Ud. está aquíInicio / Bitácoras

Bitácoras




Unos maestros muy maleducados

Unos maestros muy maleducados

Los maestros cantores de Nuremberg, de hecho la única comedia de Wagner, contiene una de las más hermosas oberturas de la historia, tres monumentales finales de intrincada polifonía, un antológico quinteto, dos canciones tan corrientitas que las podrían haber suscrito Millöcker o Von Suppé, una densidad orquestal abusiva para una comedia, un humorismo bastante tontucio y cuatro horas de literatura dramática reiterativa y circular.



La curación por la música

La curación por la música

El neurólogo y neuropatólogo Oliver Sacks era melófilo, pianista por afición más que por profesión y una suerte de terapeuta de la mente y el cerebro con la ayuda de la música. Lo narra en una serie de libros casuísticos, que el lector lego puede disfrutar como afecto a las narraciones, y también en su autobiografía En movimiento. Una vida. Desde luego, particularmente en su libro Musicofilia.



Brahms en cuestión

Brahms en cuestión

De entre las incontables reflexiones que puede motivar la obra de Brahms extraigo una sola, marcada por su obviedad. Situado en medio de la polémica estético-musical del siglo XIX, Brahms es la alternativa a Wagner, lo clásico intemporal frente a lo evolutivo y progresivo. El gusto por la abstracción, su aislamiento total respecto del teatro, la claridad estricta respecto a la forma y el género, la insistencias en el par de tema y variaciones, todo aquerencia a Brahms del lado de la música como una institución, eventualmente una academia. De Brahms devienen Max Reger y Hans Pfitzner.



Despedida, bienvenida: ah, qué será…

Despedida, bienvenida: ah, qué será…

Nos fuimos de vacaciones. Con cierta tranquilidad.

El caso es que las cosas cambian aquí. En esta casa.

Quiero decirle adiós a Luis Suñén y a Cristina García Ramos,que han sido puntales de Scherzo.

Hemos capeado el temporal juntos.

El temporal, no. La galerna, el tifón.

(Sí: digamos juntos.)

La economía, tonto. (Frase que se ha convertido en lugar común, cuando tiene un sentido importante si no lo tomamos como totalidad o al pie de la letra). Nuestra economía, tonto.



Letras y corcheas

Letras y corcheas

Antonio Muñoz Molina no es sólo el notorio novelista que muchos hemos leído sino también un melófilo del cual los lectores de Scherzo pueden constatar sus observaciones mensuales. En Babelia del 16 de julio, Muñoz Molina, a propósito de la lectura de los clásicos, deja anotadas un par de reflexiones muy inteligentes acerca de la recepción y la actividad de quien lee un libro y quien escucha una música.



Tradición y revolución

Tradición y revolución

¿Hay tradiciones en la música? Sí, su peor enemigo es su caricatura, la rutina. ¿Hay innovación en la música? Sí, su peor enemigo es su caricatura, la improvisación. Pero, estrictamente ¿hay revoluciones en la música? Aquí la respuesta se empaña y conviene que no se empeñe porque la palabra se las trae. Tenemos una idea —mejor dicho: una imagen— facilona de la revolución como un follón con desorden y violencia. Hay quien piensa lo contrario, por ejemplo Ortega y Gasset, que ve las revoluciones como catástrofes lentas que, a veces, duran siglos.



Pero ¿qué canta Cameron?

Pero ¿qué canta Cameron?

Cuatro notas aporrean los timbales en el desgarrador final de Salomé de Strauss. Cuatro notas señalan también el camino al Grial en el Parsifal wagneriano cuando “el tiempo se convierte en espacio”. Y cuatro notas tararea David Cameron en su última comparecencia ante los medios frente al número 10 de Downing Street poco después de haber anunciado el relevo de Theresa May.



Apalabrar la música

Apalabrar la música

Hablar de música es difícil, dice el tópico. Será por eso por lo que se habla tanto de ella: porque la dificultad estimula, porque sugiere algo de prohibido que también estimula y porque la imprecisión con que se habla de algo difícil alarga el discurso tal vez hasta el infinito.



Korngold y "La Paloma" de Daniel Schmid

Korngold y "La Paloma" de Daniel Schmid

Hace más de cuarenta años. Éramos unos críos. Pero cinéfilos. Por entonces, ir al cine era habitual, no una rareza. Ver cine de autor no estaba mal considerado. Despreciar la televisión era algo normal, no era tachado de esnobismo. Íbamos a ver películas filmadas por gente más o menos rara, moderna o no. Así, caímos un día en una película que nos habían “potenciado” por ahí, no sé cómo ni dónde: La Paloma, del suizo Daniel Schmid (1941-2006).



Alban Berg y el idiota

Alban Berg y el idiota

Hace falta ser idiota.

Hace falta ser idiota para ignorar a tus contemporáneos. Y, sin embargo, los ignoras.

Una directora de teatro que ignora a sus contemporáneos me lo dijo una vez; sabía de lo que hablaba, pero era evidente que se lo adjudicaba a otros. Eres director responsable de tal institución y favoreces al contemporáneo ladilla en detrimento del contemporáneo con talento. Un contemporáneo: qué alivio ante su tumba, como diría Cioran y como me gusta citar y citar, así que me repito, como los abuelos atolondrados por el amor de una nieta.