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Bitácoras




Dr. Clérambault y Mr. Marchand

Dr. Clérambault y Mr. Marchand

Yago Mahúgo ha convocado en su último disco a Louis-Nicolas Clérambault y Louis Marchand a propósito de una integral para clave. La coincidencia en un mismo registro de dos compositores tan diferentes pero representativos de un mismo periodo se presta al enredo de una versión melómana de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. De tal manera que Mahúgo habría logrado la reconciliación de dos músicos antagónicos al calor de una misma grabación para el sello Brilliant.



Por ejemplo, Dohnányi

Por ejemplo, Dohnányi

Recordamos a Ernö von Dohnányi, ahora que recibimos un CD que comentaremos en la revista (Quintetos con piano opp. 1 y 26, Claves). Dohnányi era solo cuatro años mayor que Bartók, vivió entre 1877 y 1960. Es decir, perteneció a la misma generación, pero su imaginario y su horizonte fueron otros, aunque apoyó a Bartók y a Kodály como hermano mayor, por decirlo así, con su influencia, su auctoritas, tanto artística como pedagógica.



Umberto Eco: ¿demasiada cultura?

Umberto Eco: ¿demasiada cultura?

De Umberto Eco aprendí muy pronto lo que va del midcult al lowbrow. Su libro Apocalípticos e integrados era una maravilla y era accesible a muchos, aunque no digo que a cualquiera. Sigue siendo una maravilla y sigue siendo accesible. Tanto, que yo lo presté varias veces y otras tantas tuve que volver a comprarlo.



Tableaux vivants

Tableaux vivants

El Metropolitan neoyorkino ha repuesto la escenificación que Franco Zeffirelli dirigió para Turandot de Puccini. La hemos podido ver hace pocos días en numerosos cines de todo el mundo. La puesta suma treinta años y diría que mantiene su vigencia y hasta que la ha acrecentado dada la experiencia que en la materia venimos acumulando, cuando no padeciendo, los aficionados. Se podrá decir “no me gusta” pero no negar su tremenda eficacia a poco que se acepte su propuesta.



Sorozábal vuelve a estrenar

Sorozábal vuelve a estrenar

Medio siglo debió esperar la última obra de Pablo Sorozábal para ser conocida en versión escénica el pasado viernes 5. Se trata de Juan José, un drama que don Pablo, a partir del texto de Joaquín Dicenta, quiso lírico y popular, es decir como todo su teatro. El de la Zarzuela resultó el indicado y nunca mejor dicho porque allí se cantó repetidamente toda su faena y allí siguen vagando sus taberneras de puerto y sus vendedoras de rosas.



Aleluyas (la que está cayendo, 2)

Aleluyas (la que está cayendo, 2)

Me preocupa el diálogo que transcribí en la entrega pasada. Lo sufrí, y por eso lo traje a esta bitácora, quería compartirlo con alguien. Alguien lo leerá, digo yo.

Y me quedé con la copla. Más que con la de hablar de muertos y cosas así, con la de “la que está cayendo”. Eso me llegó al alma. Es como si uno se evadiera con la música, y toda esta revista hiciera lo mismo. Como si uno rehuyera mojarse. Como si evitara eso que se llamaba el compromiso, el engagement. Que, en rigor, quería decir otra cosa, pero ahora no vamos a escarbar en ello.



Belleza y bondad

Belleza y bondad

Las relaciones entre la estética y la ética son peliagudas y complejas, a partir del principio de que el hombre es un ser —dígase un animal, si así se prefiere— naturalmente, inevitablemente ético, que cuanto hace tiene principios o resultados éticos.



El terrible cantor

El terrible cantor

Cuenta Isabel de Madariaga en su documentadísima y fluida biografía de Iván el Terrible que, acaso ya alcanzado por una incipiente locura, el zar había trasladado su corte particular fuera de Moscú, a Aleksandrovskaia Sloboda. Todos recordamos la idealizada secuencia que narra este desplazamiento en la película de Eisenstein con música de Prokofiev.



La que está cayendo

La que está cayendo

Con la que está cayendo, y ustedes insisten en hablar de música.

Es cierto, pero si nos salimos del guión siempre hay alguien que se siente dolido.

No me diga… Ahora va a resultar que ustedes tienen en cuenta cierto tipo de sensibilidades.



De la cabeza a los pies

De la cabeza a los pies

Soy de los que advierten siempre en la música de Tchaikovsky una suerte de honda convicción bailable. Más que una música para que bailen otros, una música para que ella misma baile consigo misma, en un espacio ideal y con la corporeidad que, si no ideal, es muy levemente real, pues consta apenas de una sonoridad pasajera. En sus sinfonías, caprichos, cuartetos, conciertos, siempre hay una marcha, un vals, una majestuosa polonesa, hasta un adagio con largos arcos melódicos que evocan el solo de una étoile del baile.