Castrati

Hace ahora justo un cuarto de siglo el cineasta belga Gérard Corbiau estrenó su película Farinelli, il castrato. Para muchos melómanos fue una puerta abierta a un universo tan fascinante como desconocido, el de los castrati, grandes divos de la ópera del siglo XVIII y acaso los primeros ídolos de masas de la industria del espectáculo, capaces por sí mismos de llenar teatros y de provocar las más encendidas pasiones no solo entre los aficionados a la música sino también entre las damas de la nobleza europea, subyugadas por la singular condición sexual de estos irrepetibles cantantes. Pero quedan muchos aspectos por desentrañar sobre ellos, incluso de los que fueron celebridades máximas en su tiempo y cuyos nombres hoy nos resultan relativamente familiares: Farinelli, Senesino, Caffarelli, Carestini, Siface… Sirva un dato para ilustrar —nunca mejor dicho— las lagunas existentes: el grabado que aparece en esta página, debido a William Hogarth, es tal vez la imagen más conocida en que aparecen castrati. Casi todas las fuentes mencionan que se trata de los capones Senesino y Gaetano Berenstadt (al que otras fuentes sustituyen por Farinelli) y de la soprano Francesca Cuzzoni, durante el estreno de la ópera Flavio de Haendel (hay quien dice que es durante el estreno de Giulio Cesare). Casi de forma unánime señalan que Senesino es el cantante de la izquierda, el más alto, cuando en realidad se trata de Berenstadt, según ha podido demostrar recientemente Lowell Lindgren, profesor emérito de Música en la Universidad de Harvard. Está claro que los castrati siguen rodeados en pleno siglo XXI de un halo de misterio.

Artículos que componen este dosier:

Farinelli español: más alla del mito del castrado, por Daniel Martín Sáez.

Siface, el primer gran divo de la ópera, por Elena Bernardi.

Carestini y Caffarelli, dos divos tan maravillosos como insoportables, por Eduardo Torrico.

Fammi combattere!: Senesino, mi héroe de infancia, por Flavio-Benedeti.