¿Se siente más cómoda a la vera de un director con antecedentes violinísticos?

Me siento muy cómoda al lado del maestro Honeck, pero no creo que se deba a su pasado como violinista de la Filarmónica de Viena. Karajan, por ejemplo, no sabía tocar el violín pero siempre sospeché que su extraordinario talento con la batuta tenía que ver precisamente con esa falta de pericia. Creo que pedía todo y más porque no era plenamente consciente de dónde estaban los límites del instrumento. En cuanto a Honeck, es increíble cómo consigue hacer respirar a la orquesta. Durante los ensayos, les pedía a los músicos que me escucharan pero, sobre todo, que me sintieran.

Desde aquella última grabación con la Filarmónica de Berlín de Karajan, a propósito del Doble Concierto de Brahms, han pasado nada menos que 30 años. ¿Por qué han esperado tanto para volver a reunirse en el estudio?

No sabría decirle. Como todo el mundo sabe, di mis primeros pasos discográficos con la Filarmónica de Berlín, y a Karajan y a sus músicos les debo buena parte de mi proyección internacional. El reencuentro en estos últimos meses con muchos de los músicos de aquella época ha sido de lo más emotivo. Todos hemos cumplido años, nos hemos hecho mayores, pero no hemos perdido un ápice de entusiasmo. Habían pasado tres décadas, pero sentía que estaba volviendo a casa.

¿Cuánto ha cambiado en estas tres décadas su aproximación al Concierto de Dvorák?

He trabajado mucho las digitaciones, los arcos y los fraseos. Me atrevería a decir que mi interpretación hoy es más alegre, impulsiva y furiant, feroz y rápida, porque ya no le tengo miedo al tempo de la danza del tercer movimiento. Todo eso ha cambiado pero tengo la sensación de que todo sigue igual… (...)

Benjamín G. Rosado
(Extracto de la entrevista publicada en el nº 290 de Scherzo, noviembre 2013)

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