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El Blog | Luis Suñén




Sosito

Sosito

Lo del Concierto de Año Nuevo sigue siendo de obligado cumplimiento para el aficionado feliz y para el que lo es menos, para el que disfruta con ello y para el que lo aborrece. Tiene todos los ingredientes del mundo en crisis, la opulencia y su ostentación, la desigualdad –cinco mujeres he contado este año en la Filarmónica de Viena- y el recurrente recuerdo del ominoso pasado de la orquesta en los años del nazismo.



Novela teatral

Novela teatral

El montaje de Macbeth que, “para públicos inteligentes”, ha presentado Dimitri Cherniakov en el Teatro Real, es una muestra casi perfecta de hasta qué punto lo inane, lo vacío, trata de ocupar el antes noble espacio de la reflexión.



Volviendo a los Smiths

Volviendo a los Smiths

Me dice mi hijo mayor: “Como hincha de Larkin, al menos las letras te interesarán y musicalmente a mí me dicen más que Belle & Sebastian, aunque son menos sofisticados. Te advierto que hay mucha angustia adolescente y todo eso, pero merecen la pena”. Y, tras años de abstinencia, en los que siempre estuvieron en esa especie de consciencia subsidiaria generacional que todos tenemos, vuelvo a los Smiths.



Mussorgski o la economía

Mussorgski o la economía

Una de las sorpresas –o de las constataciones, por no exagerar- que produce la escucha de la versión completa del Boris Godunov de Mussorgski que estos días se representa en Madrid es que la pieza, se nos olvida, es contemporánea de El anillo del nibelungo de Wagner y de Don Carlos y Aida de Verdi.



David y Bacarach

David y Bacarach

El 1 de septiembre moría Hal David, el letrista de las canciones de Burt Bacarach, estupendo en lo suyo, sin la gracia ni la ironía de Cole Porter -cuando este hacía las dos cosas- pero con la clase que requería la música de su otra parte. Por eso cuando en algún sitio se ha hablado de la que hacían los dos como una suerte de vía particular de un cierto pop se yerra de plano.



Nostalgia de los Proms

Nostalgia de los Proms

Esta tarde empiezan los Proms y con ellos mi estival ración de melancolía musical. Los Proms fueron durante los dieciocho veranos que la familia, quiero decir la mía, mi mujer y mis hijos, pasó en Londres una cita casi diaria salvo si ese día la excursión urbana o rural se alargaba y no daba tiempo a llegar, aunque a veces se paliaba la ausencia vespertina con el concierto nocturno, memorables sesiones con Radio Tarifa o José Mercé, el público dudando entre entregarse a fondo a aquella barbarie que les atraía como un imán o correr a la boca de un metro que iban a perder irremisiblemente.



Menahem

Menahem

El martes pasado, Paloma O’Shea entregaba a Menahem Pressler el Premio Yehudi Menuhin 2012.  Tuve el honor de que se me pidiera la laudatio del maestro y quiero compartirla con quienes me leen.



Un buen concertino es un tesoro

Un buen concertino es un tesoro

Charlando este fin de semana con Robert Moir, el vicepresidente de la Sinfónica de Pittsburgh, recordábamos los dos a Andrés Cárdenes, quien ha sido durante años –ahora es Noah Bendix-Balgley- el concertino de la orquesta, un testigo no precisamente mudo sino un artífice del por qué la formación que hoy dirige Manfred Honeck se ha convertido en una de las mejores de Estados Unidos –o sea, del mundo- en un caso de superación sólo comparable al de la Sinfónica de San Francisco.



Recordando a Decker

Recordando a Decker

Dice Norman Lebrecht en su blog que seguramente Franz Paul Decker –nacido en 1923- sea el decano de los directores de orquesta. Hay algún comentario referido a Stanislaw Skrowaczewski o Anton Coppola como merecedores de tal título pero tanto da, pues al traer Norman a colación al maestro alemán de nacimiento y canadiense de nacionalidad ha hecho que recordara algunas de sus cosas, difíciles de olvidar por una u otra razón.



La milonga de Borges

La milonga de Borges

Borges fue un tipo curioso, no sé si exactamente raro pero en todo caso nada común. Nunca quise conocerlo personalmente a pesar de haber tenido varias veces la ocasión de encontrarme con él, incluso de acudir a su casa en Buenos Aires, en la calle Maipú, cuando vivía con su madre, doña Leonor Acevedo, que era la que aparecía en la guía telefónica como titular del número correspondiente. Sí conocí y traté luego a su viuda por razones profesionales pero eso es materia de otro cariz que aquí no corresponde.