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El nuevo Café España: tomando el nombre de Dios en vano




PorPablo Sanz - Publicado el 29 September 2010

El nuevo Café España: tomando el nombre de Dios en vano

El otoño ha llegado acompañado de una mala noticia: la reapertura del Café España de Valladolid. Sí, sí, han leído bien, mala noticia. Desde las páginas de Scherzo ya se dio cuenta del motivo del cierre, que no era otro que el de especular con el inmueble del número 8 de la pucelana plaza de Fuente Dorada. Estaba claro, el dueño quería sacar más tajada a los, hasta ese momento, responsables de la enorme vida cultural del España, y estaba en su derecho. Triste, trágico, injusto, frustrante… pero legítimo derecho el suyo, el de querer vender el local a un banco, o al menos ése fue el rumor que corrió en su día.
 
Lo que ahora desdice al dueño del inmueble es que ha alquilado la gestión del España a una promotora privada de artistas por una cantidad, imaginamos, no sustancialmente superior a la aportada por los anteriores arrendatarios, y para darle la misma vida que antes tenía. Ahí ya se ve un mal gesto, una mala uva, una mala leche, vaya. Muchos podrán pensar que el arrendador ha seguido ejerciendo sus legítimos derechos y jurídicamente puede que así sea. Éticamente desde luego que no, permitiendo que los nuevos gerentes no inicien una nueva andadura del España, sino todo lo contrario, reanuden la actividad como si allí no hubiera pasado nada. Y echándose a las espaldas una memoria que no es suya, sino de los anteriores responsables de su actividad cultural, actividad, por otra parte, que ha contribuido a colocar la música popular de nuestro tiempo en la cimera de la excelencia artística en nuestro país. Y aquí sí se está robando, con nocturnidad y alevosía, y con una caradura que más tiene que ver con la miseria.
 
No se sabe qué páginas escribirá el nuevo España, pero desde luego su Historia merece un respeto como llegado el caso lo merecerá su futuro (su futuro, no obstante, conviene subrayar que sin duda estará marcado por los artistas de esa compañía de management privada, porque desde luego la mayor parte de la programación se nutrirá de sus propios recursos). Desde luego, el antiguo Café España no merece que se mancille su nombre.
 
El nuevo España tiene nueva vida, otra, distinta, y su regreso hubiera sido una buena noticia, eso sí, si lo hubiera hecho con unos mínimos modales y unas mínimas reglas del juego. Y, sobre todo, con la verdad por delante, para que cada uno pudiera sacar justas conclusiones. De momento, a uno se le ocurre que podrían empezar cambiando el nombre. “España, Espuña, Purruña” es nuestra sugerencia.