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El Blog | Blas Matamoro




Madame Butterfly, una canción de protesta

Madame Butterfly, una canción de protesta

Tras la verdiana Traviata, la pucciniana Madame Butterfly puede ser leída rápidamente como el enésimo ejemplo que cierto teatro tradicional nos ofrece de la también tradicional y tópica imagen de la mujer. En efecto, tanto la Dama de las Camelias, triunfadora en los salones de París, como la frágil Cio-Cio-San, cantante callejera en los suburbios de Nagasaki, son el paradigma de la mujer que llega a ser sublime si se sacrifica a favor de un hombre y, más ampliamente, sometiéndose a la moral de una sociedad de dominante masculino.



¿Verismos?

¿Verismos?

Se suelen representar juntas Cavalleria rusticana de Mascagni e I pagliacci de Leoncavallo, como piezas fundamentales de la por entonces nueva escuela verista. La reforma del lenguaje operístico, con arias más breves, mayor extensión del canto recitado, evitación de conjuntos con voces superpuestas, es observable ya en estas obras que marcan estilo. Lo menos verista de ellas, sin embargo, es precisamente su verismo.



Música clásica

Música clásica

Esta denominación tópica y errónea me vino a la memoria leyendo un texto de Jorge Wagensberg, inteligente como siempre son los suyos (“La belleza en aforismos”, El País, 12 de marzo de 2016). En él observa que desde la más remota constancia de artesanía humana, aparece la simetría, aun en instrumentos donde no es necesaria sino apenas —nada menos— hermosa. Pareciera que nuestros antepasados conocieron la emoción estética y de ella aprendieron y aprendimos a encontrar bello el pensamiento y hermoso el bien.



Los niños y la música

Los niños y la música

Habitualmente entendemos por música para niños una música pueril, hecha por personas adultas que juegan a recuperar la perdida infancia como si no la hubieran tenido nunca. La historieta nos propuso hace décadas un personaje de este perfil, Don Fulgencio. Entonces: a los niños hay que darles unas musiquitas que los entretengan mientras sean niños y luego las olviden para entrar en posesión de la Gran Música.



Tableaux vivants

Tableaux vivants

El Metropolitan neoyorkino ha repuesto la escenificación que Franco Zeffirelli dirigió para Turandot de Puccini. La hemos podido ver hace pocos días en numerosos cines de todo el mundo. La puesta suma treinta años y diría que mantiene su vigencia y hasta que la ha acrecentado dada la experiencia que en la materia venimos acumulando, cuando no padeciendo, los aficionados. Se podrá decir “no me gusta” pero no negar su tremenda eficacia a poco que se acepte su propuesta.



Sorozábal vuelve a estrenar

Sorozábal vuelve a estrenar

Medio siglo debió esperar la última obra de Pablo Sorozábal para ser conocida en versión escénica el pasado viernes 5. Se trata de Juan José, un drama que don Pablo, a partir del texto de Joaquín Dicenta, quiso lírico y popular, es decir como todo su teatro. El de la Zarzuela resultó el indicado y nunca mejor dicho porque allí se cantó repetidamente toda su faena y allí siguen vagando sus taberneras de puerto y sus vendedoras de rosas.



Belleza y bondad

Belleza y bondad

Las relaciones entre la estética y la ética son peliagudas y complejas, a partir del principio de que el hombre es un ser —dígase un animal, si así se prefiere— naturalmente, inevitablemente ético, que cuanto hace tiene principios o resultados éticos.



El terrible cantor

El terrible cantor

Cuenta Isabel de Madariaga en su documentadísima y fluida biografía de Iván el Terrible que, acaso ya alcanzado por una incipiente locura, el zar había trasladado su corte particular fuera de Moscú, a Aleksandrovskaia Sloboda. Todos recordamos la idealizada secuencia que narra este desplazamiento en la película de Eisenstein con música de Prokofiev.



De la cabeza a los pies

De la cabeza a los pies

Soy de los que advierten siempre en la música de Tchaikovsky una suerte de honda convicción bailable. Más que una música para que bailen otros, una música para que ella misma baile consigo misma, en un espacio ideal y con la corporeidad que, si no ideal, es muy levemente real, pues consta apenas de una sonoridad pasajera. En sus sinfonías, caprichos, cuartetos, conciertos, siempre hay una marcha, un vals, una majestuosa polonesa, hasta un adagio con largos arcos melódicos que evocan el solo de una étoile del baile.



Verdad y realidad de la música

Verdad y realidad de la música

Cualquier melófilo es capaz de decir, con completa certeza, que la música es verdadera y real. Su realidad es inmediata porque es sonora, una tangible e indiscutible presencia vibrátil. Su verdad es la de cualquier experiencia poética: dice lo que dice y no hay más vueltas. Qué es lo que dice es lo de menos, porque no se puede ni se debe traducir, pero que es verdad tampoco se discute porque dice lo que es, lo que nos hace ser mientras la escuchamos. Estas incertidumbres tan categóricas se instalan en la polémica musical que agitó el siglo XX.