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¿Pero quién mato a Walter Benjamin?




PorBenjamín G. Rosado - Publicado el 25 Mayo 2015

¿Pero quién mato a Walter Benjamin?

En cuestión de segundos esta curiosa página web es capaz de poner música a cualquier imagen por medio de un logaritmo que convierte los píxeles en notas. A Jorge Fernández Guerra (Madrid, 1952) le ha llevado algo más de tiempo, concretamente seis meses, trasladar al pentagrama el trazo decadente de Paul Klee en su obra Angelus Novus. Que sirve de título a la tercera ópera del compositor madrileño y de macguffin libretístico a los últimos días de Walter Benjamin en España precisamente cuando se cumplen 75 años de la desaparición del pensador alemán.

'Angelus Novus' de Paul Klee.Ha vuelto a contar Fernández Guerra con el mismo equipo de laperaÓpera con el que sacó adelante Tres desechos en forma de ópera, su anterior inmersión en el género, que se estrenó en 2012 en el Teatro de la Guindalera de Madrid. Esta vez el proyecto ha surgido de un encargo de los Teatros del Canal, aunque bajo el mismo régimen de austeridad. “Resultan muy saludables este tipo de iniciativas, tan precarias y aparentemente insensatas, para crear hábito de ópera en español”, cuenta el compositor. “Como pasó en su momento con el rock y el pop, la gente se tiene que acostumbrar a escuchar óperas en nuestro idioma”.

Antes de abandonar la dirección del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, Fernández Guerra escribió Cuestiones de ópera contemporánea. Metáforas de supervivencia, un análisis crítico del arte lírico reciente. El libro parte de la premisa de que la ópera ha muerto. Su certificado de defunción está fechado en torno a 1925 y sobre los motivos se apuntan varios fenómenos -el cine, las vanguardias, los nacionalismos, la devaluación europea, la barbarie de las guerras- que se condensan en una misma imagen: el apagón de la salas. “Concluí mi libro diciendo que la ópera es la principal manifestación que tienen los compositores para mantener un diálogo con la sociedad que les ha tocado vivir. Ahora me he propuesto demostrarlo”.

Después de Tres desechos en forma de ópera, en la que recurrió al pastiche barroco, Fernández Guerra quería cambiar de registro y se encontró con Walter Benjamin en los cajones. “Su escritura, llena de narraciones largas y frases subordinadas, resulta de lo menos indicado para elaborar una línea de canto adecuada, pero me dejé llevar por la fuerza de sus textos”. El libreto resultante, que no es una transcripción literal sino una adaptación literaturizada de varios originales de Benjamin (Infancia en Berlín hacia 1900, Calle de dirección única, Tesis sobre la filosofía de la historia…), renuncia a la acción escénica para escenificar un estado mental. El de un hombre atormentado por el curso de la historia y atrapado en el último tramo de su vida en una habitación de hotel.

Sobre las tablas de la Sala Negra de los Teatros del Canal, dos cantantes en estado de gracia (la soprano Ruth González Mesa y el barítono Enrique Sánchez-Ramos) intercambian reflexiones y pensamientos, tan prosaicos a veces como urgentemente reveladores en otras. No está claro (no se llega a decir) a quién interpreta cada uno, pero no hay duda de que es Benjamin el que habla en todo momento. “Se da por hecho que él es el filósofo, pero ella ofrece todo un abanico de posibilidades. La hipótesis de un ángel resulta especialmente sugestiva, pero podría tratarse también de un doble fantasmagórico, de una amante o incluso de una agente de la Gestapo que le ha seguido hasta Portbou para darle muerte”. 

Es una de las opciones que barajó el director David Mauas en el documental Quién mató a Walter Benjamin y que parece inspirar la inquietante y obsesiva puesta en escena de Vanessa Montfort. No sobre la base de un parte médico falsificado por las autoridades del régimen, sino ante la evidencia de un hombre que fue víctima de su tiempo. Poco a poco, la posibilidad de un suicidio orquestado por una multitud invisible va cediendo terreno a la idea del sacrificio, que se manifiesta en los objetos reunidos al final de la obra en una pira simbólica que no llega a arder. Quizá porque, como sugiere la música, de una riqueza tímbrica apabullante que subraya el carácter eminentemente onírico de la ópera, todo sucede en la imaginación del espectador.

 

Ilustración inicial: Dibujo de luz de Darya von Berner
Segunda ilustración: 'Angelus Novus' de Paul Klee.
Dibujo a tinta china, tiza y acuarela sobre papel, 1920.
Actualmente en el Museo de Israel, Jerusalén.