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Andris Nelsons



Andris Nelsons

El director de orquesta letón Andris Nelsons (Riga, 1978) sigue siendo el Wunderkind actual de la música clásica. Un artista que alinea un talento desbordante con una sencillez natural. Su personalidad irradia magia desde el podio, pero también magnetismo en una butaca. Habla a retazos, divaga en la conversación, ríe con humildad y gesticula sin parar. Pero de sus comentarios surgen lúcidas reflexiones que ayudan a comprender esa fascinante mezcla de dedicación, intelecto y corazón que uno escucha en sus conciertos y grabaciones. Tras titularidades en Riga, Herford y Birmingham, se ha centrado a partir de 2015 en la Sinfónica de Boston. Acaba de ser nombrado Kapellmeister de la Gewandhaus de Leipzig con la que ha celebrado, el pasado 11 de marzo, su 275º aniversario. Y es artista exclusivo del sello Deutsche Grammophon, mientras graba las integrales sinfónicas de Bruckner, Shostakovich y Beethoven, con Gewandhaus, Boston y la Filarmónica de Viena. Nelsons recibió a scherzo en su oficina de la Gewandhaus para hablar de sus planes en Leipzig, de su combinación con Boston, de lo humano y lo divino, aunque no de su polémica salida de Bayreuth. Lo veremos en Madrid los días 5 y 6 de mayo, en los ciclos de Ibermúsica, como colofón de su primera gira europea como Kapellmeister de la Gewandhaus. 

Pablo L. Rodríguez

¿Cómo empezó su relación con la Gewandhaus de Leipzig?

Vine por primera vez a Leipzig como director invitado en diciembre de 2011. Dirigí un programa con obras de Strauss, Beethoven y Sibelius, y tuve buena química con la orquesta desde el principio. Aproveché entonces para conocer la ciudad y visitar sus lugares históricos, como la Casa Mendelssohn. Pero nunca me pude imaginar que sería el próximo Kapellmeister.

Y ahora que ya es su 21º Kapellmeister, ¿cuál será su primer objetivo?

Para mí es una suerte inmensa poder dirigir esta magnífica orquesta. Pero también un gran honor suceder a los veinte grandes músicos que me han precedido, como Mendelssohn, Nikisch y Furtwängler, o más recientemente Masur, Blomstedt y Chailly. Ahora mi primer objetivo es fortalecer el contacto humano con los miembros de la Gewandhaus. Si eres capaz de crear un vínculo humano y musical con la orquesta que diriges, podrás conseguir lo que te propongas. Pero si una orquesta no cree en ti como director y no te considera parte de ella, lo mejor es que no sigas adelante. Este es el principal reto que debe marcarse un director. Fui muy afortunado al conectar enseguida con los músicos. Ya sabe que este conjunto tiene una gran tradición y un sonido muy especial, pero también una gran disciplina, lo que hace muy confortable trabajar en los ensayos. (...)

Como sabe, en Leipzig la orquesta de la Gewandhaus está implicada tanto en la Ópera de la ciudad como con el histórico Thomanerchor. ¿Va a dirigir alguna ópera en Leipzig o Bach en la Iglesia de Santo Tomás?

Por supuesto. La Gewandhaus es una orquesta tan buena para el repertorio sinfónico como para la ópera e incluso también para Bach. Sobre proyectos operísticos tengo pendiente tratar con el intendente, Ulf Schirmer, pues aunque somos instituciones diferentes estamos muy orgullosos de colaborar estrechamente. Y claro que me gustaría dirigir alguna ópera en Leipzig, especialmente con una orquesta de esta categoría. Pero todavía no hay proyectos definidos. Me gustaría hacer Wagner y Strauss, pero también me encantaría dirigir algún título italiano, Chaikovski, Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich o Wozzeck de Berg. En cuanto a Bach, para mí dirigir la Misa en Si menor en la Thomaskirche, con la Gewandhaus y el Thomanerchor, sería un sueño. Es una obra que toqué cuando era un joven estudiante de trompeta e incluso también canté, pero que tan sólo he dirigido una vez.

Aquí en la Gewandhaus percibo una estrecha relación de casi familiaridad entre el público y la orquesta ¿Le interesa conectar de algún modo con el público?

Creo que mi relación con la orquesta es muy saludable. Discutimos lo que vamos a hacer y tomamos las decisiones juntos. Y el público detecta esa buena relación, pero también que disfrutamos haciendo música juntos en el escenario. He tocado en orquestas y sé de lo que hablo. Una orquesta detecta al minuto si un director es honesto o no. Da lo mismo lo que haga sobre el podio, pues lo importante es que el resultado sea algo verdadero. Y eso lo nota también el público en un lugar con la tradición musical de Leipzig. A mí me interesa mucho el contacto con el público y me encanta organizar encuentros para responder a sus preguntas; por ejemplo, con un compositor cuando estrenamos una nueva obra. Cuando era más joven pensaba de otra manera, pues uno tiene la sensación de que sabe algo, aunque nunca lo suficiente. Para mí la dirección de orquesta es una actividad misional. Y la clave es siempre la comunicación. Un director debe ser ante todo un gran comunicador. Debes tratar con los músicos y convencerles, pero también a la comunidad en la que vives para que la gente tenga la necesidad de venir a tus conciertos. Un ejemplo sería Leonard Bernstein, que fue un gran director y una personalidad musical genial, pero también un gran comunicador que dictó excelentes conferencias sobre música y siempre estuvo muy activo en este aspecto.

¿Y usted se considera un buen comunicador?

La verdad es que lo intento. Le confieso que cuando dirijo o hablo sobre música disfruto mucho. Para mí es algo completamente subjetivo, pero también muy bello y altruista. Si hablas, por ejemplo, de una pintura maravillosa, de Rembrandt o Van Gogh, todo el mundo puede verla. Pero con la música hay algo adicional. A pesar de que una obra fue compuesta hace tiempo, tienes que interpretarla cada noche como si hubiera sido escrita el día anterior. Puedes hacer algo completamente diferente en cada concierto. Y no me refiero a cambiar nada de lo escrito, sino a repetir un proceso creativo como si fuese la primera vez. Es como si pudieras coger los colores y los pinceles, y volvieras a pintar un cuadro de Rembrandt. Él lo hizo una vez y lo tienes en un museo, pero en música puedes hacer renacer constantemente cada obra. A veces tengo la sensación de que Mendelssohn u otro compositor volviera a la vida y estuviera entre el público.(...)

Pablo L. Rodríguez

(Extracto de la entrevista publicada en el nº 339 de la revista Scherzo, de abril de 2108)

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