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Mackerras, el grande




PorLuis Suñén - Publicado el 20 July 2010

Mackerras, el grande

Charles Mackerras fue un gran director de orquesta y una bellísima persona. Con ocasión de un dosier dedicado a Janacek le pedimos desde Scherzo permiso para reproducir un apéndice sobre el compositor checo que aparece en el libro de Nancy Phelan Charles Mackerras: A Musician’s Musician. La autorización llegó a través de la editorial -Gollancz-, es decir, que nadie de la revista habló con él directamente. Al verano siguiente, lo encontré en Glyndebourne, me acerqué a él y le di las gracias por algo que yo suponía debiera recordarle a él, al maestro con agenda repleta. No hizo falta, pues se acordaba perfectamente de aquella petición y me dio las gracias por la confianza. Desde entonces, a la admiración por su trabajo se sumó el afecto por la persona. La última vez que le vi fue en Cannes, hace un par de años, con Barbara McShane, en la entrega de los Midem Classical Awards. Había ganado uno de los premios por su grabación de las últimas sinfonías de Mozart, que Juan García-Rico criticó en la revista y a las que le dimos nuestra E) de Excepcional.
De Mackerras aprendieron muchos directores de orquesta. El se consideraba, en cierto modo, uno de los padres de la renovación del utillaje en la interpretación de la música del barroco. Y aplicaba los criterios historicistas con libertad y con sentido común. Lo demuestra su Handel –inconmensurable Mesías en EMI-, su Mozart, su Beethoven o hasta su Brahms. Y, claro, el repertorio checo, ese en el que ha sido único, aprendido de Vaclav Talich y asimilado en profundidad. Mackerras fue un hombre modesto, formado en la batalla diaria del ballet y de la ópera en los años dorados del Sadler’s Wells. Y fue un perfecto ciudadano de la Commonwealth, neoyorquino de padres australianos y ciudadano británico admirado y querido en todas partes. Un buen hombre que disfrutó, además, de felicidad doméstica, eso que no siempre ocurre pero que él se mereció a base de de ser buena persona, de no ser ambicioso, de saber dónde iba y por qué camino. Admirable este Mackerras al que no recuerdo si vimos en España, como decía aquel, alguna vez, una o ninguna. Quedan los discos, muchos y muy buenos. Los últimos llenos de esa luz del crepúsculo, cegadora a su manera.