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El Blog | Blas Matamoro




Los niños y la música

Los niños y la música

Habitualmente entendemos por música para niños una música pueril, hecha por personas adultas que juegan a recuperar la perdida infancia como si no la hubieran tenido nunca. La historieta nos propuso hace décadas un personaje de este perfil, Don Fulgencio. Entonces: a los niños hay que darles unas musiquitas que los entretengan mientras sean niños y luego las olviden para entrar en posesión de la Gran Música.



Tableaux vivants

Tableaux vivants

El Metropolitan neoyorkino ha repuesto la escenificación que Franco Zeffirelli dirigió para Turandot de Puccini. La hemos podido ver hace pocos días en numerosos cines de todo el mundo. La puesta suma treinta años y diría que mantiene su vigencia y hasta que la ha acrecentado dada la experiencia que en la materia venimos acumulando, cuando no padeciendo, los aficionados. Se podrá decir “no me gusta” pero no negar su tremenda eficacia a poco que se acepte su propuesta.



Sorozábal vuelve a estrenar

Sorozábal vuelve a estrenar

Medio siglo debió esperar la última obra de Pablo Sorozábal para ser conocida en versión escénica el pasado viernes 5. Se trata de Juan José, un drama que don Pablo, a partir del texto de Joaquín Dicenta, quiso lírico y popular, es decir como todo su teatro. El de la Zarzuela resultó el indicado y nunca mejor dicho porque allí se cantó repetidamente toda su faena y allí siguen vagando sus taberneras de puerto y sus vendedoras de rosas.



Belleza y bondad

Belleza y bondad

Las relaciones entre la estética y la ética son peliagudas y complejas, a partir del principio de que el hombre es un ser —dígase un animal, si así se prefiere— naturalmente, inevitablemente ético, que cuanto hace tiene principios o resultados éticos.



El terrible cantor

El terrible cantor

Cuenta Isabel de Madariaga en su documentadísima y fluida biografía de Iván el Terrible que, acaso ya alcanzado por una incipiente locura, el zar había trasladado su corte particular fuera de Moscú, a Aleksandrovskaia Sloboda. Todos recordamos la idealizada secuencia que narra este desplazamiento en la película de Eisenstein con música de Prokofiev.



De la cabeza a los pies

De la cabeza a los pies

Soy de los que advierten siempre en la música de Tchaikovsky una suerte de honda convicción bailable. Más que una música para que bailen otros, una música para que ella misma baile consigo misma, en un espacio ideal y con la corporeidad que, si no ideal, es muy levemente real, pues consta apenas de una sonoridad pasajera. En sus sinfonías, caprichos, cuartetos, conciertos, siempre hay una marcha, un vals, una majestuosa polonesa, hasta un adagio con largos arcos melódicos que evocan el solo de una étoile del baile.



Verdad y realidad de la música

Verdad y realidad de la música

Cualquier melófilo es capaz de decir, con completa certeza, que la música es verdadera y real. Su realidad es inmediata porque es sonora, una tangible e indiscutible presencia vibrátil. Su verdad es la de cualquier experiencia poética: dice lo que dice y no hay más vueltas. Qué es lo que dice es lo de menos, porque no se puede ni se debe traducir, pero que es verdad tampoco se discute porque dice lo que es, lo que nos hace ser mientras la escuchamos. Estas incertidumbres tan categóricas se instalan en la polémica musical que agitó el siglo XX.



Cuando el cine empezó a sonar

Cuando el cine empezó a sonar

Varias generaciones de espectadores conciben hoy el cine como naturalmente sonoro y si a veces, por curiosidad, les toca ver un filme mudo, lo juzgan justamente eso, una curiosidad. No siempre fue así. En los comienzos del sonoro hubo grandes nombres como Charles Chaplin y René Clair que se manifestaron en contra de la sonorización. El crítico Siegfried Kracauer se preguntaba en 1930 cuándo el cine sonoro llegaría a ocupar su ensanchado y verdadero espacio.



De cabeza en la música

De cabeza en la música

La situación de los centros que en el cerebro controlan nuestra actividad musical ha sido objeto de acuciosos estudios, de los cuales me atrevo a rememorar los de Oliver Sacks, neurólogo y músico a la vez. De música sé alguna cosa y de neurología, nada. Por ello he leído con asombro las noticias acerca de operaciones quirúrgicas llevadas a cabo en California y Andalucía –concretamente, en Málaga– durante las cuales el intervenido, un músico, siguió tocando su instrumento.



Meloterapia

Meloterapia

El caso del pianista James Rhodes, autor del libro Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, corre el peligro de convertirse en un desdichado buen éxito, carne de banquetes mediáticos. En su texto, sometido al juicio de los tribunales para evitar/permitir que lo leyera un hijo suyo, menor de edad, Rhodes cuenta que fue violado repetidamente, entre sus seis y sus diez años, por un profesor de gimnasia.