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Históricos de verdad




PorLuis Suñén - Publicado el 04 Mayo 2011

Históricos de verdad

Es curioso como con las recuperaciones, licencias, etc están volviendo a la vida las viejas versiones de los grandes del barroco en lecturas todo lo históricamente desinformadas que se pretenda pero también –en lo sincrónico- históricamente pertinentes.  Salen, pues, de sus refugios Münchinger y Jochum, Schreier y Werner, Klemperer, Scherchen y hasta el joven Barenboim, para recordarnos cómo se hacía la música de Bach cuando el mundo parecía irse reconciliando de nuevo consigo mismo, en los años cincuenta de la reconstrucción europea –que aquí mirábamos de reojo-, en los sesenta de la consolidación –que aquí eran los del desarrollismo- y en los que vendrían después. Eran las versiones de una sociedad que encontraba en ellas un espejo en el que mirarse espiritualmente mucho más que una pauta histórico-analítica en la que comprobar si sus devociones musicales estaban o no justificadas desde el punto de vista técnico. Y la musicología, que nada debe entender de afectos, se encargó de desilusionar a muchos, de ponerles en la tesitura de reconocer que así como nunca existieron San Roque o San Cristóbal tampoco existió nunca el Bach que ellos amaban y su música no era sino el resultado de una manipulación los timbres, las articulaciones y las dinámicas y, por tanto, también de las cordialidades que todas esas cosas convocan. Una mala noticia para algunos y una soberana estupidez para otros, incluso en el caso de que ambos bandos estuvieran de acuerdo en que la labor de limpieza tenía  sentido.  Pero, como cuando nos enteramos que nuestro director de orquesta favorito era una mala persona, la sensación de frustración requería dosis de madurez no al alcance de todas las almas. Hubo quien se embozó y quien se asilvestró también, surgieron militantes de la catacumba y voceros del minimalismo junto a aquellos que veían consolidado su gusto por estas músicas a pesar de no creer –la musicología al servicio de la conciencia-, comprobando que su realidad se alejaba de lo que parecía preferir el común sí creyente.

No vamos a hablar aquí de lo que surgió de aquel movimiento recuperador de la verdad pues todos ustedes lo conocen de sobra y lo valoran como yo. Está claro que nuestra vida de oyentes de Bach cambió a partir de Harnoncourt que, como en Mozart, nos descubrió un mundo nuevo mientras cada año íbamos de nuevo a escuchar la Pasión según San Mateo dirigida por Frühbeck de Burgos. Y que luego llegarían Leonhardt y Gardiner y hace nada, último eslabón, Philippe Pierlot. Y que hubo, y hay, una tercera vía con el bueno de Corboz y el mucho más aburrido Rilling. Todo eso pareció quemar la hierba debajo de los pies de una tradición –la otra, la que no valía aunque también tuviera un pasado así que sumido en las tinieblas del error-  a la que sólo le esperaba el olvido. Hoy, gracias a que hay que ahorrar, a que las casas de discos buscan en el fondo de armario, a que otras licencian cosas viejas para poder seguir vendiendo barato, los del otro bando han vuelto. Y vistos con los ojos de hoy, después de la que ha caído, uno debe decir que no están tan mal, y que algunos, incluso, están muy bien. Recuerden lo que decíamos aquí del Bach de Chailly, del valor que le había echado el italiano para, a estas alturas, grabarlo de esa manera. Pero es que esa manera funciona, y a la luz del retorno de los dinosaurios se observa mejor cómo la carencia de aprioris y la asunción de los logros del historicismo permite proponer una lectura tan interesante y tan llevadera, si se me permite la expresión, para una orquesta no especializada que no ha de renunciar  a incluir una Pasión bachiana en sus conciertos de abono. Otros de los recuperados le echan más orgánico pero, ¿puede negarse la grandeza, la hermosura y el lirismo de la Misa en si menor por Jochum que EMI ha metido en un cofre con Pasiones de Bach por Gonnenwein y hasta con un Magnificat de Bach por Barenboim que es una reliquia del pasado de quien hoy es uno de los grandes? Newton Classics ha licenciado de Philips la extraordinaria Pasión según San Juan dirigida por Peter Schreier, que hace también de Evangelista. Por cierto, reparen en los cantantes de estas versiones de antes de casi todo –y no se me olviden de Klemperer, que es el más solemne pero también el más aguerridamente espirutual- y díganme qué les parece la lista: Ameling, Baker, Fassbaender, Gedda, Schwarzkopf, Lipovsek, Mathis… no me negarán que cantan bien, no me negarán que son voces algo más que de bolsillo, que hubieran alegrado la vida de los autores de lo que cantan –a Haendel, me parece, sobre todo, pero ese es otro asunto.

Disfrutemos, pues, de lo que se nos ofrece, recordemos aquellos tiempos en los que el cielo era de otro color y nosotros más jóvenes. Errantes por el camino de la verdad, buscándola ansiosos, he aquí que ahora se nos tienta con estos viejos productos abundantes en calorías pero exquisitos. Y por un día que rompamos el régimen no nos va a pasar nada.