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Alban Berg y el idiota

Alban Berg y el idiota

Hace falta ser idiota.

Hace falta ser idiota para ignorar a tus contemporáneos. Y, sin embargo, los ignoras.

Una directora de teatro que ignora a sus contemporáneos me lo dijo una vez; sabía de lo que hablaba, pero era evidente que se lo adjudicaba a otros. Eres director responsable de tal institución y favoreces al contemporáneo ladilla en detrimento del contemporáneo con talento. Un contemporáneo: qué alivio ante su tumba, como diría Cioran y como me gusta citar y citar, así que me repito, como los abuelos atolondrados por el amor de una nieta.



El Bosco suena porque inquieta

El Bosco suena porque inquieta

El Bosco siempre tuvo para mí una música.

Siempre quiere decir… a ver, a ver. Sí, desde 1963 o 1964.

Era la música del cerebro, del interior, no sé cómo decirlo: esa música que no tarareas, ni siquiera puedes llevar a papel pautado o a alguna de las fórmulas que fueron modernas en tiempos de la autoproclamada vanguardia.



El silencio de Schönberg

El silencio de Schönberg

Por fin ha llegado Moisés y Aarón al escenario del Real. Lo hizo en la puesta de Romeo Castellucci, la cual, en lugar de aprovechar los escasos momentos de teatralidad de la obra, subrayó su carácter oratorial y abstracto por medio de simbolismos alegóricos, si cabe esta asociación, y un uso frugal del color: blanco, negro y grises.



Ópera y público

Ópera y público

En 1794 quedó vacante el puesto de director en el Burgtheater (Teatro de la Ciudad) de Viena. Se abría la oportunidad de una nueva concesión y la corte imperial empezó a manejar nombres. Lo suyo es que el principal teatro de la capital se concediera a un personaje de acreditada alcurnia. Pero no fue así.



Extravagancia y duración

Extravagancia y duración

La historia de la música es, entre otras muchas cosas, la historia de su recepción. Se dirá que esto ocurre con todos los discursos culturales y es verdad, pero la música acredita, en este sentido, un plus: no existe si no se la escucha. De tal modo, lo que públicos de aficionados y circulitos de especialistas han dejado dicho durante siglos de melofilia, es esencial para trazar una historia del arte sonoro, dado que, en la inmensa mayoría de los casos, nadie volverá a oír las voces y los instrumentos del pasado anterior a los medios mecánicos de reproducción.



Tonalidad y expresión

Tonalidad y expresión

El tema de la tonalidad, unido a la diferencia de modos, ha dado que hablar más que de componer en cuanto a la temática mayor de la música: su naturalidad expresiva, el admitir que la música expresa siempre, de modo inmediato, algo, un algo que no necesita explicitarse verbalmente y que, de vuelta, no hay palabra que pueda explicitarlo en medida cabal.



Miguel Roa: carta a sus amigos

Miguel Roa: carta a sus amigos

Querido Arturo, querido Angel Luis. Y también querido José Luis, aunque él no estaba allí. Esta carta es para Arturo Tamayo, Angel Luis Ramírez y José Luis Téllez, que conocieron bien a Miguel Roa. Que se nos ha ido, como ya sabe todo el mundo de la música. ¿Te acuerdas, José Luis, cuando le provocábamos en el Hotel Suecia? Una noche le hicimos notar tú y yo la cercanía en el tiempo de Turandot, Wozzeck y Doña Francisquita. Y le dijimos que, claro, esta última era la mejor. Y nos mandó a… ¿dónde, José Luis? Pero… ¿y lo que nos reímos todos?



Cuestión de toque

Cuestión de toque

De todos los instrumentos, el piano goza de una especial popularidad, como si fuera el instrumento por excelencia de todos y de cualquiera. Hubo un tiempo en que hasta la mínima población del mundo contaba con una subpoblación de estudiantes de piano, que eran, así genéricamente, los músicos de la humanidad. Quizás no haya ingenio más manuable y, a la vez, tan complejo, para producir arte sonoro y de ahí su predicamento. En efecto, ¿qué otro aparato puede sonar como un laúd y una orquesta?



El viaje de Parsifal

El viaje de Parsifal

Poner en escena a Wagner es siempre una patata caliente por la duración abusiva de sus óperas, las acciones repetidas, la sobreabundancia de estáticos relatos, la naturaleza mestiza de esas producciones que no acaban de ser óperas, cantatas dramáticas o sinfonías con voces.

El problema se acentúa en el caso de Parsifal, su última obra, que él consideró un “festival sagrado” y que tiene algo de ritual, de liturgia entre católica y pagana, con un larguísimo dúo de ópera y una cantidad de trucos escénicos a la manera de esa espectacularidad que Wagner decía detestar.



Cuando la música está en peligro

Cuando la música está en peligro

Hay unas graciosas y malévolas caricaturas de época que muestran a Héctor Berlioz como un director de orquesta que en lugar de conducir a un conjunto de músicos, dirige a una tropa de artilleros o un regimiento de coraceros a caballo.