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Salud y pesetas




PorLuis Suñén - Publicado el 06 Abril 2010

Salud y pesetas

No es que el enorme talento de Lorin Maazel haya estado despierto del todo en los últimos años pero cuando se desperezaba recordaba a él mismo, es decir, a quien fuera uno de los mejores directores del mundo durante muchos años y desde hace tiempo. Maazel ha dicho no a Valencia, donde estaba muy bien pagado, para irse a Múnich, ciudad que conoce bien y que pertenece a la Europa más musical en esencia, presencia y potencia. Quiere descansar y se levantará un buen sueldo por ello. Dichoso él que tantas tardes de gloria ha dado a la profesión.
Mientras, en Valencia, quedan compuestos y con un novio del que no se sabe qué dote aporta. Al maestro Wellber lo apadrina Barenboim, lo que debiera ser una garantía. Lo que debiera quedar claro también es lo que la apuesta tiene para el Palau de les Arts de cambio de velocidad que podría afectar al modelo. Basado en lo rutilante de su podio y en la dudosa estética de su construcción, el coliseo valenciano pierde glamour en el foso. Lo que no puede permitirse es perder también efectivos en el mismo, tal y como insistentemente se rumorea en los mentideros del oficio. Ese orquestón valenciano es, al fin y al cabo, el principal haber de un teatro que no siempre podrá poner en escena la Tetralogía de la Fura del Baus y al que, en cuestión de producciones mediocres, le ha salvado su enorme calidad musical. Habrá que ver si el carisma de los maestros era tan importante aunque a veces haya más cosas. ¿Sabían que Mehta se llevó a los metales a un último ensayo entre dos actos de la primera del Siegfried de la Fura? ¿Y que nadie torció el gesto porque sabían que el maestro quería lo mejor y ellos eran capaces de darlo? A veces estos directores con fama de peseteros -no tanto porque lo valgan como porque se les ofrece- dan la sorpresa del pundonor y el buen hacer. Ahora, en Valencia, se abre otra etapa. Suerte para todos.