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El Blog | Blas Matamoro




El caso Jan Sibelius

El caso Jan Sibelius

Este año se cumplen los 150 del nacimiento de Jan Sibelius. Es uno de esos compositores del siglo XX que podemos silbar, tararear y canturrear de memoria, si es que no dominamos el finés y somos capaces de cantarlo plenamente. Melodías como las de Finlandia y Vals triste son accesibles al recuerdo y reaparecen con cierta insistencia en fondos sonoros de películas, radionovelas y series o publicidades de televisión. No lo digo con desdén aunque sé que cierto tipo de aficionados y profesionales de la música lo hacen.



Libros y libretos, librillos y libretas

Libros y libretos, librillos y libretas

Colaborando con Benjamin Britten en el texto de la ópera Billy Budd, basada en un relato de Melville, Eric Crozier meditó acerca de las características de un libreto de ópera. Contra lo previsible, es decir que el texto operístico debe ser similar a un drama poético, Crozier opina que debe estar incompleto, ser “un simple trampolín para la música”. El poeta cuenta sólo con la palabra para expresarse, en tanto el libretista ha de ser sencillo y depurado, proponer versos o prosas cantables, dejar en blanco un ancho campo para que el músico haga su música.



La seria cuestión serial

La seria cuestión serial

La aparición del serialismo fue uno de los traumas estéticos de la música en el siglo XX. Y digo estético pero no técnico, a pesar de que mucha crítica ha considerado meramente técnica la propuesta de Arnold Schönberg. En contra, la gran voz apocalíptica de Theodor W. Adorno proclama que Schönberg cumple una suerte de profecía y diseña un destino: la abolición de la tonalidad. Para suscribirla hace falta creer en los destinos y las profecías, y hasta en el progresismo en materia de arte, lo cual parece rasantemente desmentido por la experiencia del arte mismo.



Los niños de Britten

Los niños de Britten

La reciente reposición de Muerte en Venecia en el teatro Real ha permitido repasar el rol insistente de la niñez en ciertas obras de Britten. En la citada ópera Tadzio, el púber del cual se enamora Von Aschenbach, es un personaje mudo encarnado por un bailarín, según exige la historia llevada a la escena lírica. Es poco más que un niño y el atractivo que despierta en el protagonista, siendo erótico, difícilmente puede entenderse como sexual en un sentido físico.



Volviendo a otro Strauss

Volviendo a otro Strauss

No me refiero a la abundante familia que, con este apellido, se ha inscrito en la historia de la música, sino al filósofo David Friedrich Strauss, muy leído y muy olvidado autor de La vida de Jesús (1835) y Vieja y nueva fe (1872). Este Strauss ofreció una versión del mundo moderno –para entendernos: segunda revolución industrial y gran expansión imperialista europea– como un orbe dominado por las ciencias aplicadas y su maraña de técnicas: altos hornos, abonos químicos, vacunas, crítica bíblica, periodismo, ferrocarril, correo, suma y sigue.



El arte de Javier Perianes

El arte de Javier Perianes

Hace dos noches, Perianes propuso un recital Mendelssohn-Beethoven donde actuó con un recurso ya muy felizmente ensayado en la dupla Chopin-Debussy: poner en juego estéticas dispares pero secretamente afines, de modo que se puedan oír obras de dos maestros, pegadas como si surgieran de una misma partitura. Perianes juega, entonces, como un conjurador, alguien que conoce el oculto signo de pase que liga a un ejemplo de experimentalismo —el Beethoven del opus 110, por ejemplo— con ese paradigma de la contención neoclásica que morigera una sensibilidad romántica, es decir Mendelssohn.



Arranques del joven genio

Arranques del joven genio

Es sabido que el joven Schumann tuvo una educación musical intermitente, poco sistemática y confiada en un genio al que tenía derecho en reconocer. Desde luego, estos alumnos poco ejemplares suelen ser discípulos encarnizados de sí mismos, eternos estudiantes. Lo cierto es que Schumann empezó componiendo unas canciones. Tenía 18 años y se las aprobó el director musical local Gottlob Widebein. El chico quedó entusiasmado con el éxito y decidió ser el autor de una compleja obra, como Dios manda, para figurar en las enciclopedias de la especialidad.



La deconstrucción schumanniana

La deconstrucción schumanniana

Observa Martin Geck en su inteligente libro sobre Robert Schumann —se lo puede conseguir traducido por Clara Corral Martínez en la edición de Alianza— que, al menos en dos ejemplos pianísticos del músico suabo, hay lo que hoy, con jerga actualizada, podríamos denominar deconstrucciones. Es decir: algo que está construido se desmonta siguiendo, a la inversa, el procedimiento de su construcción. Si nos ponemos dialécticos podemos concluir que todo reverso es su inverso. En música: volver al comienzo desde el final es finalizar al comenzar.



Chicas al violín

Chicas al violín

Uno de los tópicos que el tiempo ha felizmente derogado es que existen instrumentos musicales destinados, por reparto, a mujeres y varones. Los antecedentes pueden resultar hoy pintorescos. Algunas sociedades filarmónicas de la Alemania ilustrada (siglo XVIII) prohibían a las damas tocar instrumentos que debieran llevarse a la boca o ponerse entre las piernas. O sea: nada de oboes ni violonchelos. ¿Acaso resultaban menos obscenos entre muslos viriles y labios varoniles?



Una resonancia

Una resonancia

Es curioso observar cómo ciertas figuras verbales han prestado su ayuda a diversos pensadores a lo largo de los siglos y, normalmente, sin que hubiese contacto entre ellos. O bien se trata de problemas que se repiten sin resolverse o de respuestas que, por acertadas, se reiteran con felicidad a través del tiempo. Una de tantas se refiere a la relación entre la música, la palabra y el pensamiento.