Concurso Alfredo Kraus: en busca de sucesores

Concurso Alfredo Kraus: en busca de sucesores

Arturo Reverter

El firmante de estas líneas tuvo el honor de participar como jurado en el quinto Concurso Alfredo Kraus celebrado en 1999. Por ello aplaudió complacido que la prueba, que durmió el sueño de los justos desde aquel año, fuera recuperada hace dos, tras dieciséis de silencio; y más aún de que se mantenga veinticuatro meses más tarde; gracias entre otras cosas al denuedo y constancia de una de las hijas del tenor, Rosa, presidenta de la Fundación que lleva el nombre del cantante —también de la muestra— y del apoyo incondicional del Cabildo de Gran Canaria, tierra que vio nacer al gran Alfredo.

No hay que echar en saco roto, por supuesto, la colaboración del Ayuntamiento de Las Palmas y la Fundación Canaria Auditorio y Teatro de Las Palmas de Gran Canaria. Es de esperar que ese tacto de codos de las instituciones junto al entusiasmo de Rosa Kraus acabe por dar forma definitiva a la Fundación que porta el nombre del maestro y que estará alojada, cuando todos los problemas se solucionen y las necesidades se cubran, en el antiguo internado insular de San Antonio del barrio de Vegueta, donde vino al mundo el artista. Allí se albergará el proyectado museo, los archivos y un centro de formación, investigación y difusión. Extremos que hemos podido conocer durante la rueda de prensa convocada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el pasado 25 de abril.

Para la llamada segunda etapa del concurso se han actualizado las bases y se ha publicado un nuevo reglamento, que permite al candidato la inscripción online y mantenerse en contacto con la organización en caso de dudas. El listado de obras de ópera y zarzuela ha sido revisado y completado. Es una buena idea a fin de evitar que los concursantes canten siempre las mismas cosas. Y con objeto también de llamar a la participación de voces del más diverso pelaje. Ya se sabe que en nuestros días la mayoría de los instrumentos son líricos y que los de peso abundan cada vez menos. A ver si hay suerte.

Las pruebas preliminares se realizarán en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y en el MMF-Ópera de Florencia en junio; en el Teatro San Carlo de Nápoles en julio, y en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas en septiembre. Los candidatos serán evaluados por una comisión formada por la presidenta y el director artístico de la Fundación Kraus (FIAK) (que es el director de escena, productor y hombre de ópera Mario Pontiggia). Es buena idea, sin duda, cara a posibles contrataciones, que el jurado de la final lo compongan los directores artísticos de esos centros, a los que se supone suficientes conocimientos para desempeñar el métier: respectivamente, Daniel Bianco, Paolo Pinamonti (curiosamente, aquél fue el sustituto de este en el coliseo de la calle de Jovellanos) y Pierangelo Conti.

Se sentarán también en la mesa de juzgadores Stefano Mazzonis di Pralafera (Opera Royal de Wallonie-Liège), Cesidio Niño (Abao/Bilbao) y Ulises Jaén (ACO, Las Palmas). Los muy ilustres Guillermo García Alcalde y Jerónimo Saavedra, personajes representativos de la vida musical canaria, intervendrán como vocales de honor. Y, dato muy importante: la presidenta de ese senado será la eximia soprano Mariella Devia, una lírico-ligera, más tarde lírica, de mucha altura, una belcantista de raza, una maestra del bien decir y del bien sonar, que actuó en distintas ocasiones con Kraus. Es la primera vez que preside un jurado. Estamos en buenas manos.

Los seis concursos precedentes han deparado, desde 1990, excelentes cosechas vocales. A vuelapluma podemos citar algunos nombres que han podido desarrollar más tarde una carrera más o menos triunfante. Entre los más recientes, Felipe Bou, bajo, Laura Alonso, soprano, Antonio Gandía, tenor, Carles Pachón, barítono, Galeano Salas, tenor (nacido en México), y Leonor Bonilla, soprano lírico-ligera de línea ascendente y firme (los tres últimos premiados en la edición de 2017). Es importante contar para las pruebas finales con orquesta, que será la Filarmónica de Gran Canaria, con una batuta experta y habituada al trabajo con voces, tan inseguras a veces en cuestiones de medida. Será en esta ocasión la del asturiano Óliver Díaz, titular en el Teatro de la Zarzuela. Una garantía. Y un dato nada baladí: la cuantía de los tres primeros premios es muy sustanciosa: 14.000, 12.000 y 10.000 euros, respectivamente; más el de mejor cantante de nacionalidad española (3.000) otorgado por el Ayuntamiento de Las Palmas, y el del público (2.500).